Mad Max: Furia en la Carretera

Max Rockatansky regresa en su secuela definitiva y emocionalmente más satisfactoria
Por Chema Mansilla

mad+max

Ahora sí. Mad Max regresa al cine treinta años después de la Cúpula del Trueno en la secuela definitiva. Y es que la peli de 1985, con todos esos alegres niños correteando por ahí, era un cierre agridulce para la saga planteada por George Miller. En aquella época, el gran presupuesto y que Mel Gibson se hubiera convertido en una estrella de la pantalla impidieron que la tercera entrega de Mad Max fuera el descerebrado espectáculo que el personaje requería. Eso le costó a Miller el poder terminar la película a su gusto y al público un final poco consistente.

Pero ahora que a nadie le parecía importar nada que Miller se pusiera a hacer tonterías en el desierto, pero con una buena inyección de pasta de por medio (por aquello de que lo ochentero está de moda) no sea que sonara la flauta, el creador de Mad Max ha creado la secuela definitiva. Y digo secuela definitiva porque, personalmente, yo me olvido de la Cúpula del Trueno tras ver esta gloriosa macarrada.

Miller, que es un respetable artesano del cine de 70 años de edad y que ya no tiene que demostrar nada a nadie, da una clase magistral de macarrismo y buen hacer. Porque si lo que quieres conseguir es una película apocalíptica de violencia, gasolina y polvo, eso es lo que debes enseñar. Y eso es lo que hay en Mad Max Furia en la Carretera, ni más ni menos. Es, básicamente, un “dejaos de mariconadas”. El cine de acción lleva veinte años un tanto dulcificado. Serán la exigencias de las productoras, lo gustos del público… Pero los que somos ya de “La Vieja Guardia” recordamos cuando las cosas eran diferentes y John Carpenter te daba justo lo que querías. Creo también que es un poco lo que anda tratando de hacer Clint Eastwood con sus últimas pelis, aunque de una manera más intelectual. Que nadie se confunda: Mad Max no es una reflexión sobre la iniquidad del egoísmo y la tiranía del hombre malo, o sobre la dualidad moral del incierto futuro social establecido sobre unas estructuras éticas y económicas tambaleantes. En Mad Max Furia en la Carretera sólo hay hombres malos y hombres que tratan de sobrevivir. Si vas a a verla buscando otra cosa, lo estás haciendo mal.

Esta película es una locura. Tras apagarse las luces y empezar la película, llegó un momento en el que pensé: “llevo aquí 40 minutos, todavía no me han dado un segundo de descanso, y me voy a morir”. Y así toda la peli. Miller lleva el pulso de la película como sus pilotos “kamicafres” llevan el pie sobre el acelerador: inmisericordemente. Este señor de 70, que dirigió las dos película de Brave El Cerdito Valiente, le pasa la huevada la mano por la cara a todos esos nuevos niños malos del nuevo Hollywood.

Al otro lado de la cámara está Max Rockatansy, ahora con la cara de Tom Hardy (que se parece más a un joven y musculado Kevin Costner que a un fibroso y loco Mel Gibson). Un personaje que no debe de decir más de ocho palabras en toda la película y que básicamente es sólo un engranaje para el lucimiento de la auténtica protagonista: Furiosa. Charlize Theron (menos un brazo) interpreta a un personaje que es digno heredero de Sarah Connor o Ripley. A su alrededor revolotean una serie de secundarios de esos que apestan a “carne de cañón”, y frente a ellos tenemos a Immortan Joe. Joe es uno de esos malos de la vieja escuela que el cine ha perdido. Lo que ahora son inteligentes discursos y réplicas ingeniosas (que también está bien) era antaño, como es en esta película, una presencia de las que se come la pantalla. Tampoco es que el personaje tenga demasiado desarrollo psicológico (ninguno lo tiene, ni falta que les hace), simplemente es el malo, y es un malo que mola porque no trata de justificar lo que hace. Simplemente es el malo porque hace cosas que tú crees son malas. ¿Puede haber mayor malo? Pues cuidado con lo que votas en las próximas elecciones…

La gran presencia de Immortan Joe es además uno de los mejores ejemplos de un diseño de producción espectacular. Miller, acostumbrado a rodar sus pelis de Mad Max con lo que podía agenciarse en una chatarrería, recrea un mundo de herrumbre y combustible mal quemado que sólo consigue embellecer las ideas más locas y descabelladas que se han visto en los estrenos de los últimos años. Desde el diseño de los vehículos al de las armas. Incluso el paisaje, que para tratarse sólo y exclusivamente del horizonte en el desierto, muestra mucho más despliegue visual que muchas las grandes ciudades que he visto caerse abajo a base de efectos especiales el último par de décadas.

La banda sonora, las grandes y grotescas ideas, las explosiones, la violencia desenfadada, la fotografía, el no tener que dar explicaciones… Todas las piezas que forman el motor de esta película mantienen en marcha la loca carrera hacia delante de este camión de guerra cargado de líquido inflamable de una manera de entender el cine de acción que se había olvidado.

Decía Tuco en El bueno, el Feo y el Malo: “Cuando se dispara, no se dice nada”. Y esa genial simplicidad es en resumen Mad Max: Furia en la Carretera. La auténtica película de 1985 que han estrenado este año.

 

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2 comentarios en Mad Max: Furia en la Carretera

  1. Sólo hay una cosa que lamento de esta película: no haberla visto de chavalín en un cine de verano, con las hormonas revolucionadas y la capacidad de asombro intacta. Miller demuestra que quien ha sabido hacer películas con cuatro amigotes, tres coches de segunda mano y dos céntimos en el bolsillo sabe hacerlas también con una millonada obscena y un reparto formidable. ¡Qué gran día! ¡Qué gran día!

  2. Este es el año de MAD MAX. Ni vengadores ni star wars (muy bien lo tiene que hacer J.J. aunque ya me sorprendió muy gratamente con Star Trek) Lo que se puede llegar hacer con tan poco. Esto es lo que esperaba cuando fui a verla, nada más. Y la segunda vez también. Diseños de vehículos y personajes demenciales, Charlize Furiosa inconmensurable, Max tan parco en palabras (o más) como siempre, esto es punk apocalíptico en el más amplio sentido de la expresión. Quiero más Max. más Inmperator, más Joe, más locos de la carretera. Más locura.

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