Lo Cimmerio está de moda

Me gustan Conan. Y estoy fascinado por la figura de su creador, Robert E. Howard. Por las crítica social y el existencialismo puro de sus páginas. Es muy posible que a ti te guste porque Conan machaca cabezas y despedaza cuerpos como nadie. A mí también, carajo. Hoy te cuento por qué este otoño es un buen momento para ponerse al día con Conan.
Por Chema Mansilla

Yo pensaba que esta temporada otoño/invierno se llevaban las minifaldas de cuero, el look neoyorquino, las líneas redondeadas, el minimalismo chic y los pitillo con cremallera. Y a lo mejor es así, ¿que sé yo de moda, que soy un tipo gordito y con gafas que escribe esto con una camiseta de Hellboy puesta? Lo que sí se es que el momento de ponerte al día con Conan si es que eres una de esas tristes personas que se quedaron con la peli la última vez que la echaron por la tele o con los cómics que leía hace 20 años en casa de su primo.

Conan está de moda, y Conan mola. Ya sé que lo sabes, pero te lo explico por si acaso.

Leo libros de fantasía por Conan. No sólo porque su publicación y su estilo, sus ideas, son las que han delimitado el genero durante los muchos años que han pasado desde su publicación, si no porque libros como estos son lo que crean lectores, y los que hacen que existamos amantes del género.

Los relatos de Conan son maravillas “pulp”, relatos fantásticos sencillos, trabajos alimenticios para su autor en la mayoría de las ocasiones, pero tan empapados de la personalidad del escritor, que encierran entre sus palabras una energía, una angustia vital tan fuerte que los hace brillar sobre el resto de relatos. Lo hicieron en su época (1932) y lo hacen ahora. Ojalá se escribieran en estos momentos historias tan buenas como éstas. Son sólidas, son divertidas y tienen un «algo más» encantador. Es cierto que algunas veces pecan de inocentes o ridículas: la temible capitana pirata, nada más contemplar a Conan cae a sus pies (perdiendo en el acto las pocas sedas que la vestían) seducida por su energía irresistible, su presencia primitiva y animal y suplica al bárbaro que la tome y la haga suya. Hombre, pues sí que es un poco naif (Aunque a mi me pasa. Poco, pero me pasa). Pero Robert E. Howard tenía que comer, tenía el hombre ese capricho, y hay un viejo lema editorial, escrito con letras de oro en los despachos de todos los directores editoriales del mundo que reza así: “Si quieres vender ejemplares, pon dos tetas en la portada”. Es una regla infalible (en serio, conozco el negocio, hablo de cifras reales). Así que Howard le daba a su editor lo que pedía. De propina, nos dejaba brutales combates, alguna que otra criatura elemental y primigenia (como las de su amigo Lovecraft) y siempre, una ácida reflexión política y social.

“¿Cómo, Conan hace reflexiones políticas y sociales?”. Bueno, pues no, Conan de por sí es un pensador bastante limitado: hace lo que cree que debe hacer, y si eso implica partir a alguien por la mitad con su gran espada (que es casi siempre), pues lo hace. Pero Conan, por lo menos en los relatos, tiene un pliegue que a primera vista puede no resultar evidente. Conan es un bárbaro, que en la Era Híbora es lo más parecido a un disidente o a un anarquista. Y es que Conan odia la civilización, porque Conan sabe que hay otra manera de hacer las cosas, una manera justa y humana, donde cada hombre vale lo que demuestra valer. Conan cree que otro mundo es posible. No es que tampoco tenga un gran interés en cambiarlo, pero si ese mundo civilizado se cruza en su camino, hará todo lo posible por reconstruirlo (tras destruirlo, evidentemente) respecto a lo que cree que es justo. Es un principio muy tosco, pero es un princpio: es el “yes we can” de los relatos de espada y brujería.

El Conan de los libros sorprenderá a muchos lectores que conozcan al personaje sólo por los cómics clásicos o las películas, mucho más arquetípico y plano. Los relatos de Howard nos presentan un mosaico de aventuras, desordenadas cronológicamente, que nos van a ir formando el puzzle que es Conan. Cada relato, una pieza: un temerario joven Conan ladrón, un maduro rey Conan sabio y reflexivo, un desilusionado y conflictivo Conan mercenario… Hay muchos “Conan”, pero son todo el mismo. Es una experiencia muy divertida leer cómo Conan huye de la justicia en un relato, para en el siguiente encontrarse a un Conan aviejado que lucha por evitar que el reino que tantos años (y litros de sangre) le ha costado conquistar se destruya en una guerra civil. Conan tiene contrastes, sobras, evoluciona y es cada vez más profundo, según lo vemos en perspectiva.

Ediciones Cátedra, dentro de su colección «Letras Populares» (donde también tiene su espacio el anteriormente citado Lovecraft) acaba de publicar un volúmen que recopila algunso d elso mejores relatos originales del personaje. No sé qué les ha dado, pero que Crom les bendiga.
«La Reina de la costa Negra y otros relatos de Conan» es un volúmen imprescindible para todos aquellos que quieran comenzar con el mundo de Conan. El original.
La edición de Cátedra es un regalo perfecto para estas navidades (para hacerlo, no para vosotros banda de egoistas) que incluye un interesante aliciente: un interesante y nueva traducción, más fiel a la original de Timun Mas. Pero si te enganchas con este libro DEBES hacerte con las ediciones de Timun Mas, que han editado en dos ediciones, normal y de lujo, todos los relatos de Robert E. Howard sobre el personaje.

Siguiendo esta idea de recuperar al Conan original, la editorial Planeta deAgostini está publicando las nuevas aventuras del personaje en cómic. Hace unos años al editorial americana Dark Horse se hizo con los derechos el personaje y decidió volver a publicar sus aventuras de la manera más fiel posible al Conan de Howard. Planeta está recopilando estos fantásticos números (pero buenos, buenos, oye) en unos estupendos tomos, a la altura del material. Recientemente han aparecido Conan Rey: La ciudadela escarlata, una épica aventura narrada pro el mismísimo Conan que nos aclara un poco más cómo llegó a convertirse en rey de Aquilonia; y el primer tomo de la nueva colección Conan el Bárbaro, que adapta «La Reina de la Costa Negra» (sí, el mismo relato que da nombre a la selección de la que os hablaba en el libro de Cátedra) y que redibuja la relación de nuestro bárbaro preferido con Belit, la princesa pirata.

Este es el material básico e imprescindible para engancharte a Conan y comprender por qué su leyenda no ha disminuido nada en los 80 años que han pasado desde su creación.

Tanto es así que tiene dos pelis en marcha. La primera será una secuela al reboot protagonizado hace unos años por Jason Momoa. Que no es el Conan de la película de tu infancia, pero es un Conan mucho más fiel al original. Pero oye, que no te preocupes, que si lo tuyo es el Conan de Schwarzenegger, no hay problema, porque Arnold acaba de confirmar que volverá a ser Conan en el cine. Imaginamos que en una secuencia parecida a la del prólogo del primer Conan, pero… ¡Es que todavía no se sabe casi nada de esa peli! Tendremos que esperar… que Crom nos de paciencia… ¡O que se vaya al infierno!

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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