MAEUMUI SORI. La Voz de tu Corazón.

El webcómic de más duración de Corea del Sur salta a la pequeña pantalla en forma de dorama disparatado.

Por Teresa Domingo.

Cuando Netflix anunció la llegada de La Voz de tu Corazón a su parrilla y leí que traían un dorama de comedia absurda, mi cerebro no era capaz de asimilar tal concepto. Mi reducido conocimiento sobre la cultura japonesa me permitía saber que las telenovelas niponas se denominan Terebi (televisión) Dorama (drama), pero no lo hubiera relacionado jamás con la comedia, y mucho menos absurda. Los japoneses tampoco. De hecho, la nacionalidad de esta serie es coreana (del sur, claro). Y es que todas las series de ficción coreana se denominan, aunque sea incorrecto etimológicamente, doramas, siempre y cuando salgan actores conocidos.

Por suerte, no hay que ser un experto en doramas para disfrutar de uno tan genial como La Voz de tu Corazón. Sí que es cierto que, habiendo visto unos cuantos de los más famosos, seguramente se disfrute de más de una parodia y alguna que otra referencia desternillante escondida en los diálogos pero, personalmente, si apenas me da la vida con las series de aquí y los animes de allá (voy a dejar de lado la lectura, que me agobio), no creo que tenga tiempo de sumergirme, además, en el submundo de las teleseries coreanas, que me consta que es bastante amplio y cuenta con un gran número de adeptos.

Una vez aclarado que el nivel de carga dramática que me iba a encontrar iba a ser ninguno,  que lo que me iba a poner a ver no iba a resultar El Rosario de Aurora-San ni iba a presenciar harakiris por amores imposibles, me puse a curiosear la sinopsis en la que descubrí gratamente que era la adaptación de Maeumui Sori, el webcómic coreano más longevo, obra de Ji Suk, que contiene las historias “cotidianas” de un dibujante de webcómic, su familia y su novia, basadas en su propia familia. Para mí, una premisa más que curiosa, suficiente para echar un ojo a algo tan lejano a un solo golpe de clic.

Y, en el fondo, no es que la premisa sea nada imprescindible ni trascendental para el devenir de la vida, porque las situaciones iniciales y personajes que nos presentan son de lo más normales. Un dibujante que todavía vive en casa de sus padres, con un hermano bastante vago y alelado, la típica madre que, zapatilla en ristre, quiere que sus hijos sean personas de provecho y no sigan los pasos de su padre, que se tiene que pluriemplear porque su negocio de venta de comida rápida no funciona. Pero pronto se descubre que lo que parece una familia normal resulta ser una panda de tarados, que se ríen los unos de las desgracias de los otros mientras se vacilan sin parar.

Precisamente ahí es donde radica la verdadera esencia de La Voz de tu Corazón, en la mediocridad de los personajes ensalzada por la grandiosidad de sus intérpretes. El escaso pero magnífico elenco de la serie es lo que realmente engancha. La expresividad, ya no sólo del rostro, sino también del cuerpo de los actores, es lo que hace de cada uno de los personajes un delicioso cliché al que coger cariño rápidamente… Y al segundo capítulo sólo quieres ver a Cho Seok, que así se llama el alter ego del autor, haciendo el ridículo, a su padre liándola parda en su nuevo trabajo por horas y a su madre perdiendo los papeles por la familia que le ha tocado en suerte, mientras la cámara hace zoom a su cara en ese rápido cambio de plano tan característico del humor oriental.

Veinte capítulos, de cuarto de hora aproximadamente cada uno, presentados en diez episodios dobles, que resultan de lo más agradecidos para esas tardes que no apetece pensar en nada, ni seguir una trama enrevesada, que también existen tardes de esas en la ajetreada vida de una, y siempre conviene tener a mano algo tan divertido que nos aleje del ruido cotidiano.

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Si es creepy, es para mí.

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