LA LEYENDA DE JAY-TROI. EL INMORTAL. Yo no quería pero…

Palabrita del niño Jesús. En La Isla no somos malas personas, sólo que a veces escribimos lo que pensamos y, claro, así nos va.

Por Javier Marquina.

-O mejor será que continúe yo solo. ¿Conocéis, anciano, la hermosa Balada del Inmortal? Dice así:
“El jinete halló la negra figura
en mitad del último camino.
Detente, ordenó la siniestra sombra.
Aparta, replicó el jinete.
Insensato, aulló la negra figura,
desconoces quién te enfrenta,
que bajo estas negras ropas
la misma muerte se esconde,
la muerte terrible y única,
límite y fin de todo lo creado.
El jinete descubrió su rostro
y con firme y terrible voz dijo:
Ante ti se halla Jay-Troi.
Y la muerte huyó despavorida.”
La Leyenda de Jay-Troi. El Inmortal.
Daniel Menéndez Cuervo.

Está claro que no soy nadie. Que lo que pienso y escribo en esta web, que poco a poco se está haciendo un minúsculo hueco en la agenda digital de algunas personas, no tiene trascendencia. Que mi opinión es tan válida como la de cualquiera, y por eso mismo tan discutible como la de todos. Quiero que esto quede claro por lo que voy a hacer a continuación es algo que  puede ser discutido. Puede ser incluso discutible. Pero es lo que pienso, y por ello tiene el valor justo e intrascendente de los criterios personales.

Criticar, habitualmente, viene relacionado de forma directa con la crueldad. Cuando lo que haces no es ensalzar la obra que acabas de leer, de manera casi inevitable acabas siendo despiadado, más por la decepción o por el tiempo invertido y que sientes como desaprovechado, que por una animadversión hacia un autor que ni siquiera conoces. Es esta sensación de estar siendo un perfecto hijo de puta con el producto que otro ser humano ha creado con buena voluntad y ánimo de entretener la que hace que a veces nos cueste dormir por la noche. Si además, el objeto de tu aséptico odio y de tus viperinas lanzas es un libro que te ha hecho llegar directamente el autor, un autor que, para aumentar la empatía, se ha visto obligado a autoeditarse digitalmente debido a la quiebra de la editorial que publicó su libro en primera instancia, la sensación que te lleva a sentirte peor que un genocida de bebes de foca ártica aumenta.

Pero es que, a veces, es inevitable. A veces, queridos lectores, hay obras que son una mierda.

Siento ser tan directo y expresarme en términos tan burdos y maleducados, pero el español es una lengua rica en cuyo diccionario oficial se admiten términos groseros. Estos términos, además de ser usados con frecuencia inusitada por los hablantes ordinarios de la lengua, tienen un poder inapelable de descripción, de concreción y de expresividad. No son los más educados y a menudo te garantizan el desprecio de los aficionados a los cultismos que te leen, pero a veces son inevitables cuando describen con plena exactitud y certeza aquello que estas reseñando.

Lo siento, pero es así.

‘La Leyenda de Jay-Troi el Inmortal’ es un mal libro, porque todo lo que puede decirse de él es negativo. Aburrido, letalmente aburrido. Lleno de personajes planos, de argumento manido e insustancial, plagado de diálogos que algún censor de la dictadura de Franco habría mirado con aprobación. Un libro que por sí sólo podría hundir una editorial, si no fuera porque a menudo los productos que triunfan y arrasan en el mercado son bazofia del tamaño de ‘50 sombras de Grey’. No he tenido la desgracia de leer los libros de masoquismo cutre para señoras aburridas de sus maridos ya calvos, así que no puedo comparar ni trazar paralelismos. Lo que sí he leído es mucha literatura de fantasía heroica y creo que esa sensación común de estar leyendo siempre lo mismo, debe ser combatida con aportaciones decisivas al género. Narrar con el lenguaje engolado que tan bien le funcionó a otros autores, es peligroso cuando lo que estas contando es tan interesante como un curso online de calceta. Llenar 530 páginas de batallas que se ganan siempre de igual forma, alumbrar malvados aquejados de algún tipo de carencia cerebral, dar a tu protagonista tanta profundidad como a un concursante de Gran Hermano y crear a uno de los personajes más antipáticos, despreciables, odiosos, estúpidos y repetitivos de la historia, no deberían ser tus credenciales ni los pies sobre los que vas a apoyar tu banco. Ya que vas a hacer otra vez lo mismo, al menos hazlo de forma distinta. No quería citar al señor Martin y su inacabada e inacabable novela-río, pero es una referencia inevitable cuando piensas en la misma historia de siempre contada de manera siempre diferente.

‘La Leyenda de Jay-Troi el Inmortal’ es un mal libro porque leerlo fue como un camino plagado de obstáculos. Un suplicio por el que avanzar era pantanoso, imposible. Cada página un cenagal de ese idioma arcaico e impostado que hay que ser muy bueno para dominar con acierto. Lo que yo le pido a los libros es, sobre todo, que me entretengan. Sé que al leer novelas de ‘La Herejía de Horus’ (por citar un ejemplo de literatura rápida para consumo instantáneo) no estoy leyendo una obra que pueda ser nominada a un premio Pulitzer. Por eso, lo que el lector debe exigirle a esta mal llamada literatura menor es, en primera instancia, que sea entretenida. El aburrimiento es el mayor pecado en el que un autor puede caer cuando está hablando de mundos imaginarios, señores rubios con espadas y batallas a caballo en planicies de hierba reseca. Aburrir no debería estar permitido, debería estar penado, debería ser incompatible con la publicación. Para aburrir ya tenemos los libros de derecho, los tratados de economía y la filosofía de Kant.

Siento de verdad que este libro me haya parecido tan malo, que no me haya gustado en absoluto. Y lo siento precisamente porque puedo entender a un autor que se lanza con ilusión al ruedo con su obra bajo el brazo esperando encontrar el beneplácito de los lectores. Entiendo que leer unas palabras como las mías puede resultar incómodo o molesto y puedo entender también que tras esto, el autor cargue contra mí lleno de furia e indignación, rebatiendo cada uno de mis escasos argumentos. Lo entenderé. Pero antes de que se lance a la contracrítica feroz o, peor todavía, a que me ignore de forma absoluta, debo decirle dos cosas. Primero: mis argumentos son escasos porque en el libro hay escasas ideas sobre las que argumentar y las que hay no huelen a antiguo, huelen a viejo. Y segundo: imagine a ese chaval emocionado que renuncia a 18€ de cerveza para comprar su libro esperando encontrarse con la historia que llenará su vida de fantasía y emoción. Cuando perdemos el sentido de la autocrítica, perdemos uno de nuestros mejores y más apreciados sentidos.

Y meta algún dragón en la historia, carajo. Cuando no tenemos nada que contar, los dragones visten muchísimo.

nueva-portada-jay-troi

Sigue a Javier Marquina en Twitter: @IronMonIsBack

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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