LAS MANSIONES DE LA LOCURA (Segunda Edición)

Como uno no tiene ya suficientes vicios adquiridos y le sobran horas de vida, lo más normal es desarrollar una nueva adicción para distraerse, gastar tiempo libre y castigar de nuevas y ocurrentes maneras su ya de por sí lacerada cartera. Adiós videojuegos, hola juegos de mesa.

Por Javier Marquina.

Las Mansiones de la Locura

Es algo parecido a una liturgia. A un conjuro. Te reúnes en casa de unos amigos a cenar y, cuando termináis con vuestras pizzas, recogéis la mesa con religiosa pulcritud dejando la superficie limpia, libre de migas y líquidos. Como un sacerdote en pleno misterio de la transustanciación, uno de los participantes abre una enorme caja de cartón y empieza a sacar componentes: figuras de plástico, dados, cartas de diferentes tamaños y unas losetas que representan diversas zonas y estancias de lo que podría ser una típica mansión victoriana en una noche llena de niebla. Hasta aquí, todo normal. Nada que no se hubiera hecho miles de veces antes en noches previas dedicadas a jugar al Descent, al Carcassone o a En busca del Imperio Cobra. Sin embargo, hay un evento nuevo que cambia por completo el enfoque y la dirección de lo que allí está a punto de acontecer. Junto a los citados elementos necesarios para componer una partida rutinaria, el dueño del juego saca un iPad y abre una aplicación imprescindible para seguir adelante. Una inteligencia artificial maligna contra la que todos los jugadores deberán unirse para lograr un objetivo común. Y eso, por supuesto, lo cambia todo.

Mi falta de suerte y de pericia me convierten en un tipo poco competitivo. Además de no saber perder, por supuesto. Cuando eres malo y te jode la derrota, lo mejor es refugiarte en juegos cooperativos en los que el grupo camufla tus carencias y la victoria de uno es la victoria de todos. Es una cobardía reconfortante que, además, te hace parecer mucho más social de lo que eres. Uno para todos, aunque ese uno parasite en su propio beneficio la experiencia de todos.

Hasta ahora, las dificultades para generar automatismos que aseguraran un rival no-humano y competitivo en un juego de mesa obligaban a que estos fueran en esencia semi-cooperativos, con uno de los participantes sí-humano tomando los mandos de un “adversario” que manejaba los monstruos y peligros a los que se tenían que enfrentar los aguerridos héroes. Es decir, a alguien le tocaba ser el malo de la película. En una evolución previa, una tarjeta de instrucciones y una serie de movimientos fijos y establecidos sustituía a la inteligencia homínida, pero todo era mecánico y previsible ya que, de una manera u otra, lo que iba a pasar en el futuro próximo siempre era más o menos evidente una vez establecido el patrón. El azar implícito de usar una baraja mediante la que se construían los escenarios y se colocaban los riesgos, retos y rivales, daba un paso más allá en la eliminación del “adversario”, logrando juegos realmente cooperativos y con cierto suspense.

Las Mansiones de la Locura (Segunda Edición) establece un nuevo modelo de juego en el que las nuevas tecnologías se funden con la tradición de los dados, cartas y tableros. Por medio de una aplicación disponible en todas las plataformas, tanto el escenario de juego como la aparición de enemigos la va dictando la inteligencia artificial de la máquina, construyendo la aventura a medida que avanzamos por ella. Es un híbrido que, tras probarlo, funciona de manera eficiente, al ser capaz de generar una atmósfera de angustia muy propia del universo lovecraftiano en el que se basa y que coloca a los jugadores en una situación de incertidumbre en la que deben unirse y actuar como un equipo si quieren sobrevivir. Las Mansiones de la Locura es trepidante, intuitivo y muy fácil de jugar. Propone mecánicas de inmersión más que satisfactorias para los jugadores, y aunque podría dar un paso más allá en cuestiones de resolución de enigmas (que se solucionan por una mera acumulación de pistas), es una experiencia de juego apasionante y, sobre todo, muy divertida.

Desde luego, no todo es perfecto. Lo primero que puede echar para atrás al aficionado es su precio. 99€ no es una cifra asumible para cualquier bolsillo, y el desembolso puede ser un escollo para cualquiera con otras prioridades de entretenimiento mucho más económicas. La calidad de los materiales es bastante satisfactoria, y aunque el detalle de las miniaturas no esta a la altura del estándar al que nos tienen acostumbrados juegos de otras marcas como CMON, cumplen su función  de dar tridimensionalidad al juego a la perfección. La compra garantiza muchas horas de diversión, pero las aventuras, una vez resueltas, tienen poca rejugabilidad.

Las Mansiones de la Locura

Y aquí es donde entramos en el verdadero problema (relativo) de este extraordinario juego (y de tantos otros): la sangría. Aunque la caja madre es más que suficiente para empezar a jugar y no se requiere expansión alguna para el disfrute completo, la industria del juego de mesa, como toda industria que satisface el frikismo, sabe que esta tratando con enfermos compulsivos que a duras penas pueden sujetar sus instintos más primarios. Si algo les (nos) gusta, se afanaran por completar su colección con cuantos módulos y misiones alternativas se produzcan. Nuevas losetas de escenario, enemigos, héroes, cartas… cualquier excusa es buena para lanzar una bomba de glamour irresistible para nuestra cartera. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Son multitud los juegos que llevan años haciendo lo mismo, y muchos de ellos siguen siendo juegos excepcionales, éxito de crítica y público, a pesar de la sensación de sobreexplotación que a veces generan. Sin embargo, que dentro de la aplicación surjan nuevas aventuras para descargar previo pago, teniendo en cuenta el enorme desembolso que se ha realizado (y se realizará; las dos primeras expansiones dirigidas a todos aquellos que no tienen la primera edición de este juego costarán 50€ cada una), incide en este sentimiento de hastío que a veces invade a los aficionados como yo. Habría que tener más detalles con el cliente. Es cierto que cada una de las citadas expansiones incluyen al ser desbloquedas en la aplicación nuevos escenarios, pero me parece excesivo el seguir sableando al personal aprovechando el tirón de las nuevas tecnologías para ello. ¿Pagaremos por ellas? Casi seguro. Sobre todo por las ampliaciones físicas puras que aumentan y enriquecen las aventuras. Sin embargo, en cuanto a lo digital, y dado que ya estamos cotizando de sobra en el mundo de lo físico, podría decir que ya que me estoy dejando joder, a veces me gusta que me besen.

Video del unboxing del juego realizado por la más que recomendable página  ZACATRUS.ES

 

¿Desaconsejo por tanto la compra de Las Mansiones de la Locura (Segunda Edición)? En absoluto. Como juego me ha parecido un sensacional creador de ambiente, una aventura realmente cooperativa y un generador de verdadero solaz que te mantiene enganchado durante horas. Como todos los juegos de Fantasy Flight Games editados en España por Edge Entertainment, la calidad de los componentes está garantizada, y si eres fan de este tipo de entretenimiento, no te arrepentirás de tenerlo en tu colección.

Además, para viejunos tradicionales como yo, el nexo que se establece entre tus amigos alrededor de un tablero, poco tiene que ver con ese frío vínculo virtual que nace de los juegos online y las consolas. Ver la cara de tu compadre tras una desastrosa tirada de dados, o esa sensación de triunfo mancomunado que se respira al completar una misión, no se paga con todo el oro el mundo. Benditos 99€ que te alejan durante horas de las redes sociales.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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