LO QUE MÁS ME GUSTA SON LOS MONSTRUOS

Uno de los cómics del año. Un sorprendente ejercicio en el que Emil Ferris da muestras de su talento y, sobre todo, de su increíble capacidad para el dibujo. Impresionante y emocionante a partes iguales, ‘Lo que más me gusta son los monstruos’ es una demostración embriagadora de talento que, además, te roba el corazón.

Por Javier Marquina

Soy idiota. Tengo que dejar de escribir entradillas que resumen de forma tan definitiva lo que tengo que decir sobre un cómic. Así no hay manera. No me basta con aceptar más encargos de los que soy humanamente capaz de asumir. No tengo suficiente con sufrir un bloqueo parcial que me obliga a llorar sangre cada vez que me enfrento al folio en blanco para escribir una reseña. No. Qué va. El señorito, para más inri, tiene que boicotearse a sí mismo haciendo un resumen perfecto de lo esencial en 4 jodidas líneas. Y yo necesito un mínimo de 700 palabras para cubrir la papeleta aquí. Es que así no se puede, joder.

Llevo muchos días con la necesidad de hablar de Emil Ferris y de su magistral tebeo, pero no sé por dónde empezar. No sé si hablar de la historia de superación personal que viene implícita en el abrumador despliegue gráfico demostrado tras sufrir una parálisis parcial o en el planteamiento explosivo y demoledor que consigue con el planteamiento de su historia. Hay tanto de lo que hablar, que tu cerebro se ahoga como un carburador mal cebado. Lo tienes todo dentro, pero la mezcla no es la correcta para conseguir la explosión. ¿Por dónde empiezo? ¿En qué me centro? ¿Qué analizo? ¿Qué resalto?

Ni idea, la verdad.

Quizá lo mejor sea destacar la sensación de salto cuántico que produce ‘Lo que más me gusta son los monstruos’. Sumergirse en sus páginas destila un aroma de hito histórico, ese aura mística y mítica que parece rodearte cuando comienzas a ser consciente de que estás disfrutando de algo épico, de algo que se recordará durante mucho tiempo por lo que propone. No sabría explicarlo mejor. ‘Lo que más me gusta son los monstruos’ es como cruzar un umbral, una puerta, como adentrarse en una dimensión diferente a través de las páginas de un cuaderno. Desde el inicio, la sensación de realidad deformada y difusa que transmiten sus páginas se mezcla con la verdad casi inexcusable que destila ese aspecto de diario infantil que tiene cada página. La emulación (¿o fidelidad?)  del cuaderno garabateado que nos va llevando de la mano por la historia es un vehículo tan sorprendente como imposible en el que se juntan todos los géneros. Horror, cine negro, culebrón, tragedia, misterio, amor, dolor, familia, locura, desesperación, inocencia, recuerdo… ‘Lo que más me gusta son los monstruos’ es como un catálogo del siglo XX en el que todo parece reflejarse con espejada nitidez. Un bloc de notas que va adquiriendo entidad de folletín complejo, de novela creada casi a base de la combustión espontánea de ideas y que, sin embargo, sigue una estructura lógica, coherente y medida.

Dibujo a dibujo, Emil Ferris va desgranado un ejercicio estético en el que la historia, en apariencia insustancial cuando ojeas confuso y anonadado el volumen (de magnífica edición, por cierto) de Reservoir Books preguntándote “de qué coño va esto“, acaba por convertirse en una apasionante odisea adolescente y familiar que te deja colgado y esperando una segunda parte con ansia asesina y suicida. Casi como en un eco, las vidas entrecruzadas de un vecindario imposible nos van planteando misterios entre metáforas personales en las uno puede disfrazarse de todos aquellos actores cubiertos de tornillos, vendas, pelo o colmillos falsos con los que la Universal nos aterró y alegró la vida.

‘Lo que más me gusta son los monstruos’ es un Tales from the crypt deconstruido, posmoderno, dinamitado en sus cimientos para escoger con delicadeza los escombros adecuados para construir un nuevo edificio. Es, a la vez, algo diametralmente opuesto a esos tebeos de la EC que marcaron la historia del Noveno Arte a base de promocionar a genios y generar envidias malsanas. Un poco de nada y un mucho de todo. Lírico y visualmente asfixiante. Historieta clásica y planteamiento innovador y moderno. Tan gótico y barroco como conceptual, este es el típico viaje que necesitas leer varias veces para comprenderlo en toda su maravillosa magnitud.

Una de las primeras ideas que barajé para escribir este artículo fue hablar, una vez más, de lo perniciosas y letales que son las expectativas. A veces, esperar lo más grande es un buen camino para no conseguir lo más pequeño. Sin embargo, a pesar de que no se trata de un cómic fácil y al uso, creo con honestidad que nos encontramos ante una obra maestra que quedará en los anales de la historia incluida en todos los listados de “LO MEJOR DEL AÑO”. Ahora que estáis aquí ya os puedo decir que lo mejor es que olvidéis todo lo que acabáis de leer. Intentadlo, al menos. Acercaros a la obra de Ferris con la inocencia del que descubre el mundo terrible y maravilloso que hay detrás de la puerta de su casa, y venid después a decirme que no os ha gustado la experiencia.

Si os atrevéis.

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Acerca de Javier Marquina 241 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en LO QUE MÁS ME GUSTA SON LOS MONSTRUOS

  1. Okok, ya le tenía echado el ojo pero me acabas de convencer del todo en la entradilla. No quiero saber más…me voy a la librería especializada más cercana

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