MAGE: La definición del héroe.

Matt Wagner gestó esta maravilla hace veinte años, diez después de haber sembrado la semilla de Mage en el mundo del cómic independiente. Ahora el círculo se cierra y es hora de rescatar la leyenda de Kevin Matchstick.

Por Joe Runner.

Hace algunos cientos de años el ser humano utilizaba los mitos sobre antiguos dioses y héroes para poder explicar la mayoría de fenómenos naturales a los cuáles eran incapaces de encontrarles una mejor forma para comprender qué narices estaba sucediendo en realidad. Bueno, vale, quizá no hace tanto que se usaban esos mitos, ya que actualmente hay millones de personas que siguen creyendo en religiones (estúpidas todas ellas) que, recopilando todas estas historias más antiguas que el bañador de Fraga, intentan sustentar una ideología sobre un ser todopoderoso del cual fuimos hechos a su imagen y semejanza y bla, bla, bla. En realidad toda esta gente me da bastante igual. Cada uno con su creencia estúpida. Yo, personalmente, sigo creyendo que los Fruitis existen en alguna isla paradisíaca entre Trinidad y Tobago. Porque son dos islas distintas, ¿no?… A lo que yo me refería es que al ser humano siempre le ha gustado este tipo de cuentos o relatos en los que un personaje pasa ciertos periplos, termina convirtiéndose en un héroe de la época para luego, irremediablemente, terminar muerto de la forma más cruel y estúpida que nos podamos imaginar. Y, casualmente, uno de esos mitos que han calado hondo en el colectivo son las novelas artúricas, en las que el valeroso rey Arturo, un antiguo monarca que junto a su espada Excalibur, su guía, el mago Merlín y sus caballeros de la mesa redonda, consiguió traer la paz a las tumultuosas islas británicas, luchando contra todo tipo de enemigos, ya fueran sajones o personas normales. Obviamente detrás de todo esto existe la figura de un personaje real, que no tiene nada que ver con tanta pantomima. Pero, ¡maldita sea! ¡Mola tanto el puñetero rey Arturo!

Como cabría de esperar, esta pasión artúrica no llegó solamente a los libros o el cine, sino que también salpicó, y de qué manera, el mundo del cómic con obras como Camelot 3000, Black Knight o decenas de referencias en las dos editoriales más poderosas de USA. De hecho, el mito artúrico es tan influyente que hasta Matt Wagner basó una de sus primeras obras en este tipo de historias. Durante su estancia en Comico Comics, el autor americano creó el cómic de Mage, una historia que giraba en torno a Kevin Matchstick, un joven que resultaba ser la nueva reencarnación del Pendragón y que debía luchar contra un mal ulterior que amenazaba con acabar con el mundo tal y como lo conocemos. Aquel cómic ganó bastante fama entre los lectores americanos y, tras unos años, Wagner decidió comenzar la segunda parte de su obra. Esta vez nos encontramos con un Kevin mucho más maduro y consciente de cuál es su papel en esta historia, pero pecando todavía de ser un novato en esto de ser un héroe. Porque una cosa es nacer con un destino predeterminado y otra muy diferente es saber cómo narices llevarlo a cabo.

La idea de que Mage tendría una continuación venía marcada desde que la primera parte dejara claro que su compañero y guía mágico, Mirth, en realidad era la primera de las tres encarnaciones del mago que debía ayudar al elegido a convertirse en el héroe necesario en cada momento. Después de que Kevin se quedase sólo, tras acabar con sus enemigos, Wagner nos presenta un nuevo universo en el que proliferan las reencarnaciones de antiguas leyendas, que son los encargados de limpiar la Tierra de todas las amenazas fantásticas. De esta forma conoceremos a personajes como Joe Phat, la reencarnación de Herakles, el rápido Kirby Hero, que representa a una de las deidades indias americanas o a su nuevo guía, el patoso e indigente Wally Ut. Con este grupo (y algún que otro mito famosete más), terminarán en el norte de América, que ha atraído a todos estos fenómenos de manera mágica y que amenaza con terminar sumiendo el mundo en una oscuridad mayor que la primera vez…

Seamos sinceros, si has leído la primera parte de la historia, esta parte no te va a descubrir nada nuevo. Me gusta mucho ese dicho que versa: “si no está roto, no lo arregles”. Y parece que a Matt Wagner también le gusta, pues le da al lector lo que busca desde un principio. La aventura fantástica, la acción desmedida y la cantidad de referencias a la mitología universal son la gran baza de una de las grandes obras que ha dado el cómic independiente en los últimos treinta años. La cuestión real sería, ¿es necesario leerse la primera parte para poder comenzar esta segunda? La respuesta sencilla sería un NO rotundo. Sobra decir que si sabes qué narices sucedió en el otro volumen, entenderás más a los personajes y los comentarios que se hacen sobre otros que no aparecen. Lo que sí está claro es que esta es infinitamente mejor a la primera, con un guión mucho más pulido y que sabe ir evolucionando constantemente hasta llegar a un final que nos dejará un muy buen sabor de boca.

En realidad, la primera vez que leí Mage fue porque el dibujo de Wagner me encanta. Es cierto que su estilo artístico ha ido evolucionando con el paso de los años, es algo que se puede comprobar perfectamente entre los tres volúmenes, pero siempre con mucha calidad. Ese trazo duro y sucio que suele enriquecer con el uso de las sombras me parece una gozada visual. Haciendo una comparación entre los tomos de los que estamos hablando en este artículo y los del volumen anterior y los números actuales, creo que en La Definición del Héroe nos encontramos ante su mejor trabajo y eso que para la primera parte contó con Sam Kieth en las tintas. Lo cierto es que el coloreado de Jeremy Cox le vino como anillo al dedo, dándole más aplomo a un arte y una historia que se merecían este salto cualitativo. Con este tebeo me sucedió algo parecido que con Grendel: me acerqué por su historia y terminé enamorándome perdidamente del dibujo. Qué le vamos a hacer, la carne es débil…

La buena noticia es que el autor ya va por su tercera y última parte, publicándola actualmente en Image Comics, por lo que los fans de la serie estamos de enhorabuena. La única pega es que conseguir las ediciones de Dolmen de sus dos primeras partes es, a día de hoy, bastante difícil, ya que se encuentran descatalogadas. Estaría bien que alguna editorial hiciera alguna reedición en buenas condiciones ante la situación de que Wagner va a acabar, de una vez por todas, esa historia que comenzó a contarnos a principios de los ochenta y que ha ido mutando con el cambio de las generaciones. Y es que los mitos jamás pasan de moda porque, al fin y al cabo, ¿quién no querría ser un héroe?

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Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas…

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