LA MUERTE DE GUERNICA: “Yo lo vi”.

No, no somos omnipresentes. La verdad es que sería lo más, aunque ser testigos de según qué hechos no sea nada agradable. Pero debemos ser conscientes de la necesidad de no obviar nada de lo acontecido. Y para recoger testimonios y hechos, qué mejor fuente que la gráfica: el tebeo.

Por Cristina Hombrados.

guernicaHubo una frase que sonó hasta la saciedad en la magistral conferencia que Pepo Pérez impartió en el Primer Congreso Internacional de Estudios Interdisciplares sobre Cómic  que se celebró en la Universidad de Zaragoza el pasado año. Fue “Yo lo vi”, la leyenda que aparece bajo un aguafuerte de Goya perteneciente a su celebérrima serie “Los desastres de la Guerra” con la que el genial pintor de Fuendetodos reafirmaba la veracidad y valía del documento gráfico de su legado.

¡Qué ejercicio tan necesario es no olvidar! Y no menos lo es dotar a las generaciones venideras de fuentes con las que dejar constancia de todo lo acontecido. Un ejercicio muy necesario, entre otras razones, para recordar, para reconocer y para dar a conocer a otros situaciones o hechos que no se deben descuidar. Y mucho menos repetir.

El tebeo, cómic, novela gráfica, llamémosle X, es un vehículo excepcional de historias y testimonios. Y es que la representación gráfica, por sus características y recursos, supone el medio ideal a partir del cual dar buena cuenta de lo visto y lo vivido.

Esa ponencia de Pepo Pérez a la que hacía referencia llevaba en su título el sintagma “Memorias del horror”. Son precisamente las atrocidades las que quedan grabadas a fuego en la mente de quien las vive en sus carnes. No así de quienes no hemos llegado a experimentarlas, pues tenemos tendencia a no considerarlas. Ajenos desde nuestro cómodo presente se han sucedido y se siguen sucediendo situaciones que, por negligencia, ignorancia, poca empatía, por distancia en el tiempo o por quedar fuera de nuestro entorno más cercano (paradojas de la vida en esta era de la globalización), estamos condenados a obviar. Y, en el peor de los casos, a repetir.

Uno de los episodios más horribles de nuestra historia contemporánea fue el bombardeo a la localidad vasca de Guernica que se produjo el 26 de abril de 1937, en plena Guerra Civil. La memoria colectiva y del horror han obrado de tal forma que, al escuchar ese nombre, no lo asociamos inmediatamente al término geográfico, sino al ataque y a su representación en manos de Pablo Picasso.

Paul Preston publicó en 2012 un libro (La Muerte de Guernica) sobre tal atroz ataque en el que la población vasca tuvo el dudoso honor de ser la primera en ser arrasada mediante un ataque de aviación a base de bombardeos y ametralladora. En este pasado 2017, cuando se cumplía el 80 aniversario, el texto ha visto la luz en su versión en viñetas.

El hispanista ha repetido pareja de baile para éste “La Muerte de Guernica”: y es que es la segunda ocasión en que José Pablo García (Málaga, 1982) lleva al noveno arte su discurso narrativo. El pasado año, coincidiendo también con el 80 aniversario, en ese caso del inicio de la Guerra Civil Española (no sé qué tienen los aniversarios, pero parece que a todas las editoriales les entran ganas de conmemorar lo que sea), se editó La Guerra Civil Española  en forma de cómic.

El historietista e ilustrador malagueño se vale para recrear el vergonzoso episodio de Guernica de los tonos apagados predominantes en el óleo gestado por su compatriota para formar parte del pabellón español en la Exposición Internacional de París de 1937. En el cuadro, Picasso retrató el horror en su máximo exponente, abstrayendo su quintaesencia, y en este tebeo, los grises y azules sin vida recrean la secuencia de los hechos de esa barbarie de tal forma que, sin aparentemente salirse de una neutralidad narrativa mientras detalla los entresijos del ataque, dejan un tremendo regustillo de injusticia e impotencia que podemos extrapolar sin ningún esfuerzo a tantos otros episodios en que se han impuesto injustas acciones y se han acallado voces.

Las fuentes escritas son de vital importancia si queremos comprender quienes somos. Poder echar mano en cualquier momento y lugar a cualquier tipo de material que nos ofrezca información, datos, opiniones e interpretaciones, no tiene precio. Frente a esa injusta tendencia de que los vencedores escriban la historia de un territorio, las páginas del artefacto que llamamos libro, formato que toma el tebeo, han de concebirse como medio a través del cual las gentes sencillas, los verdaderos protagonistas de esa Historia que escribimos con mayúscula, tomen la palabra y muestren la realidad tal cual. Precisamente, Paul Preston y José Pablo García ceden las cartelas y los bocadillos a esas gentes que vivieron en primera persona ese capítulo de nuestra historia reciente para que se expresen.  Este tebeo rebosa de la frustración que invadía a los habitantes de un pueblo salvajemente bombardeado, a los que el Régimen desacreditaba sistemáticamente, está lleno de voces silenciadas y testigos ninguneados. Rebosa de todo aquello que no debe olvidarse, porque alguien estuvo allí y lo vio. Y puesto que lo vio y sabe que es cierto, ha querido que se sepa. Que los que venimos detrás y los que están por llegar no olviden. Nunca.

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