LA CIUDAD MÁS FRÍA. La gran farsa.

En vísperas de que se estrene la película de Atomic Blonde, hacemos un repaso por la obra que sirvió de inspiración para su guionización: La Ciudad Más Fría.

Por Joe Runner.

Vivimos tiempos raros. Tiende a pensarse que el ser humano tiene un gran aguante ante las situaciones injustas, pero siempre hay un punto en el que la cuerda se tensa lo suficiente como para que todo termine en algún tipo de revolución por parte del estrato más bajo de la sociedad en la que llevamos viviendo los últimos 6000 años. Sin necesidad de esfuerzo todos podemos pensar en algún alzamiento civil en contra de alguna situación extrema en la que el pueblo llano no soportó más cerdadas de sus caciques y se revelaron. Es nuestra naturaleza. Aguantar, comer mierda, seguir aguantando, alguna que otra cucharadita más de mierda y, al final, terminamos explotando. Somos animales, nos guste o no. Mamíferos estúpidos que en algún momento de la historia se separaron de sus primos los simios para creerse superior al resto de la Naturaleza. Y todo eso, ¿para qué? Para terminar siendo hijos de una sociedad en la que los poderosos siguen en el mismo lugar, en el que las multinacionales y los medios de comunicación nos manipulan y donde intentamos excusar a estrellas deportivas de dudosa moral antes de ayudar a nuestro vecino que se muere de hambre. Aunque esto no es nada nuevo…

Quizás todo esto sea debido a aquello que llaman la sobrecarga informativa que padecemos actualmente. Es gracioso como todos somos capaces de reconocer una cantidad ingente de presidentes norteamericanos, pero no podamos hablar de políticos o sistemas sociales en la España anterior al dictador Francisco Franco. Es vergonzoso que en una época en la que tenemos la información a nuestro alcance prefiramos esputar opiniones catetas sobre cosas baladí, olvidándonos de temas reales y sin contrastar con la Historia. Por desgracia, la única manera que encontramos de sentirnos orgullosos como raza (Homo Sapiens Sapiens) es mirando al pasado y recordar que alguna vez tuvimos inteligencia, orgullo y ganas de evolucionar como personas. Como ejemplo tenemos al escenario de la obra que reseñamos hoy, en el que el pueblo se cansó de tener que pasar una frontera impuesta por los vencedores de una guerra para poder ver sus seres queridos, por lo que dejaron de lado sus temores y resentimientos y se unieron para derribar esta nueva frontera humana…

La historia de La Ciudad Más Fría nos transporta a los días anteriores a la caída del muro de Berlín, en un pueblo que ya se había cansado de vivir castigado por los errores cometidos en el pasado, intentando pasar página de una lacra tan duradera como cruel. Obviamente esta división del país germano beneficiaba a una larga lista de países encabezada por Gran Bretaña, USA, Francia o Rusia, que luchaban entre ellos en las sombras para hacerse con el trozo de pastel más grande de los restos que quedaron tras la Segunda Guerra Mundial. Nuestra protagonista, Lorraine Broughton, es una espía británica que trabaja para el MI6 y es enviada a Berlín a investigar la muerte de uno de los dos espías que la corona inglesa tiene afincados allí. Supuestamente, el compañero de BER-1, llamado en realidad David Perceval, fue asesinado al intentar trasportar una información por parte de SPYGLASS en la que se reflejaba el nombre de cada uno de los miembros del equipo británico, la KGB, la CIA y un largo etcétera que se encontraba en ese momento operativo en la capital alemana. Su llegada no será fácil, pues el país es un hervidero cansado de ser la mesa de ajedrez de la Guerra Fría entre soviéticos y americanos. Y mucho menos si eres una mujer y extranjera en aquella época. Así que toca sobrevivir como sea.

Y eso es en realidad todo lo que sucede. De hecho todo empieza con nuestra protagonista siendo interrogada por el MI6 para que les explique qué narices ha sucedido en Berlín y cómo ha sido que todos han terminado muertos. El guión que plantea Antony Johnston es puramente político y con un corte altamente contemplativo, usando el tema del espionaje de una forma muy estática y altamente realista. La cantidad de tecnicismos de la época sobre grupos especializados en el contraespionaje o personajes políticos está a la orden del día, haciendo del texto el auténtico protagonista de la obra. Si os acercasteis a este cómic porque el autor de Wasteland era su escritor, no vais a encontrar nada que se le parezca lo más mínimo. La acción está en muy pequeñas dosis y nunca es por parte de Lorraine, dejando claro que quiere ser lo más fidedigno a la realidad de la época y la situación que se vivía por aquel entonces. Para los que gustamos de la temática de espionaje clásico, consigue ganar enteros con el final de la obra, pero se hace muy cansina y lenta para tratarse de una novela gráfica. Pero insisto, no se trata de un mal cómic al fin y al cabo, con un toque muy sobrio y coherente de la época sobre la que narra.

Antes he dicho que todo el protagonismo se lo llevaba la narración y es un hecho que se hace patente con el arte de Sam Hart. El artista tiene un dibujo sobrio, sencillo y simple, en el que no intenta desviarte del tema principal, que viene siendo la parrafada anterior. Sinceramente, creo que el artista británico lo hace adrede, no añadiendo colores al cómic y jugando con las luces y las sombras naturales del trasfondo de la trama. Y me baso en trabajos anteriores suyos para pensar que intentaban que el lector se centre totalmente en la historia. No me parece un acierto total, ya que podría haber usado algún que otro color primario para darle un toque más noir a la obra, aunque eso desvirtuaría la intención principal de Johnston. Sea como fuere, hace un trabajo cumplidor y estable, que imagino era su misión principal.

Porque, señoras y señores, la película de Atomic Blonde va a distar mucho de todo lo que se presenta en este cómic. Aquí no hay sexo lésbico, acción por parte de la protagonista, ni ninguna femme fatale que se encargue de ser la nueva reencarnación de James Bond femenina. Me atrevería a decir que va a ser uno de los pocos productos sacado de un medio ajeno al cine que va a mejorar a la historia versionada. Tengo muchas esperanzas puestas en la nueva película de Charlize Theron y, pese a que la obra original no me parezca mala, está un poco lejos de ser interesante para la mayoría del público consumidor de cómics. Pero bueno, para gustos, colores.

En resumidas cuentas, La Ciudad Más Fría es un tebeo centrado a un público muy específico, que guste más del espionaje real, el que es más lento y estático que una ceremonia del té bien hecha. Por suerte para los que gustamos de este tipo de historias, Planeta lo está editando en nuestro país y podemos acercarnos a esta rara avis del noveno arte sin necesidad de ir a morir a la versión americana. Y es que nunca está mal recordar que siempre nos hemos levantado ante situaciones injustas, aunque luego todo termine sucediendo una y otra vez, como si del día de la marmota se tratara. Al fin y al cabo, no dejamos de ser animales estúpidos…

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