LO PEOR DE 2014. Miedo y Asco en Cabezas.

¡Qué bien, que se acaba el año! Qué bien que con él se vayan algunos bodrios que hemos esperado con más o menos ansiedad, y que al final se han quedado en algo para no recordar.

Por Teresa Domingo.

A lo mejor no ha habido tantos batacazos como pensamos, pero los que hay han sido bien sonados. Vamos al lío, que en La Isla cuando odiamos, odiamos de verdad.

A veces sales del cine pensando en si merece la pena vivir. Películas en las que tienes puestas tus pequeñas esperanzas y que al cuarto de hora de empezar a verlas no sabes si llorar, escapar, o cortarte las venas con el cartón de las palomitas de el de al lado. Eso me pasó con Rec 4, Apocalipsis, de Jaume Balagueró, del que no se entiende que haya parido la terrorífica Mientras Duermes y luego haya hecho este sin sentido. O Nacho Vigalondo, que ha cambiado su propia esencia por el glamour de las estrellas de Hollywood. Hay que aplaudir el montaje de Open Windows, pero tanto despliegue deja en evidencia la historia, que no tiene nada.
Dos clásicos del terror han sido mancillados descaradamente este año. Me refiero a Yo, Frankenstein, de Stuart Beattie, y Drácula, la leyenda jamás contada. Por mucho que se quiera humanizar a estos dos, un monstruo hecho de restos de cadáveres y un tío al que apodaban “el empalador” nunca pueden ser buenos. Ni las películas que así lo quieran plasmar. Esperemos que el poco éxito cosechado no incite a más directores a destrozar otros mitos del terror.
Y hablando de destrozar, ¿quién se ha creído Spike Lee para hacer el remake de Old Boy y además hacerlo de esa manera? Es indignante. ¡Indignante! ¿Y Robocop? Si vuelves a hacer Robocop hazlo a lo grande: no escatimar en explosiones y tiros, y, por si acaso, más explosiones, pero no te líes la manta a la cabeza con sentimientos encontrados ni mierdas de esas, que esto es Robocop. Y ya, el summum de los atentados a nuestra infancia, ¿qué les han hecho a las pobres adolescentes y mutantes Tortugas Ninja? Pues ya os digo yo lo que han hecho con ellas: sacrilegio.

En cuanto a las series, da igual lo bien o mal que lo hayan hecho otros títulos, hemos asistido al glorioso final de Sons of Anarchy. Un momento, ¿he dicho glorioso? Glorioso hubiera sido si eso hubiera acabado como el rosario de la Aurora, pero no haciendo héroe al ser más ruin y rastrero de la serie. Vale, han cerrado todas las tramas, pero no me seáis románticos, los hijos de la anarquía merecían un final mucho más sangriento y en el que no quedase viva ni la script.

La decepción de esta temporada musical ha sido el Resu. El Resurrection Fest este año ha perdido toda la gracia. De ser el festival de referencia Hardcore en Europa se ha convertido en la réplica del HellFest. Hordas de heavys por aquí y por allá, que por supuesto también tienen derecho a vivir, pero han empañado el espíritu gastro-playero-musical que había sido durante ocho años. Suerte en el décimo aniversario.

Y llegamos a los chascos de los que hemos podido disfrutar este año en anime. Zankiyou no Terror, que estuve esperando durante meses, por alguna extraña razón (que es más lenta que el caballo de un orco) no consiguió, ya no complacerme, ni siquiera engancharme. O Terra Formars, que teniendo de referencia el manga, que es un ni fu ni fa, no es de extrañar que haya pasado bastante desapercibido. Otro título manga del que siempre había tenido ganas ver la versión anime y que me ha defraudado muchísimo es Pupa. Mientras leía el manga, una sonrisa se dibujaba en mi cara al pensar en lo bonitas que quedarían esas escenas tan sangrientas en acción. Demasiada fe. Nada de nada. Planos escorados, un poco de sangre que me limpio de la comisura de los labios… meh.
No hay que olvidar que cualquier anime fanservice ha sido lo peor este año, y cualquier otro. Incluido Orenchi no furo Jijou o más conocido como Las circunstancias del baño de mi casa, que claro, quien me manda a mi ponerme a ver un josei… por mucho sireno gorrón que lo protagonice.

No quisiera terminar este repaso a lo peor del año sin recordar a algunos de tantos y tantos que se han ido y que nos han dejado un legado tan grande, para disfrutar siempre.
Mi humilde adiós a Robin Williams, Philip Seymour Hoffman, Richard Kiel AKA Tiburón y Richard Attenborough. A la diva Lauren Bacall y al gran Quimicefa, Alex Angulo.
Adiós a H.R. Giger, creador de Alien y de la corriente artística conocida como “realismo fantástico”.
Adiós a Paco de Lucía y a su guitarra, y Wayne Static (Static X) y a la suya.
Y, por encima de todos ellos, hasta siempre, Luis Pérez Mínguez. Un fotógrafo magistral, que cuidaba cada imagen a fotografiar con una delicadeza obsesiva, que te enseñaba hasta las entrañas de su conocimiento de una manera tan altruista que entendías rápidamente por qué atrapaba a cualquiera en su aura de buen rollo.

Se me olvidaba, hace poco también nos ha dejado el sublime Paco Raúl. Mi oscar-tigre. El pez más brutalmente agresivo del planeta criado en cautividad. Dos kilos de bicharraco negro y naranja, que llevaba su propio nombre escrito en el lomo, comía pollo y se lanzaba contra la tapa del acuario como si no hubiera mañana.

¿Qué pensabais? ¿Qué os iba a dejar con ese bajón en el cuerpo? Que el año ha sido malo, pero tampoco hay que regocijarse. Como dice mi abuela, y las abuelas son muy sabias, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Así que hala, circulando, que llega el 2015. A ver qué horrores nos depara.

Sigue a Teresa Domingo en Twitter: @Tuiteresita

Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*