Los límites del humor y la física cuántica.

El que espere leer un artículo sobre la decencia, la indignación, las frases sacadas de contexto y los chistes sobre judíos, niñas desaparecidas y víctimas de atentados varios, se ha equivocado de reseña.

Por Javier Marquina.

Que no, que no. Que yo aquí no he venido a hablar de política. Para eso ya tengo Facebook, que es ese lugar en el que puedes hablar y escuchar el eco de tus palabras con una mezcla de desolación y alivio. En la Isla hablamos de cultura. Y de cosas relacionadas con ella. Lo del título es un simple reclamo falso de una vileza similar a aquellas portadas de Marvel que te enseñaban algo que luego nunca estaba en el interior. Sí. Efectivamente. Aprendí de los mejores.

Colocar un tema candente el el título de tu artículo para atrapar al lector y luego hablarle de la influencia de la cría del gusano de seda transgénico en la economía de Kuala Lumpur es uno de esos trucos a menudo utilizados para que alguien, al menos, entre en tu página y aumente tu número de visitas. Es la triste vida de los opinadores de Internet. Te lanzas al vacío con un cuchillo en los dientes esperando que los cocodrilos que te esperan en el fondo estén un poco más mullidos que el suelo de hormigón. Es cierto que este cómic tiene un pronunciado tono humorístico y que los personajes tienen cierta relación con la cuántica, pero mi titular es la típica patraña exagerada. Sueltas la mentira y luego haces tus cosas, algo así como un ligón de discoteca. Cazas a la gente con una frase (o confías en ello, al menos) y luego les sueltas el rollo, consciente de que todo lo que vas a decir se puede resumir en un par de frases. O en una respuesta a una pregunta muy concreta. ¿Me ha gustado?

Aunque ese sea el meollo del asunto, lo que se suele hacer al reseñar es seguir una estructura tan definida, tan fija y tan aburrida que a veces parece sacada de una de esas redacciones en inglés cuyo esquema tienes que seguir de manera férrea si quieres aprobar. Se empieza con una pequeña frase introductoria que suele hacer referencia a alguna anécdota relacionada con el tema que vamos a tratar, se hace un resumen del argumento intentando no reventar la trama principal ni desvelar ninguna sorpresa, das tu opinión sobre los autores y sobre si están a la altura y al final viertes tu opinión, que suele ser una manera velada de recomendar o no el producto que estás criticando. Es como hacer un anuncio pero revistiéndolo de una cierta capa de personalidad. Que se parezca a una campaña comercial del Grupo Pascual o a una pequeña maravilla surgida de las mentes creativas de Sra. Rushmore sólo depende de ti.

Salirse de este esquema es complicado. Muchas veces casi imposible. Es fácil dejarse llevar por la comodidad de un proceso cuya forma y parámetros han sido aceptados de forma más o menos tácita y que además te permite inflar de paja tu texto cuando no tienes mucho que decir. En efecto, exactamente igual que en aquellos exámenes en los que tenías que desarrollar un tema y apenas recordabas un par de ideas sueltas con las que defender tu argumento. Te enrollabas como una persiana con la vana esperanza de que cantidad supliera a calidad y el profesor, aplastado por el peso de 50 exámenes infumables, te pusiera la nota al peso, porque si leía la sarta de estupideces que habías escrito para llenar hueco, estabas más que jodido.

El problema es que cuando escribes en una web, lo que estás buscando no es que huyan de tu artículo como alma que lleva el diablo, sino que la persona que entra a mirar se quede para leerlo de principio a fin. Y ahí es donde es complicado acertar. Por que al final, y como decía antes, esto de hablar de un cómic es poco más que responder a una pregunta. Poco más que algo que se puede resumir con una palabra. Y esa es la clave. ¿Me ha gustado?

Pues sí. Quantum and Woody me ha gustado. Y ya tenía ganas, que tras el último tomo coñazo de X-O Manowar necesitaba algo de Valiant que me devolviera la fe de aquellos (en apariencia) prometedores inicios. No es que lo que publique la editorial americana me llame demasiado la atención. Sigo apenas un par de colecciones y una de ellas ya se me está haciendo bola. Me falta un tomo para escupirla definitivamente y pasarme a los postres de Image. Archer and Armstrong está bien. Es entretenida pero adolece de un dibujo plano y monótono que no le favorece en nada. Por fortuna, este tomo de Quantum and Woody coje lo mejor de su hermana casi gemela, el humor, y lo une al dibujo más que competente de Tom Fowler. Es divertida (todo lo que no es X-O) y el dibujo me ha gustado (todo lo que no ha conseguido Archer and Armstrong), así que supongo que recomiendo a los lectores de La Isla que le den una oportunidad si lo que quieren es pasar un buen rato y esbozar un a sonrisa. Aunque sólo sea por el guiño a cierto inventor americano con fama de ladrón de patentes y mafioso sin escrúpulos que hay entre sus páginas.

¿Veis? Casi 900 palabras para algo que se puede resumir en menos de 100. Y encima no hablo de la historia, ni os cuento que el cómic va de dos hermanastros al más puro estilo Woody Harrelson y Wesley Snipes, ni os hago un resumen de cómo consiguen sus magníficos poderes o el porqué deciden emprender una carrera superheroica, ni valoro la labor en los guiones del humorista James Asmus, pero es que según la física cuántica y el principio de indeterminación de Heisenberg no se puede conocer al mismo tiempo posición y velocidad de una partícula (más o menos). Es decir, que desde sus elementos fundacionales la creación nos dice que no puedes tenerlo todo, colega.

He conseguido aburrir a las ostras y pasar de puntillas por el objeto de mi crítica. De lo de los límites del humor ya hablaremos otro día, que siempre hay cómics que reseñar.

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Acerca de Javier Marquina 203 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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