Los Últimos, de Juan Carlos Márquez

Juan Carlos Márquez firma una de las mejores novelas distópicas de los últimos años.

Por Chema Mansilla

Esta novela engaña. En los últimos años han aparecido muchas novelas distópicas. Algunas estupendas, otras no tanto, algunas muy promocionadas y otras completamente olvidables. Muchas se han beneficiado de la “moda zombie”. Y tras leer el texto de la contraportada de este libro pensaba que me encontraba ante una más, cambia zombies por mutantes.
Las primeras página del libro tampoco ayudan demasiado. No podía quitarme de la cabeza que estaba leyendo otro derivado de “Soy Leyenda”, bien escrito, que ya es decir tal como está el patio, pero poco original. Aquí y allí aparecen algunas pinceladas del autor que modifican puntualmente una historia que ya he leído en muchos libros. A pesar de ello, y gracias al tono ligero, al buen ritmo y que confío en los títulos que publica Salto de Página, llegué a la segunda mitad del libro.
Por aquello de estropearle la sorpresa a nadie, no entraré en detalles, pero gracias a una pirueta narrativa, el autor cambia por completo las reglas del juego e introduce a los personajes en una situación completamente nueva y endiabladamente interesante. No soy muy amigo de las piruetas, y sinceramente creo que la excusa dada para llegar a esta nueva situación me parece terriblemente artificial y supone el mayor elemento de desagrado que he encontrado en la novela. Simplemente diré que no todo el mundo está preparado, así, en unos días, para pilotar una nave espacial. Pero superado ese detalle, tengo que decir que el cambio de tercio me hizo beberme el resto de la novela de un trago, y una vez finalizada, necesitar más. Las nuevas reglas, la nueva situación, las nuevas motivaciones de los personajes, todo, me enganchó muchísimo. Creo que sólo de esta segunda parte se podrían haber escrito otras 170 páginas de pura emoción dedicadas a diseccionar la naturaleza humana.
Y es que eso es lo que he encontrado en Los Últimos, una respuesta a qué es “lo humano”. Algo que muchas novelas de ciencia-ficción persiguen, y que en este libro encuentra una respuesta bastante satisfactoria, en mi opinión. Seguramente no definitiva, pero sí sencilla. Y tampoco se trata de convencer a nadie de nada…  El rotundo final de la novela, acaso dos páginas de texto, no sólo dan una respuesta a las preguntas que narrativa y filosóficamente plantea Juan Carlos Márquez, es que también invita al lector que se se replantee todo lo que ha leído anteriormente, a preguntarse si no hay otro punto de vista de los acontecimientos que no es el de los protagonistas, y cómo se verían esos personajes desde ahí.
Los Últimos es una novela sencilla, entretenida: pocas páginas, un viaje, una pregunta y una respuestas. Un libro que se devora en una tarde y que deja una puerta abierta a la relectura. ¿Cuántos libros ofrecen todo eso hoy en día?

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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