King City. Ojo. Cráneo. Trueno.

Soy incapaz de definir este cómic. Incapaz de situarlo en alguna esfera cercana. Incapaz de no caer totalmente rendido a sus pies.

Por Javier Marquina.

 

 

Hace apenas tres meses el nombre de Brandon Graham no me decía absolutamente nada. Lo había visto pulular como guionista de Prophet, pero reconozco que las reminiscencias de anteriores etapas protagonizadas por el personaje creado por el inefable Rob! no me invitaban a leer ninguno de los actuales números de la colección. Ya conocéis el dogma: alejaos de todo lo que Rob! toca…
 
Luego, el clamor popular y las continuas referencias favorables a la labor de este guionista al frente de la citada serie de Image me hicieron girar la vista y detenerme un segundo, entre intrigado y ávido de información, buscando llenar una vez más ese agujerito en el alma que ya sabéis me produce la falta de estrellas o el declive imparable de estas.

Por azares del karma. Así es como descubro King City.

Y no sólo eso. También descubro que la serie estaba traducida al español y ya había sido publicada en dos tomitos por la editorial DeBols!llo, el segundo de muy reciente aparición. Double win!
 
Por si fuera poco y puestos ya a descubrir, compruebo con sorpresa que Brandon Graham es un artista total, y que no sólo guioniza, sino que también dibuja y entinta, siguiendo así la estela de alguno de mis más venerados creadores. Su trazo es fino, limpio, curvilíneo y suave y abarrota las páginas de detalles en los que perder horas, siguiendo un estilo Ibañez, cyberpunk y surreal. La cosa, desde luego, promete. Una vez adquiridos los dos ejemplares, me siento en mi sofá enfundado en mi batamanta y me dispongo a ejercer el olvidado placer de la lectura.
 
Desparramado en mi sofá, vestido de forma impropia, bebiendo una refresco light. Es de esta forma tan poco elevada como de repente y por sorpresa, Graham consigue que me estalle el cerebro y me deja alucinado y balbuceante, anonadado, patidifuso, atónito, turulato.
 
Lovecraft y las sombras alargadas.

 

No sé que decir de King City. King City es una historia que no es historia. Un cuento inclasificable que no cuenta nada y lo cuenta todo. King City es una paranoia absoluta, un sinsentido, un entretenimiento entre lo sutil, lo obsceno, lo absurdo y lo genial. Un tebeo de momentos de belleza completa, de múltiples hallazgos, creador de nuevos lenguajes, desasosegante, tranquilizador, abyecto, sublime.
 
King City parece lo que cada uno quiere que sea, pero sólo es lo que su creador pretende que sea. Un cómic de ciencia ficción, de amor, de amistad, de artes marciales, de extraterrestres, de zombies, de demonios, de criaturas con múltiples tentáculos. Un cómic de gatos omnipotentes y de humanos que buscan lo que todos los humanos: no estar siempre solos. 

King City es ojo. Y cráneo. Y trueno.
 
King Cityes un cómic que me ha descubierto a un nuevo talento a seguir. Algunos incluso dicen que nos encontramos ante el nuevo Moebius. Para mí Brandon Grahames un tipo que cuenta lo que le da la gana y lo hace exactamente como quiere. Alguien que parece gozar de libertad creativa total, y además triunfa ejerciéndola. Ni más ni menos. En los tiempos que corren, yo diría que eso es más que suficiente.
 
Visto lo visto, lo único que puedo decir es que ahora me muero de ganas por hincarle el diente a Prophet.
 
¡¡¡Te toca!!!

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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