Los Odiosos Ocho. Te perdono un poquito.

Una película de gente pulcra pero despreciable (casi toda) que acaba por ser entrañable hasta cuando sangran como auténticos cerdos degollados por el matarife. Una nueva película sobre la retribución y el mostacho de Kurt Russell.

Por Javier Marquina.

Lo primero que tengo que hacer es darle las gracias a Django Desencadenado. Haber sufrido de una manera tan intensa durante su visionado, haber salido del cine con esa sensación de negrura cromática y depresión en el estómago por haber tirado por el sumidero la nada despreciable cantidad de 8 euros, haber alcanzado cotas de disgusto cercanas a la nausea durante su proyección, tenía a mis expectativas colocadas en un nivel tan bajo, que al levantar la vista todo lo que divisaban eran suelas de zapato. Aunque a veces tienes la sensación de que hay cosas que ya no pueden empeorar, la vida te enseña que todo es susceptible de volverse una hez aún más repugnante que la anterior. No te confíes. TODO PUEDE IR A PEOR.

Con estos ánimos tan poco halagüeños me enfrentaba yo al visionado de Los Odiosos Ocho, la última película de Tarantino, con la incertidumbre añadida del que teme el desastre. Las reseñas que había ojeado por encima no me habían quitado duda alguna ya que, teniendo en cuenta que había tantas opiniones a favor como en contra, lo que consigue este director y guionista es polarizar de una manera extrema los gustos de sus consumidores: o lo adoras sobre todas las cosas o lo odias como al asesino violador de tus padres. Es decir, ya puedes leer las reseñas que quieras que va a ser muy difícil que tu opinión cambie.

Si bien es cierto que esto es aplicable a la vida como concepto en general, en mi caso mi historia con Tarantino es una relación de amor odio digna de culebrón venezolano. A veces me apasiona, otras me parece una auténtica mierda. Hay películas suyas que no puedo dejar de ver y otras que soy incapaz de acabar.

Angustiado por esta tendencia pendular, sentado en el cine con mi botella de Coca-Cola, enfrentarme a la nueva cinta del director de Knoxville producía en mí una especie de horror atávico comparable al del que se asoma al abismo. Con Nietzsche apoyado en mi hombro, temía que la película que estaba a punto de empezar supusiera el golpe definitivo con el que matar a Dios y renegar, ya por siempre y de manera definitiva, del cine muchas veces brillantes del carismático Quentin.

 Y sin embargo… salí del cine satisfecho.

Sí, sí. He dicho SATISFECHO.

Puede parecer increíble, sobre todo teniendo en cuenta que vi la versión doblada al castellano con una de los peores casting de actores de doblaje de la historia y que a la película le sobra media hora (por lo menos). Me gustó. A pesar de las voces chillonas e insoportables de algunos de los personajes. A pesar de las interminables escenas de caballos cabalgando y diligencias. A pesar de que en algunos momentos los diálogos están hechos y pensado para inflar el metraje y llegar a esa extensión mastodóntica que tanto le gusta a quien nosotros ya sabemos. A pesar de la hemoglobina postiza que Tarantino debe inyectarse en vena. A pesar de todos sus defectos y exageraciones innecesarias.

Me gustó.

No sabría explicar muy bien el porqué, eso sí. Es una de esas cosas que te pasan y sientes que encajan con lo que deseas en ese instante. Quizá es por esos momentos en los que mucha gente la ve previsible, y yo la encuentro coherente y lógica. Quizá por los autohomenajes a Reservoir Dogs o a Pulp Fiction, dos de las cintas más queridas por mí de su filmografía. Quizá por el aroma continuo a La Cosa de John Carpenter que se respira durante todo el metraje, y que dicha película de ciencia ficción y terror sea una de mis favoritas de todos los tiempos. Quizá sea el profundo sabor a teatro de intriga, a vodevil de detectives y criminales encerrados en una mansión, ese ambiente de Cluedo con el que matabas las tarde de domingo. Quizá la música del genio Morricone que es puro spaghetti western destilado. No lo sé. Tal vez sea una mezcla de nostalgia y de ausencia de sensación de estafa, ese desagradable ronroneo que se te instala en las tripas cuando empiezan a pasar cosas que no tienen sentido y solo parecen justificadas en la mente del guionista para acceder al final preestablecido en su cabeza. No digo que Los Odiosos Ocho no haga trampas. No digo que el guión tenga una estructura con una lógica interna impecable. Solo digo que esta vez Tarantino ha hecho los trucos que yo quería ver y que en su misma situación habría hecho de igual manera. Libre de está decepción y reconfortado al ver como recibían disparos todas las cabezas que a mí me han parecían correctas, me siento mucho más preparado para disfrutar de los diálogos marca de la casa o de la dirección de actores fiel al estilo de siempre. Tarantino es Tarantino, y cuando te lame las pelotas justo de la manera que tú quieres, la erección es siempre firme, enhiesta y bastante provechosa.

Sé que es una manera muy partidista de verlo, pero como siempre digo, una opinión es lo que tiene. Es algo personal y no existe opinión más polarizada que la del partido formado por uno mismo.

Y ahora el cartel, por si acaso…

En cuanto a la polémica misógina que ha generado la película… es cierto que el personaje de Daisy Domergue interpretado por Jennifer Jason Leigh recibe más palos que una estera, que resulta repugnante y odioso y que no se profundiza mucho en su personalidad o en sus motivaciones, quizá porque lo único que es necesario es saber que es una víbora antipática que merece que se le pise la cabeza. Cuanto menos empaticemos con ella, cuanta más repugnancia genere, más justo encontraremos el castigo aplicado. Es cierto que es innecesario que tenga sexo femenino y que bien podría haber sido un Donald Domergue el que recabara el papel de saco de boxeo sin que eso produzca grandes cambios en la película, pero supongo que entonces nadie se habría quejado de las hostias recibidas por el pobre Donald, ni persona alguna habría hecho un llamamiento contra el sexismo lleno de oprobio que contiene la película. También os digo que es difícil hallar algún tipo de sexualidad en ella, y aunque en varias ocasiones los personajes reflexionan acerca de la conveniencia de ahorcar a una mujer, lo que queda claro es que a los cabrones hay que colgarlos. Sin más. Cabrones de género neutro. Tarantino realiza aquí un  ejercicio de paridad suprema. No hace distinciones. No discrimina por cuestión de sexo. El personaje es igualmente dañino, malvado y vil. Las toñas que recibe son igual de contundentes. El asco que produce es ajeno a su condición. Que tenga tetas es lo de menos. O lo de más. Porque si Daisy hubiera sido Donald, no habría habido polémica, y la polémica vende un huevo. Aunque sea una tontería. Aunque no exista. Dios nos salve de los extremos acabados en -ismo.

FIN DE LOS POSIBLES SPOILERS

 

Poco más me queda por escribir. Puedo decir que Los Odiosos Ocho ha supuesto mi tímido reencuentro con un director que me gustaba. Está lejos de ser perfecta y soy consciente de que tiene una duración más que exagerada, una parte que podríamos habernos evitado y varios excesos sin demasiado sentido, pero ante todo es una cinta que merece la pena ver. Yo al menos me lo he pasado bien viéndola. Las casi tres horas.

Dicho lo cual, si podéis, hacedlo en VOSE. Eso los que tenéis la suerte de vivir en ciudades civilizadas, claro.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

3 comentarios en Los Odiosos Ocho. Te perdono un poquito.

  1. Personalmente el único metraje que me sobró de la película fue al final (como a tí, imagino). No creo que Tarantino haya sido capaz de liberar toda esa tensión acumulada de forma satisfactoria, sobretodo con ese flashback metido con calzador. Para mí el clímax de la película tiene lugar al final de la primera parte, con la escena de Samuel L. Jackson y Bruce Dern, que me parece de lo mejorcito de la filmografía de Quentin.

    Y bueno, el doblaje me parece bastante acertado, creo que últimamente tendemos a ser mucho más duros con el doblaje que antes, pero esta en concreto no es una película que me moleste especialmente ver en español.

    • Lo primero, gracias por leernos y por dejar un comentario.

      En cuanto a los que dices, así es. El flashback final no es necesario creo que la película va narrando y dejando claro qué es lo que pasa en cada momento y es un añadido que no hace falta.

      En cuanto a lo del doblaje… después del crimen de traducir el 90% de Malditos Bastardos al castellano, escena del bar/sotano incluida, la verdad es que ando un poco picado con el tema.

  2. La pelicula esta bien pero no le llega a Django ni a los tobillos, ni en guion ni interpretacion ni en banda sonora.
    Tarantino es bueno casi siempre pero a veces es sublime y en este cado no lo ha sido.

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