La Ternura de las Piedras: La eternidad de una buena historia

Muchas veces, hablando con colegas sobre el mundo del cómic llegamos a soltar afirmaciones que suenan tal que así. ¡Buf, tío, es que esto es inabarcable!, dice uno. Me jode porque no puedo llegar a todo lo que me gustaría, dice otra. Es que, la verdad, las editoriales se pasan editando tanta cantidad de obras, concluye el de más allá. Yo, en esa tesitura siempre respondo lo mismo. Contesto que lo mejor que le puede pasar a la cultura y al arte, es que estos sean inabarcables.

Por Ramonet Daví.

Cuando aceptamos y entendemos esta inabarcabilidad, siempre de los ‘siempres’ nos quedaran cosas en el tintero y obras por descubrir, porque de ese modo la ‘novedad’, que muchas veces es la que mueve el mercado del tebeo, se vuelve más efímera de lo que ya es. Y solo entonces os sucederá lo que me sucedió hace pocos días. Que me tropiezo con esta obra de Marion Fayolle, cómic con el que por lo que fuere en su día no vi en el lineal de novedades. Me llama la atención, me lo llevo a casa, lo leo y descubro que es una de las mejores obras que he tenido nunca entre manos y exclamo un ¿¡como no me enteré yo de esto cuando salió!?, para responderme inmediatamente un, ¡y que más da!, pues lo bueno del arte es precisamente ese descubrirlo cuando menos te lo esperas. El contenido de esas páginas no es estacionario, sino que es eterno. Y así es como debe ser el mundo del cómic. Inabarcable y eterno.

 

 

Mi historia de amor con ‘La ternura de las piedras’, obra de la francesa Marion Fayolle, es corta. Corta porque en verdad me lo leí de seguido, ya que no es un tebeo extenso. Corta porque tampoco es que contenga grandes cantidades de texto, hecho que acelera su lectura. Y corta porque no puedes dejar de leer en ningún momento, hecho que también hace inevitable su fin.

Mi historia de amor es también intensa y duradera. Intensa durante su lectura y duradera en el tiempo. Este es un tebeo que perdura en tu consciente los primeros días después de leerlo y como el cerebro humano es muy inteligente, lo manda en un segundo estadio a tu subconsciente, para que en cualquier momento puedas volver a él.

La mente siempre tiene unos 5 nombres de referencia en lo que a gustos se refiere. Bien, pues esta maravillosa representación casi onírica sobre lo que significó para su autora el deterioro físico y mental de su padre, durante una enfermedad, está entre esos 5 cómics que siempre recomendaré cuando tenga ocasión.

 

Sufrir en primera, segunda o tercera persona la enfermedad de un ser querido es de las peores experiencias vitales que uno puede experimentar, pero no se quien dijo un día: ‘coge tu dolor y transfórmalo en arte’ y eso, queridos isleños, es lo que hizo esta autora francesa en esta metáfora ilustrada sobre el sufrimiento, el dolor, la pérdida y por supuesto, la ternura.

Poco se pueden acercar mis palabras a describir con exactitud la experiencia lectora que contiene este tomo editado en tapa dura por Nórdica Cómic. La inteligencia de su creadora al escoger esta forma de contar un drama personal, es infinita. De la primera a la última página juega con la metáfora visual y con una estructura narrativa muy parecida a un cuento. Un sinfín de representaciones simbólicas del desconsuelo familiar, espectadores impotentes ante el inminente desenlace de la historia.

Una forma diferente de hablar sobre una situación que nadie quiere vivir, pues a parte de dejar entrever el dolor que sufre el padre, sobretodo nos describe como lo sufre su entorno familiar, que según iremos descubriendo, no tenían precisamente una grata relación con este.

El estilo gráfico de la obra es otro de sus puntos fuertes. Con una composición de página muy cuidada, los lápices de colores y el trazo sintético y minimalista casan a la perfección con el tono de la obra. La iconicidad gráfica de los elementos que escoge son suficientemente poderosos para no tener que apoyarse en artificios de dibujo. El lector, es en ese momento cómplice total de los sentimientos que la autora nos quiere transmitir, sin descubrir mares de lagrimas o realismos innecesarios. El poder del simbolismo mimetiza al lector con la autora, y ahí reside la grandiosidad de esta obra.

Estamos ante una obra que te enamora en su apartado gráfico, narrativo y conceptual. Estamos ante una autora que te enamora por su inteligencia y su ternura.

Una obra y una autora, que como os contaba al principio, son trascendentes a espacio y tiempo.

Una obra y una autora que son eternas.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*