LA BÚSQUEDA EN SUEÑOS DE LA IGNOTA KADATH.

I.N.J. Culbard le ha cogido el gusto a esto de adaptar grandes clásicos de la literatura y se ha atrevido con el Gran Relato sobre ciudades de otro plano de H.P. Lovecraft.

Por Teresa Domingo.

En la literatura clásica existen libros infumables, ya sea por su extensión o por la complejidad de su significado que, de no ser por los cómics, algunos no hubiéramos podido terminar. No es la primera vez que sale a relucir El Quijote de Ediciones Naranco, gracias al que muchos pudimos dejar de lado la extensísima obra de Cervantes y conocer, sin secuelas, las andanzas completas del ilustre hidalgo de La Mancha. Pues bien, hace bastante tiempo que dejé inacabado La Búsqueda en sueños de la ignota Kadath y otras historias de Randoplh Carter el relato más extenso H. P. Lovecraft  y que supone la cuarta entrega de lo que se conoce como El Ciclo Onírico de Lovecraft. 

Aquí también se narran las aventuras de un caballero andante, aunque anticuario y de Nueva Inglaterra en este caso, que vaga entre la realidad y el sueño. La ventaja con la que cuenta Carter es que él y un par de amigos parecen saber cómo entrar y salir de este mundo onírico para buscar la ciudad dorada de Kadath en la que está convencido que debe vivir para siempre. Así que Randoplh Carter realiza una especie de viaje astral mediante el que se adentra en un mundo de fantasía y magia ancestral y en el que el mal acecha tras cada rincón.

Al igual que el Quijote, aunque ni mucho menos tiene su extensión, La Búsqueda en sueños de la ignota Kadath no es un relato sencillo, fuído, ni ameno y reconozco que, si no es por esta versión tan visual de Culbard, no hubiera vuelto a interesarme lo más mínimo. El trabajo que ha realizado, tanto en la adaptación del texto como en la ilustración del mismo, encierra toda la esencia del autor de Providence y en él se encuentran referencias a muchas obras anteriores como pueden ser Los gatos de Ulthar, Celephais o El modelo de Pickman.

Además aparecen personajes míticos que suelen hacer acto de presencia en otros relatos como el gran Nyarlathotep, también conocido como el Caos Reptante aka el poderoso Mensajero de los dioses aka el Dios de las mil caras, o Nodens, el dios de dioses celta, amén de un montón de criaturas que pueblan las pesadillas lovecraftianas como gules, shantaks y noctívagos, entre otros. Por desgracia para nuestro deleite visual Cthulhu no tiene cabida en esta historia.

Como si pretendiera conectar muchas de sus tramas y hacerlas confluir en una sola, Lovecraft unifica todas esas ciudades de habitantes terroríficos, que se ocultan entre el sueño y la vigilia de diversas novelas, y las proyecta en un solo mundo que Culbard hace visible de forma y estilo impecable. Entre los dos consiguen atraparnos y obligarnos a acompañar a Randolph Carter en su viaje lisérgico a través de este mundo de terrorífica fantasía. Y aunque el final de La Búsqueda en sueños de la ignota Kadath es un poco flojo para lo que el terror nos tiene acostumbrados, sabe concluir, de forma satisfactoria, el magistral despliegue narrativo que implican los sueños dentro de sueños y la idea de los sueños compartidos.

No en vano se califica a esta obra como el trabajo más dunsaniano del genio de las sombras, y es que el terror cósmico, tanto de Lord Dunsay como de Robert Chambert (también adaptado a novela gráfica por Culbard e inspiración de la aclamada primera temporada de True Detective), se pasea a sus anchas por este fantástico relato de visiones oníricas y dioses aterradores a los que no les gustan los intrusos y que Norma Editorial ha tenido a bien publicar en nuestro país.

Culbard ha sabido captar y plasmar conceptos complicados con un estilo cartoon que los simplifica. Haciendo gala de su experiencia en animación y producción audiovisual, así como de su evidente influencia del manga, consigue agilizar y hacer fluir el relato de una forma que no ocurre en su versión escrita, haciendo que las idas y venidas sean mucho más entendibles.

Elementos, lugares  y criaturas oníricas que se mezclan en un mundo intemporal único, bajo un prisma cósmico que sólo Howard Phillips Lovecraft fue capaz de crear y que sólo un genio como Ian Culbard ha tenido bemoles de adaptar.

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Si es creepy, es para mí.

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