LOS WRENCHIES: El metacómic al cubo

Imagino que todo el que se ha atrevido a escribir sobre los Wrenchies, al encontrarse ante estas primeras líneas, habrá pensado “Vale, ¿por dónde coño empiezo?” Y es que los Wrenchies es difícil de entender, de resumir, de interpretar y de explicar. Pero es maravilloso.

Por Teresa Domingo.

 


Y como por algún sitio tengo que empezar, creo que para que la gran mayoría me siga (sobre todo los que no lo hayan leído), lo primero que hay que comentar que la historia se desarrolla en varias líneas de tiempo y diferentes realidades, expuestas en múltiples capas narrativas no lineales. Genial, ¿eh? Una trama igual de enrevesada que elaborada, que invita a la relectura por los siglos de los siglos, amén.

Todo comienza en el presente, en el que un niño llamado Sherwood y su hermano Orson entran en una cueva buscando tesoros  y sufren el ataque de un monstruo, del que salen aparentemente indemnes y tras el que encuentran un extraño amuleto.
La historia se traslada a un futuro postapocalíptico en el que no existen los adultos, y en el que los niños se agrupan en bandas, sobreviviendo como pueden y luchando para que no ser atrapados por los hombresombras antes de los dieciocho años. Una de esas bandas se hace llamar Los Wrenchies y, casualmente, uno de ellos se encuentra el primer número de un cómic de aventuras que se llama igual que ellos y en el que creen que hay un mensaje oculto.
Mientras tanto, en un futuro preapocalíptico, nos encontramos con la historia de Hollis, un niño que empieza a estar un poco crecidito para ir vestido de superhéroe por la vida, pero que, aun así, lo hace y además se pasa el día leyendo el número uno de la nueva serie de cómics Los Wrenchies y tiene un amigo imaginario con apariencia de fantasma, que, por lo que parece ha salido de la casa de su vecino de enfrente, un joven llamado Sherwood que se pasa el día de fiesta.
El cuarto escenario, realidad o como queráis llamarlo es el propio cómic de Los Wrenchies, no el que tenemos nosotros, sino el que tienen los protagonistas de esta historia, que a su vez tiene su propia historia con sus propios protagonistas, pero que también tienen su papel en la historia de nuestro cómic. Ya os he dicho que no iba a ser fácil.

A partir de aquí las realidades se superponen, piensas que eres imbécil y que vas a tener que darte a los cómics de Teo o al macramé porque no te enteras de nada. Pero no decaigáis, con un poco de paciencia y de mente abierta se convierte en una experiencia estupenda.

Farel Dalrymple no sólo ha perpetrado este entresijo de historias y personajes para este cómic, sino que a lo largo de los años ha ido creando un, complejo pero fantástico, universo propio a base de repetir elementos y personajes de unas obras en otras, pero sin necesidad de tener que conocer ninguna de ellas para enterarse de nada de lo que tienes entre manos. Sólo faltaría, que ya tenemos bastante con una. Toda esta “cosmovisión” del autor puede parecer pretenciosa por el carácter complejo de la obra pero no es más que un producto de tu imaginación, de pretencioso nada, ya quisiéramos entenderlo por completo y muchos guionistas desarrollarlo a la mitad. Este artista más que completo juega con el espacio y el tiempo como el que juega con pastillas de plastilina, que, al principio, todo parece muy definido y con un acabado brillante pero, al final, todos los colores se mezclan y te sale ese color de mierda. Y justo ahí es donde deja sumido al lector, dentro de su propia confusión. Pero incluso con esa masa de un color indeterminado, es capaz de esculpir la mejor de las figuras alegóricas.

Y las que no son alegóricas también. Cada personaje es una delicia por sí solo. Creados a partir de un dibujo de estilo sucio pero deslumbrante, cada uno irradia personalidad en cada uno de sus afilados trazos. Además todo el color está aplicado a mano, así que el resultado es sencillamente espectacular. Una pequeña obra de arte en la que Dalrymple aún tiene espacio y tiempo para jugar con el lector (del cómic en papel) y dejar en cada rincón una sorpresa, como lo que parecen simples detalles en las esquinas de las páginas, pero que, si los pasas seguidos, cobran vida.

El guión es brutal, el dibujo es una maravilla, pero, lo que realmente te deja con la boca abierta es lo que Los Wrenchies esconde entre líneas.

No voy a incurrir spoilers como tal, pero sí aviso que tengo que contar alguna cosilla más para poder explicar lo que significa para mí, aun así, no quiero herir los sentimientos de nadie contando más de la cuenta así que…

Los Wrenchies es el absoluto rechazo que se siente por el mundo adulto cuando uno es un adolescente y los hombresombras son una metáfora de la madurez, que poco a poco se cierne sobre ti y te obliga a sentar la cabeza. Da igual el espacio y el tiempo en el que nos tenga metidos el autor, todos los personajes sufren de un acusado Síndrome de Peter Pan: Hollis y su empeño en seguir siendo inocente, el Sherwood adulto, borracho y drogado, eludiendo sus responsabilidades, y cada uno los Wrenchies, cuya única meta es matar a los hombresombras antes de que se los lleven al otro lado.

Pero no nos quedemos en la superficie, hay que rebuscar entre las páginas del cómic para ver que realmente es un canto desesperado al mundo adulto para que no pierda la cordura, la creatividad, el interés por la fantasía y siempre recuerde la importancia de los seres queridos. Los que están y los que se fueron. Aquí hay todo un manual de cómo enfrentarse a la vida y no morir en el intento, contado desde el sentimiento triste del que ya lo ha perdido. Pero en el fondo es un mensaje esperanzador, y muchos estamos contentos de haberlo conseguido: un síndrome de Peter Pan bajo control y bien llevado, no sólo es sano, sino que es necesario para no tener que vivir en un mundo desolador. “Para sobrevivir en este mundo debes ser rápido y fuerte, debes ser un guerrero, debes aprender a luchar” o “El reconocimiento conduce a la conciencia“, son sólo dos de las demoledoras moralejas explícitas que vais poder disfrutar.

Durante el desarrollo de los acontecimientos, y más concretamente en los capítulos centrales, véase la explicación de El Científico, personaje creador del aparato que posibilitará la unión de todas las realidades, nos encontraremos con una lectura larga y tediosa, complicada de entender y difícil de superar, pero, ánimo, luego el ritmo vuelve, la acción y las aventuras regresan a la historia y todo empieza a encajar: El eje central es Sherwood, el cómic de Los Wrenchies es el hilo conductor donde confluyen todos los personajes de todas las realidades para encontrar la manera de que Sherwood esconda en su cómic un mensaje oculto que permita a todos los personajes arrejuntarse en amor y compañía en el mismo tiempo y espacio y salvar así al mundo preapocalíptico.

FIN DE LOS SPOILERS

La verdad es que me encantaría haber leído Los Wrenchies treinta veces antes de poder hablaros de ella, pero sólo he podido hacerlo tres y tengo la sensación de que me he dejado la mitad del mensaje en alguna realidad paralela, porque cada vez que cierras la última página millones de ideas y de mensajes ocultos te invaden la mente. Los Wrenchies gana al pensarla, al releerla y al comentarla, así que os animo a que conozcáis a esta panda, os adentréis en su mundo y nos contéis qué os ha inspirado a vosotros este dramón con atisbos de esperanza.

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Acerca de Teresa Domingo 140 Articles
Si es creepy, es para mí.

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