Jurassic World – Dinosaurios metatextuales

Yo tampoco quería ver esta película, pero resulta que está bastante bien
Por Chema Mansilla

Jurassic-World

Sería cosa del calor, que no invita a salir de casa a pasear por esa parrilla que son en verano las calles de Madrid. O tal vez será que el material promocional de la película produce una pereza absoluta. Aunque seguramente fuera el hecho de saber que ninguna secuela de esa obra maestra que es Parque Jurásico conseguirá ser que un triste accesorio con la única finalidad de hacer caja.

Yo pensaba que Jurassic World iba a ser una mierda una mala película, pero lo diré ya: me ha gustado. Que sí, que adolece de las mismas flaquezas de la mayoría de blockbuster veraniegos. Pero yo no puedo resistirme ni a los dinosaurios ni a la banda sonora de Williams, que me sigue emocionando de una manera sincera y primaria.

El caso es que la premisa me parecía que era un insulto, franquiciado, a todo lo que representa espiritualmente la primera película. A mi eso de “dinosaurios genéticamente mejorados” me echaba para atrás cosa mala. ¿Qué os puedo decir? Creo que el personaje de Ian Malcolm no es que sea difícilmente insuperable a nivel de carisma y personalidad, es que además dice todo lo que se puede decir sobre el transfondo del argumento en la película de 1993. Y por si acaso lo repitió en El Mundo Perdido. Así que lo de rizar el rizo con un súperdinosaurio me parecía tan gratuito como poco original. A parte del hecho de que un dinosaurio que ya no es un dinosaurio hace que la película pase de Parque Jurásico a Godzilla a nivel genético y espiritual.

Mi sorpresa fue que la película iba precisamente de eso. Y ha sido una sorpresa agradable y meta. Porque el sustituto del carismático (¿es que en 1993, menos los críos pegajosos, todo el mundo era carismático?) Hammond lo explica muy bien al poco de empezar la película: todos queremos más. El público se aburre y cada año pide más, que todo sea más grande, más emocionante y más espectacular. En el caso de Parque Jurásico, dentro y fuera de la película, supone dinosaurios nunca vistos, más feroces y con más dientes. Y claro, cuando esos dinosaurios no existen, te los inventas. Y como pocas cosas pueden molar más que el T-Rex de la primera película, pues habrá que inventarse algo. Insisto, eso vale para dentro y para fuera de la película.

De propina Jurassic World apela apela al niño de 12 años interior del espectador. Si ya tienes 12 años, felicidades, porque con esta película vas a pasarlo estupendamente: no tendrá el alma de la película original, pero es espectacular y divertida. Pero si ya peinas canas, en Jurassic World vas a reencontrarte con tu yo imberbe. Esta película supone todo un homenaje a aquella Parque Jurásico, en la que Colin Trevorrow (un director sin demasiada filmografía al que le ha tocado este trabajo mercenario) se excusa señalando lo evidente: la peli de Spielberg ya era casi perfecta. Su sinceridad le honra, y revaloriza un trabajo que tampoco está nada mal y que desde luego, le da mil vueltas en cuestión de ritmo y puesta en escena a Bay, Snyder y otros reyes del AWESOMENESS cinematográfico. Jurassic World se sienta contigo en el cine y te dice “¿Recuerdas lo mucho que te gustó la primera peli? Yo también”. Y ahí vuelve a ser “meta” y a jugar con tus recuerdos y emociones infantiles.

Evidentemente, dentro de metáfora de “todo más grande”, también cuela algún momento de esos visualmente apabullantes, como el triple combo de la escena final (tranquilos que no daré más detalle), que si se piensan durante más de un segundo son de puro sonrojo. Y sí, los dos chavalines protagonistas, el “llorica” y el “empanado”, son de mandarlos al campamento de verano y dejarles allí olvidados para siempre. Bryce Dallas Howard sale en la película sólo porque tiene las tetas gordas. Y el bueno de Chris Pratt consigue hacer lo imposible: un papel protagonista en el que transmite un 0% de carisma. Sospecho que una tarde pasaba casualmente por delante de los Estudios Universal y alguien agazapado desde una esquina le dijo: “Psss… ¿Quieres un millón de Dólares?”.

Pero a pesar de eso, la peli funciona. Los chistes son graciosos. Las persecuciones son emocionantes. Los efectos están bien hechos. Los dinosaurios son chulos. La peli mola. Y oye, que por 10 euros que vale la entrada, la peli la disfrutas tú y tu tú de 12 años.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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