LA TRILOGÍA TÓXICA, de Charles Burns

Uno de los viajes más intensos de Charles Burns por la mente humana. La Trilogía Tóxica es el reflejo de ese gran rompecabezas que forma la psique de todas las personas.

Por Joe Runner.

Hay un dicho celta que me gusta mucho, dicta así: is ait an mac an saol. Viene a significar algo así como que la vida es rara, pero alejándose un poco del estereotipo de las vueltas que da esta y centrándose en lo cambiante que puede llegar a ser con el paso de los años. Porque aunque creamos que siempre somos la misma persona, en realidad nos vamos transformando conforme pasa el tiempo y nunca se termina igual que se empieza. Es una de esas leyes cósmicas que no se pueden cambiar. Si se hace un pequeño ejercicio de introspección, veremos que lo podemos aplicar a todos los aspectos de nuestra vida y a todo lo que nos rodea, por muy distintos que sean estos. Yo, por ejemplo, noto que me estoy haciendo mayor en cuanto al tema de los cómics. Suena estúpido, lo sé, pero con el paso de los años me doy cuenta que cuanto más leo, más cosas me quedan por leer y menos sé. Ciertamente esto último lo podría aplicar a casi cualquier rama que me gusta: ciencia, política, filosofía, arte… Puede que lo que gane en experiencia lo esté perdiendo en autodeterminación, pero cada vez tengo más dudas de que en realidad alguna vez haya tenido algún atisbo de verdad absoluta sobre nada. Esta desconfianza hacia mi persona se traspasa a los demás, poniendo en entredicho a gente que otrora me hubiese convencido con una simple frase. Lo que está claro es que en este viaje evolutivo del ser juega un papel fundamental la antes mencionada autodeterminación, ésa que te mantiene tranquilo e impasible ante los acontecimientos que ocurren a tu alrededor y que sirve de crisálida para tu estadio final. Así que solo queda abrazar este continuo cambio, intentar dirigir tu futuro yo hacia una persona más completa y estable, pese a a todas las situaciones tóxicas que puedan lastrar este avance. De eso trata la vida. Así hasta tu muerte.

Si existe un autor especialista en este tipo de menesteres de la psique humana y la evolución del individuo, ese es Charles Burns. He de admitir que no había leído nada del autor americano hasta que leí la reseña de Teresita Sunday sobre Agujero Negro y quedé totalmente hipnotizado por el estilo narrativo de éste. Una vez que entras en su juego de paralelismos, flashbacks, flashforwards, paranoias varias y situaciones oníricas, todo ello mezclado de una manera sublime, irremediablemente crece en ti una necesidad imperante de leer más obras suyas. Y eso que también juega en su contra que en ocasiones llega a rozar la escatología y la aprensión, pero con un resultado final inmejorable. Con esta trilogía sucede algo parecido, en el que comenzamos en Tóxico con Doug, un joven aparentemente común, con una adolescencia bastante rara (¿acaso existe una normal?) que tiene una clase de sueños extraños que están llenos de simbología y significado. Desde el principio se traza un avance continuo en su mundo onírico, en el que se nos va desmigando orgánicamente qué es lo que ha sucedido con nuestro protagonista y qué relación guarda con cada uno de sus recuerdos y fobias.

Como viene siendo costumbre, Burns juega con el tempo y las perspectivas para mantener al lector constantemente en alerta durante toda la lectura. Aquí no vale el seguir la trama lineal, dejándose llevar por una historia facilona que no requiere ningún esfuerzo por parte del público, sino que hay que ser observador y saborear cada una de las situaciones que nos va presentando a lo largo del cómic. Y lo mismo hace con La Colmena y Cráneo de Azúcar, que no son más que pequeñas piezas de un puzzle que al final es mucho más grande de lo que parece. Todo ello jugando con una situación más cotidiana de lo que cabría esperar, mostrándonos una vez más que se pueden afrontar los temas tabú de una forma totalmente innovadora y artística. La capacidad que tiene para crear una fábula psicológica en torno a un temor o recuerdo por parte del autor es incomparable a ningún artista actual del noveno arte.

Pero si hubo algo que me atrajo inicialmente de aquel Agujero Negro fue su gran apartado gráfico, que en esta curiosa Trilogía Tóxica se vuelve a hacer patente. Su forma de dibujar es impecable, directa y clara. No se anda con florituras y, sin embargo, es mucho más detallista que la mayoría de artistas del medio. De hecho sus historias no se comprenderían de la misma forma si no fuera por el apartado visual, que juega un papel fundamental en todos los paralelismos que usa en sus obras. Una narración visual de altísimo nivel que nos muestra no sólo el avance de la trama y las diferentes pistas que deja Burns en el camino, sino también el paso del tiempo por nuestro protagonista. Todo está medido, calculado. No hay nada que falte, ni nada que sobre. De hecho se presta a una relectura casi obligatoria al finalizar el tercer tomo, cerrando el círculo a la perfección.

Por suerte para nosotros contamos con una edición española en nuestro país sobre estos tres tomos. Siempre gusta poder hacerse con los trabajos de estos grandes autores que perciben el mundo de forma tan distinta al resto de mortales. Además, ésta Trilogía Tóxica es perfecta tanto para personas que nunca han leído nada de Burns como para los que son viejos fans del artista americano. Es una de esas obras atípica y atemporales que no entienden de religión, sexo o ideología política; se trata de un viaje a la zona más oscura y recóndita de nuestra mente. Esa parte que creemos que es inexpugnable y que, en la mayoría de ocasiones, pasa desapercibida para nosotros, pese a que nos marca el camino de nuestra evolución como seres humanos. Uno de esos viajes que, tarde o temprano, todos debemos de hacer para conocernos a nosotros mismo y afrontar los cambios que han habido y los que habrán. Porque de eso trata la vida, señoras y señores. Constante cambio y evolución.

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Acerca de Joe Runner 38 Articles
Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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