JOJO’S BIZARRE ADVENTURE. El jajejijoju.

Al fin. Uno de esos mangas convertido en leyenda debido a su prolongada ausencia en las librerías españolas ha desembarcado por fin en nuestras estanterías gracias a la editorial IVREA. Apenas se han editado tres tomos pero NECESITO hablaros sobre él.

Por Javier Marquina.

Os juro que iba a escribir de cualquier otra cosa. Lo que fuera. La lista de cosas leídas y por leer me permite seleccionar material entre un amplio abanico de tebeos que ensalzar o que denostar, según necesidades. Asumo que lo de Jojo’s no es ninguna novedad y hay cienes y cienes de reseñas a lo largo y ancho de la red hablando de la virtudes innumerables de este excelso y mastodóntico manga. Por ejemplo, los amigos, compañeros y hermanos de la fantástica web Zona Zhero ya han hablado de la obra magna de Hirohiko Araki mucho antes que yo (aquí y aquí), y la verdad es que pensaba que no era necesario volver a incidir en las innumerables virtudes de esta mezcla sicalíptica de shonen y seinen. Visto lo visto (y lo bien que lo hacen y lo mucho que los quiero) era suficiente con remitiros a los artículos antes citados para que tuvierais una visión global y certera del asunto.

PERO…

A veces se generan en nuestro interior necesidades incontrolables que debes exorcizar antes de verte devorado por ellas. Son pulsiones nacidas de las entrañas que van creciendo en tu interior, llenándote de un deseo inexcusable que te precipita hacia la ejecución de actos que no sabías que podías realizar. Empujan. Obligan. Sabes que quizá no son lo más acertado ni lo que más te conviene en ese momento, pero las haces de todas formas, a sabiendas de que si no calmas el prurito ardiente de ese deseo que te reconcome las tripas, le estarás dando vueltas de manera incansable durante días, semanas o meses. Esa es la razón por la que debo escribir sobre Jojo’s Bizarre Adventure. La comezón. La inquietud. El ansia. La vehemencia. La urgencia.

Eso y el exceso. El puro placer de saber que estás leyendo una bizarrada demencial y sin ningún sentido, tan desproporcionada y delirante como espectacular y desatada. El ingrediente secreto que te lleva a empezar una colección con treinta años de retraso sin la sensación de estar sometiéndote a una condena carcelaria. Magia. Simple, pura y deslumbrante magia. Las pajaritas, los sombreros de copa, los héroes planos, sosos y perfectos. Los malos malísimos, más malos que la quina, malos de ardor de estómago, colmillo afilado y plan maquiavélico de conquista mundial. El aporte gracioso del acompañante desdichado y los maestros en artes secretas y milenarias.  La acción como motor principal y destino de cada página, de cada viñeta. Vampiros, zombies, caballeros medievales, pirámides precolombinas, amor, tragedia, DRAMA…

El efecto Minipimer.

¿Hay algo que falte, que no se intuya, que no aparezca ya abocetado como introducción a una colosal saga mucho mayor? ¿Hay mejor manera de meterse de cabeza en un mundo macarra y hortera hasta el sangrado nasal, lleno de conversaciones casposas que te roban el alma en cada párrafo? ¿Hay algo más placentero que saber que ese puño desmesurado, atrofiado, hinchado por el gigantismo o la elefantiasis y que sale literalmente de la viñeta te da amor como lo haría el mismísimo Kirby? ¿Hay mejor elegía a tu pasión por el cómic que recordarte a cada paso a El Puño de la Estrella del Norte y tus primeros y dubitativos inicios en el manga? ¿Hay manera alguna de no saberse humano al dejarse subyugar por este dislate con el orgiástico placer que produce la diversión pura y el absurdo reconfortante? Yo diría que no. Que es imposible. Que no puede hacerse. Que una vez empieces, no vas a poder parar. Porque no apartas la mirada de un suceso planetario, aunque las consecuencias sean un puro cataclismo. No cierras los ojos ante la cegadora luz de la revelación definitiva. No vomitas al masticar el manjar gelatinoso y tibio que devuelve el misterio de la diversión a tu vida. No. No lo haces. Te quedas allí, plantado, esperando el impacto meteórico que hará cambiar para siempre el flujo ordenado de tu vida. Como un campeón. Como un valiente. Como un jodido Joestar.

Sé que queda lo mejor, pero a mí ya me ha ganado para los restos.

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Acerca de Javier Marquina 214 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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