Los Muertos Vivientes: recuperando la fe.

Menos mal. Cuando creía que esto no podía recuperarse, llego Jesús a salvarnos a todos. Un Jesús muy molón que hace Kung-fu y reparte hostias como obleas. Pero un Jesús al fin y al cabo.

Por Javier Marquina.

Me he dado cuenta de que odio a Robert Kirkman. Sí. Creo que es un cansino con tres ideas que siempre hace los mismos cómics. Una y otra vez. Esta teoría tan agresiva se veía continuamente desmontada por uno de los mejores cómics que yo había leído nunca: Los Muertos Vivientes y, sobre todo, por esa brutal apocalíptica y estremecedora secuencia final de lo que muchos llamamos “La saga de la cárcel”.

Veo a mucha gente enganchada a la serie de televisión y les miro con cierto reparo porque sé que, aunque no fuera una inmensa montaña de mierda (que lo es), jamás podría llegar a los niveles de crudeza, intensidad y vileza que el señor Kirkman nos regaló en el cómic. Muchos de los momentos más estremecedores que yo he sufrido leyendo me los han provocado esas páginas dibujadas por Charlie Adlard, y creedme cuando os digo que he leído mucho y de muchas fuentes distintas. Y mucha basura estremecedora. Añado.

Pero claro, lo bueno no es eterno y después de lo de la carcel, la serie entró en barrena, sucediendose en historias plúmbeas que no contaban nada ni interesaban a nadie, llenas de personajes carentes de fondo, muertes gratuitas para epatar por pura necesidad de hacer algo antes de que nos durmiéramos y mucha palabrería que denotaban el cansancio más que evidente de Kirkman.

Y entonces llegó Jesús.

Muy bíblico todo. El amigo Robert tuvo una revelación, cogió las riendas de su cómic ( y quién sabe si de su vida) y volvió a conseguir lo que ya ninguno esperaba. Que deseemos leer el siguiente tomo de Los Muertos Vivientes. Increíble. Lo sé. Pero es así. El último tomo publicado por Planeta DeAgostini en España, el número 19 ya, te deja con ese regusto ya casi olvidado de QUIERO MÁS, todo un milagro en estos tiempo que corren de mediocridad e historias de sopor absoluto. Punto para Kirkman. 114 números americanos y nos sigue teniendo pendientes de lo que va a ocurrir después. Desde luego el tío mérito tiene. Eso no se lo podemos negar.

Pero…¿y después?

Me aterran los finales de las cosas que me gustan. No porque se acaben en sí. No me considero uno de esos sentimentales paranoicos que vivirían anclados para siempre en lo bueno que sucedió en su pasado, pero sí creo en la muertas dignas. No en los finales felices, sino en los buenos finales. Y es inevitable que las cosas acaben, así que en la medida de lo posible debemos tratar de que acaben bien. Algo me dice que eso será complicado. Esa etapa de bajón que la serie tuvo y, sobre todo una sensación de que Kirkman estirará todo lo posible a la que es la niña de sus ojos (económicamente hablando, sobre todo) hace que tenga miedo. Que dude. Que desconfíe. Nadie es tan bueno durante tanto tiempo. Manejar a los mismo personajes durante tantos números acaba cansando. La mierda es la asíntota de una historia que tiende a infinito. Yo tengo fe. Por todo lo bueno que esta serie me ha dado, pero también leo los tomos que van saliendo en una esquina, aterrado, consciente de que en cualquier momento esto acabará y podré llevarme la decepción de mi vida. Claro que también puede suceder que Kirkman, iluminado otra vez, nos regale una de esos finales que cierran la historia y la convierten en pura magia que regalar a nuestro herederos.

Quién sabe. Por ahora yo estoy esperando para mayo ese nuevo tomo porque NECESITO saber que pasa a continuación. Y eso siempre es la señal de que el tipo que escribe está haciendo bien las cosas. Otra vez.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 comentario en Los Muertos Vivientes: recuperando la fe.

  1. Si el comic ha entrado en barrena total ha sido precisamente a partir de la aparicion de Jesus y Cia, y solo hace falta leer lo publicado hasta la fecha, pura morralla nauseabunda.

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