LOW. Maldito y sensual Remender.

Si os tengo que dar un consejo, es este: si no queréis comprar un cómic, no lo abráis. No lo ojeéis. No le echéis un vistazo. Ignoradlo. O ateneos a las consecuencias.

Por Javier Marquina.

Maldito y sensual Rick Remender. Ye me la has vuelto a jugar. Yo no quería. Juro que no quería seguir. Esta totalmente convencido de ello. Después de leer el primer tomo de Low publicado por Norma Editorial, tenía claro que eso había sido todo con respecto a la colección. Me encontraba más a gusto con Ciencia Oscura y, sobre todo, con Clase Letal. No necesitaba más de tus historias, y menos cuando esta odisea futurista y oceánica había supuesto una decepción en su inicio. Argumento demasiado etéreo, poco satisfactorio, borroso, y todo ello abocetado por un Greg Tocchini que parecía tener mejores cosas que hacer. Difuso, envuelto en una bruma que parecía anunciar cosas bonitas pero que se quedaba en un quiero y no puedo que no me llevaba a ninguna parte. Filosofía de mercadillo pronunciada de forma arquetípica por personajes que parecían maniquíes de unos grandes almacenes. Formas perfectas en cuerpos de plástico sin alma.

Esto, sin duda, había supuesto un alivio. Bastante trabajo tengo ya acumulado como para seguir con devoción una serie más. Todo apuntaba a que iba a tomar la opción correcta. Un tomo menos. Menos lectura. Menos gasto. Más tiempo. Todo felicidad. Yo era un hombre convencido que esgrimía la decisión correcta. Mi voluntad era férrea. Nada iba a cambiarla. Maldito y sensual Rick Remender.

Cuando uno es un enfermo adicto a la compra de cómic, tu librería de cabecera no es el lugar más seguro en el que desintoxicarse. Cuando llegan las novedades, un aura impregnada con olor a tinta te envuelve, aturdiéndote con sus efluvios. Ves los tomos colocados, expuestos con sus portadas de brillantes colores, y te sientes como un putero profesional ante los escaparates del Barrio Rojo. La erección cultural es inevitable. Te diriges como programado hacia lo que ya sabías que te ibas a llevar. Tu lista de la compra. Las coges. Echas un vistazo al interior. Hueles con disimulo las páginas. Vas haciendo una pila que va a hacer arder tu tarjeta de crédito. Y entonces, cometes un error. Eres un gilipollas lleno de debilidades. Sabes que no debes hacerlo, pero lo haces. Es el pequeño sorbo a la cerveza de un alcohólico que cree que controla. La calada al cigarro en la boda 14 años después de dejar de fumar. El hecho consumado que te precipita al abismo. Coges con manos trémulas le segundo tomo de Low. Te convences de que lo haces para apuntalar tu decisión. Para cerciorarte. Seguro que va a ser una puta mierda. Lo mirarás, lo volverás de dejar en su sitio te reirás porque tenías razón al comprobar que nada ha mejorado. Entonces ves a una rubia cañón vestida de rusa imperial montada en un oso mecánico. Y comprendes que ya estás jodido. Maldito y sensual Rick Remender.

Todo lo que Tocchini no había logrado en el primer volumen de la colección, se vuelve de repente un impresionante despliegue de efectos especiales favorecido de forma decisiva por el nuevo colorista, un Dave McCaig en estado de gracia que realza cada una de las páginas y viñetas que toca. La historia evoluciona introduciendo nuevos personajes e imperios, enriqueciendo la distopía futurista de una humanidad condenada a vivir en el fondo del mar debido a los venenos que asoman la superficie de la tierra. Además, todo acaba con un cliffhanger anticlimático, pausado y reflexivo, que te obliga a esperar con ansía el siguiente número, como todo buen yonki haría. Hay peleas en plan amazona con pechos desnudos, la vuelta de la armadura todopoderosa, vampiros subacuáticos y una galería de personajes que parece estabilizarse en el típico grupo de marginados que acompañan al héroe (heroína en este caso) en su periplo. Y todo hecho con un rabioso preciosismo lleno de violencia, dictadura moral y cuchillos ceremoniales capaces de redimir a un perdido.

Yo, que tenía claro que Low era una mierda, he vuelto a caer en sus garras de la forma más inocente. Ahora solo quiero que pasen los meses para poder continuar con la historia, aterrado por si la mala fortuna consigue que la siguiente entrega mejore a la anterior y me vea abocado a la muerte por una mezcla de síndrome de belleza extrema y estupidez. Esa tontería del que se droga sin control creyendo que va a ser el único ser humano capaz de librarse de la tenaza de la adicción, y acaba entregado a sus vicios como el memo débil y pusilánime que es.

Si no queréis comprar Low, no abráis Low. Os lo imploro. Vuestro bolsillo os lo agradecerá. Quizá vuestro nivel cultural y de disfrute se resienta, pero eso es otra historia. No os dejéis atrapar. No podríais escapar. Es el canto de sirena que te pilla sin cuerda, sin mástil, sin barco y sin ganas de resistir. Maldito y sensual Rick Remender.

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Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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