MANIAC: La mente del perturbado.

Un remake fuera de lo común. Un slasher fuera de lo común. Y un Elijah Wood que encarna a un tipo con unas costumbres muy fuera de lo común.

Por Teresa Domingo.


Qué feo es eso de afirmar rotundamente algo, ¿verdad? Siempre pueden pasar mil cosas que cambien esa afirmación, o cambie tu forma de verla, y tengas que retractarte de tus palabras. Pues bien, para mi, ese día ha llegado. Y es que reniego tanto de los remakes y los reboots, que, cuando llega algo como “Maniac”, me tengo que callar y retractarme.

Frank (Elijah Wood) es un restaurador de maniquíes, cargado de traumas infantiles por la pérdida de su madre, que sólo encuentra consuelo en el asesinato y posterior customización de jóvenes más o menos al azar. Un día, se encuentra con Anna (Nora Arnezeder), una fotógrafa francesa, que descubre el taller de restauración y se interesa por el trabajo de Frank, con el que quiere montar una exposición muy cool. Somos testigos de la debacle mental que se desata en la cabeza de Frank al ver como se confrontan su deseo de encontrar el amor y el de engrosar su lista de asesinatos.

Para los que no sepáis nada, os pongo en antecedentes. El “Maníaco” original es una película de serie B, dirigida en 1980 por William Lustig (productor de esta nueva versión). En pleno boom del slasher, supo ganarse a los fans del género con una propuesta diferente y novedosa: relató toda la acción desde el punto de vista del asesino, haciendo cómplice al espectador de sus atrocidades, presumiendo del buen uso de la casquería y convirtiéndose en una película gore de culto. El tirón del cine de culto, ay. Da miedo ir a ver remakes de películas que ya tienen un nombre y comprobar que el verdadero linchamiento no está en la pantalla. Ahí tenemos los ejemplos de “Evil Dead” y “Carrie”, un auténtico sacrilegio cinematográfico. No voy a decir nada del “Old Boy”, de Spike Lee…

Con la nueva versión de “Maniac” no ocurre eso. La loca adaptación que ha ideado Alexandre Ajá (“Las Colinas tienen ojos”), responsable del guión junto a Gegory Levassieur, ha querido y ha conseguido llevar más allá el concepto de la original, incluso dar un paso más en el propio concepto de slasher, e introducir una nueva variante novedosa. En esta ocasión asistimos a toda la narración en primerísma persona, con los tiros y ángulos de cámara pensados como si fueran vistos por los maléficos ojos Elijah Wood, haciéndonos cómplices, ya no sólo de sus actos, sino de lo retorcido de su mente.

Todo esto supone un extra de complicación en el rodaje, impecablemente realizado por Franck Khalfoun, que presenta un estilo técnico y artístico que engrandece la obra original. Se nota que está en su salsa. El uso justificado de espejos y reflejos estratégicamente colocados, o valerse de las cámaras de seguridad cercanas, nos permite disfrutar de la tremenda actuación de Wood. Sobre él cae todo el peso interpretativo, sin menospreciar al resto del reparto que se ve obligado a interpretar mirando a cámara e incluso a interactuar con ella. Todo ello acompañado de una banda sonora, de esas que te involucran a cada nota. Un compendio de sonido de sintetizadores, que realzan el nivel de locura de las imágenes.

El recreamiento en los asesinatos y su posterior re-creación de “pequeñas obras de arte”, la lujuria sádica que emana el único momento de la película en el que la cámara se sale del punto de vista de primera persona y nos permite asistir a la ira desquiciada del protagonista, el derroche de sangre bien hecha, y ese pedazo de homenaje a “El Gabiente del Doctor Caligari” no hacen más que plasmar el entusiasmo que sienten, tanto Khalfoun como Ajá, por el género, y nosotros se lo agradecemos. Mucho.

“Maniac”. Una película tremendamente salvaje, violenta, sangrienta y explícta, que nos muestra la brutalidad sin escrúpulos de la mente de un auténtico tarado, con un “gore de autor” hecho con saña, y que desemboca en un final grotesco, no apto para todos los públicos, aunque sea poco sorprendente si ya has visto la primera versión.

Así que yo, señores, me retracto. No odio ni repudio todos los remakes de terror. No deberían estar prohibidos, ni penados por la ley, porque en ocasiones son ejecutados por las personas adecuadas y se hacen dignos de ver y no de lamentar. (Maldito Spike Lee…).

Sigue a Teresa Domingo en Twitter: @Tuiteresita

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Si es creepy, es para mí.

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