JUDGE. El que esté libre de pecado…

Vuelve a La Isla Yoshiki Tonogai, repitiendo fórmula y repitiendo éxito. Si hay casi 20 ediciones de Gran Hermano, ¿por qué no va a haber tres de Tonogai?

Por Teresa Domingo.

 

Ya en nuestra reseña sobre Doubt, decíamos (bueno, en concreto, lo decía yo): “Si esta misma editorial u otra se anima, en 2010 Yoshiki Tonogai creó Judge, otra historia de media extensión, de la misma temática y estilo que ésta y que también nos gustaría tener”. Pues bien, ya está aquí. Nuestras plegarias han sido escuchadas y los sabios editores de Ivrea han decidido continuar lo que empezaron hace algo más de año y medio.

La segunda parte de la trilogía de terror y misterio que ha construido Tonogai sigue los pasos de su predecesora en cuanto a planteamiento se refiere. Volvemos a visitar los mismos escenarios sobrios, solitarios y sombríos, llenos de recovecos y puertas cerradas, tras las que irán descubriendo secretos y ampliando el espacio del que huir. Y, del mismo modo que lo hace el espacio donde se desarrolla, la historia se va expandiendo y abriendo pequeñas tramas (y trampas) que derivan en absoluta desconfianza hacia todo y hacia todos.

En esta ocasión los siete pecados capitales son el hilo que une a los diez protagonistas. El pecado es la razón por la que encontramos a un grupo de personas, totalmente dispares, encerradas en unas lúgubres mazmorras con unas misteriosas (a la par que adorables) máscaras de animales puestas en la cabeza. Pronto descubrirán que sólo cuatro de ellos acabarán el juego. Cada doce horas se deberán someter a un juicio en el que los jueces serán ellos mismos y tendrán que elegir, según su criterio personal, quién ha cometido un pecado más grave que el suyo y, por lo tanto, debe morir. De entrada sólo conocemos el pecado de protagonista, Hiroyuki Sakurai, pero conforme el guión avanza y descubrimos qué hay tras las distintas puertas, nos adentramos en un relato truculento lleno de misterio con una gran incógnita en el aire: quién y por qué quiere ver a este grupo de fracasados decidir, por mayoría, cuál de todos será el siguiente en morir.

Los involucrados en este nuevo juego podrían ser perfectamente los mismos que los de la entrega anterior. Además del diseño en sí, de líneas definidas y rostros recurrentes, volvemos a encontrarnos con personajes estereotipados que ahorran parte del desarrollo que precisan para entender la personalidad de cada uno y lo que les motiva a decidir una u otra cosa. El dibujo de Tonogai favorece que pueda entrar directamente al trapo y moverlos de un lado a otro, jugando al despiste con el lector que cae en una trampa tras otra, intentando averiguar el resultado final.

Juegos macabros en los que hay que tomar decisiones que implican matar a otros para salvar tu culo, cintas de vídeo que te indican los pasos a seguir si no quieres morirte, un (o una) perturbado que ha ideado un retorcido y despiadado plan y lo está siguiendo muy de cerca… Efectivamente, sólo falta que aparezca Jigsaw pedaleando en un triciclo. El alma de Saw, con unos toques de Seven, es lo que insufla vida, tanto a este como al anterior manga, pero que, al igual que la saga cinematográfica, consigue estirar el chicle con una secuela tremendamente digna.

Ivrea ha seguido el ejemplo del mangaka y repite el diseño de portada, contraportada e interiores que se usaron para Doubt, así como el arranque de cada tomo, que incluye esas deliciosas y siniestras imágenes a color de animalitos kawai sangrientos. Encantadores protagonistas de escenas dantescas y desparrames de vísceras varios que encarnan los siete pecados capitales y que nos explican y ambientan la situación de la que venimos.

Y yo no iba a ser menos. Como en la otra reseña surtió efecto y, a la vista está que a Yoshiki Tonogai le funciona, vamos allá de nuevo: Si esta misma editorial u otra se anima, Tonogai cerró esta trilogía en 2013 con Secret. Una historia un poco más corta que sus hermanas pero no menos intrigante. Por pedir que no quede, nos gustaría tener la serie completa.

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Si es creepy, es para mí.

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