LAST HERO INUYASHIKI

Pocas satisfacciones tan grandes como las de comprar y leer el último tomo de un buen manga.  Si, además, este cierra de manera satisfactoria la colección que levas meses leyendo, el orgasmo místico de proporciones cósmicas está más que asegurado…

Por Javier Marquina.

LAST HERO INUYASHIKIVale. Reconozco que no estamos hablando de Dectective Conan. Ni siquiera de One Piece. No he conseguido el último tomo de una colección casi centenaria cerrando así un tortuoso periplo de años que parecía no acabar nunca. Sin embargo, la sensación al comprar el último tomo de Last Hero Inuyashiki ha sido parecida. No por el ingrediente de tortura y de adquisición por inercia digna de completista enfermizo, sino porque me reafirmo en sensaciones variadas que he visto confirmadas con la lectura de esta más que recomendable colección.

PRIMERA: Me estoy volviendo hipster.

Un gafapasta asqueroso. Uno de esos lelos que no leen tebeos porque solo leen novela gráfica. No me lo puedo creer. Lo que antes me parecía sublime, ahora me resulta apestoso. Todas las series inacabables de superhéroes que insuflaron un hálito de vida y dinamismo a mi personalidad adolescente lleno de ideales brillantes y valores supremos, ahora me parecen un coñazo igual de supremo pero carente de cualquier tipo de brillo o lustre. Las colecciones largas me dan alergia. Grimilla. Repelús. Busco como el que se lame las heridas tomos e historias autoconclusivas que me llenen sin necesidad de una esclavitud de años que, al final, descubres que no lleva a ningún sitio. Cuanto más breve y contenido, mejor.

SEGUNDA: Me gusta mucho Hiroka Oyu.

Mucho. Esto es algo que ya sabía, claro. Gantz me había dado las claves para saber apreciar a este magaka nipón de estilo frío pero preciso y adicto a las mujeres de tetas imposiblemente grandes, los trajes de cuero ajustados y los extraterrestres con nombres y poderes absurdos. El arte de Oyu tiene ese aura extraña que te llama a pesar de no desprender emoción. Quizá por eso me parece magnético. Adoro la gelidez casi imparcial con la que cuenta atrocidades de violencia extrema; ese foco limpio y sin alma que nos coloca frente a una ventana desde la que vemos el asesinato como algo aséptico y detallado, y que nos hace testigos mudos e inoperantes de actos que en el mundo real tendrían tintes de genocidio. No en vano Hiroka Oyu pertenece a esa estirpe de autores obsesionados con la aquitectura, y sus ciudades son mapas milimétricos de urbes de acero y cristal que, supongo, suponen una auténtica pesadilla para los ayudantes que componen su estudio.

TERCERA: Last Hero Inuyashiki me parece mucho más redonda que Gantz.

No más emocionante. Más redonda. Lo que en Gantz era una deriva descerebrada hacia un apoteosis no demasiado bien resuelto, en Last Hero Inuyashiki se convierte en un planteamiento inteligente que une muchos temas de disparidad casi irreconciliable en una historia redonda. La sociedad enferma, herida de muerte por las redes sociales; la desintegración del núcleo familiar como base de la educación social y personal; la redención y la restauración de la figura paterna; la dicotomía eterna que combate en el corazón humano, bien y mal enfrentados en arquetipos icónicos cercanos al superhéroe que se enfrentan con las megalópolis japonesas como campo de batalla; el sacrificio personal en pos de un bien común; la necesidad de héroes y dioses para combatir el vacío cada vez más evidente de nuestra existencia y los extraterrestres como elemento eugenésico, como detonador evolutivo. Casi nada. Y todo ello comprimido en 10 tomos en los que prima la acción y los grandes planos aéreos de saltos imposibles. 10 tomos compactos, veloces, pero llenos de ideas que van avanzando hasta un desenlace redondo que responde las preguntas importantes y te deja con las dudas necesarias.

CUARTA: Hay buenos mangas y mangas de mierda.

Esta perogrullada digna de imbécil integral es una de esas frases que hay que poner sobre la palestra de vez en cuando. Yo la saco a colación cada vez que leo un manga, quizá porque pertenezco a una generación viejuna especialmente sensible con el tema del cómic japones y muy poco proclive a abandonar terrenos conocidos siempre habitados por seres que vuelan con el paquete apretado por calzoncillos de color rojo. Tendentes como somos a generalizar, hay toda una estirpe de lectores añejos curtidos en la era de Forum y Zinco que abomina de todo lo que no huela a Marvel y DC, quejándose amargamente de que los adolescentes de ahora solo leen manga y que, por tanto, aplicando un silogismo que solo funciona en sus mentes ya esponjosas de tanto esnifar kryptonita, el manga es una mierda como género, estilo o cosa. No seré yo el que defienda la lectura exclusiva de solo tipo de tebeo. Con los años me he dado cuenta de que en la variedad está el gusto, y que limitarnos a leer cosas pertenecientes a una única editorial, género o estilo nos condena a una estrechez de miras abocada a la ignorancia erudita: gente que sabe mucho de poco y nada de todo lo demás. Renegar de algo por su procedencia tiene unos tintes de racismo cultural poco recomendable, además de suponer una condena que te obliga a perderte obras maestras de nacionalidades que no coincidan con tus gustos primigenios. Por supuesto, hay mangas de mierda. Toneladas de ellos. Muchas publicaciones tan mefíticas y pestilentes que necesitas guantes de plomo para tirarlos a la basura. Y luego están las colecciones como Last Hero Inuyashiki. Mangas de calidad y de duración contenida que te lees con la satisfacción del que realiza buenas compras. Un seinen con mucho mar de fondo que habla de temas cruciales ocultando sus cargas de profundidad bajo poderes increíbles, asesinatos en masa y explosiones.

Last Hero Inuyashiki ha sido editado en España por la editorial Milky Way

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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