Jupiter’s Legacy: Tomo Uno

Mark Millar vuelve a jugar con los superhéroes y la metatextualidad.
Por Chema Mansilla

Hablar de metatextualidad siempre suena muy grandilocuente, pero cuando hablamos de cómics de Mark Millar protagonizados por superhéroes, la grandilocuencia se asume con naturalidad. Millar y Quitely vuelven a formar equipo para contarnos una historia familiar centrada en los héroes más poderosos de este universo personal creado por Millar para la ocasión. Jupiter´s Legacy nos habla de la adaptación del ideal heroico de la edad dorada del cómic norteamericano a la realidad social y política actual, en forma de drama familiar. Como os decía, metatextualidad y grandilocuencia.

Millar toma referentes muy evidentes, como Superman, un icono que conoce a la perfección, y trata de ver cómo ese ideal de la cuatricromía encaja en el contexto histórico actual. De hecho, se centra más en esas partes de la pieza del personaje que no encajan con el resto del puzzle que forma nuestra realidad. Como respuesta a esas partes inserta dos ejes sobre los que gira la trama. Un hermano, también héroe en pijama, realista y práctico que tal vez sea la plasmación más evidente de la idea del intervencionismo fáctico del ideal de superhéroe que tanto daño ha hecho a este tipo de cómics para los no aficionado. Por otro lado tenemos al hijo de este remedo de Superman, un desencantado personaje hundido bajo el peso del legado de la generación precedente que busca su propio espacio en esta mitología.

A pesar de que a nivel narrativo este contrapunto del status quo establecido por Millar para su historia supone un fuerte debilitamiento del pulso narrativo, el contraste no deja de tener cierto interés. Es cierto que estos dos importantes personajes parecen mucho menos sólidos que el icónico superhombre ideal. Pero recordemos que este parte de Superman y debido a ello tiene mucho terreno ganado a la hora de ser cristalizado en este tipo de historias. El interés viene en que más de un lector seguramente encontrará un nivel de significado más en las relaciones de los personajes y su comportamiento en la historia. Millar no sólo parece estar hablando sobre cómo la industria del cómic está tratando de adaptarse, en general, al paso del tiempo y las realidades sociales. Creo firmemente que Millar está tratando de personificar, aquí y allí, con detalles, qué papel están jugando en ello DC, Marvel e Image.

La lectura, desde este punto de vista, resulta mucho más interesante que la simple lectura convencional. Y eso que como mero entretenimiento en viñetas cumple como uno de los mejores trabajos de Millar. Pero de nuevo hay que reconocer que si el referente de Superman como icono cultural es evidente, también lo son los ecos a otros trabajos imprescindibles que también han tratado estos temas, desde Frank Miller a Warren Ellis. Incluso a trabajos anteriores de Millar como All Star Superman y The Ultimates.

Esta interesante historia termina de cuajar como una lectura casi obligatoria en este momento gracias al trabajo de Frank Quitely, un artista al que en esta isla se le tiene auténtica devoción y que una vez más demuestra que es uno de los mejores talentos de la industria. No sólo es resolutivo e imaginativo, se adapta a todo lo que el guionista le ponga por delante y siempre cumple con creces a nivel narrativo y plástico. Sin ser uno de esos dibujantes de “arte bonito” es uno de los mejores artistas que ha conocido esta industria.

A pesar de recomendaros a todos esta lectura, reconozco que Millar flaquea en algunos momentos, con una perspectiva que por momentos resulta algo caduca, más cercana a las ideas de alguien que en su momento escuchaba a Nirvana que al de alguien que escuche lo que sea que escuche hoy en día la chavalada. De ahí que tal vez los lectores más jóvenes no puedan exprimir de primeras todo el jugo que Millar le ha metido a esta obra, en algunos momentos de manera algo forzada. En cualquier caso, un cómic que hay que leer, y seguramente, releer.

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