“Medio Rey”, de Joe Abercrombie

Fantascy comienza la edición de la nueva saga fantástica de Joe Abercrombie
Por Chema Mansilla

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Me gustan los libros de Abercrombie. Creo que es uno de los autores de fantasía en activo con más talento. Y me parece una lástima que su nombre parezca estar a la sombra de otros grandes escritores del momento, como Martin o Rothfuss. No digo que los otros sean peores, ni mejores, pero sí que lo firmado hasta ahora por Abercrombie merece una mayor difusión. Espero con ganas que alguna productora avispada le eche mano a la licencia y haga alguna serie de TV horrible, de esas que empiezan muy bien pero que a la quinta temporada ya no quede un espectador que la vea sin echarse una cabezadita, pero que consiga que se vendan muchos ejemplares de sus libros.

Abercrombie es otro autor que se ha sumado a la tendencia de la “fantasía sucia”, ya sabes, esa que habla de unicornios y elfos, pero que lo hace salpicando su trama de violencia (física y moral) y construyendo unos personajes de tonalidades grises que llevan sus historias a un nivel prácticamente cotidiano. Héroes de esos que escupen por el hueco del colmillo después de arrasar una aldea. No hablemos de los villanos, que son lo mismo, pero con más cicatrices… Un saco viejo, todo sea dicho, pero que ahora parece haber sido descubierto como tendencia literia y en el que muchos autores se están metiendo últimamente, y entre los que destaca, gracias a su buen trabajo, Abercrombie.

Hasta el momento Abercrombie tomaba ideas de aquí y allá como base para sus historias. Más de un lector se habrá sorprendido pensando en “Sin Perdón”, por ejemplo, mientra leía alguna de sus novelas. Y hasta ahora tengo que decir que esa fórmula había funcionado. Digo hasta ahora porque con el inicio de la edición de su nueva saga, “El Mar Quebrado”, con “Medio Rey”, es la primera vez que pienso que Abercrombie ha perdido un poco de fuelle. Tanto, que en un par de ocasiones he tenido que revisar la portada en busca del sello de algún tipo de sello de “colección juvenil”. El chiste fácil sería decir que “Medio Rey” resulta “libro”. Ba Dum Tss. Ahora explico el chiste.

Todas las novelas de Abercrombie se leen de un tirón y son puro enganche impreso, como si la tinta hubiera sido mezclada con heroína o algo así, da igual el número de páginas. Pero esta primera novela de la saga, de momento su libro más corto, supone una serie de anécdotas, una tras otra, en las que me parece que el autor ha perdido intensidad. “Medio Rey” cuenta la historia de un joven príncipe tullido que sufre una serie de penalidades terribles en su camino hacia la venganza. No entraré en más detalles ni diré si consigue o no su propósito, por aquello de preservar las posibles sorpresas al futuro lector del libro. Pero diré que sorpresas hay pocas (aunque interesantes). “Medio Rey” se lee de un par de sentadas, y no tanto por su intensidad como por lo liviano de la narración. Una de esas lecturas en las que no se puede evitar pensar que 100 páginas más habrían terminado por redondear una historia que, a pesar de estar bien planteada, tal vez carezca de algo de desarrollo. También diré de “pegada”. Tras leer libros de Abercrombie en los que la acción eran una coz en la cara de lector, con momentos épicos de los que dejan recuerdo, aquí parece que el bueno de Joe, tras escribir un par de párrafos algo descafeinados, recuerda que según su propio libro de estilo debe introducir algún tipo de acción contundente y decide mutilar a alguien que pasaba por allí, porque sí. No añade ningún valor narrativo, pero mola. Si habláramos de otro autor a lo mejor esta sensación no sería tan grande, pero en el caso de Abercrombie, y comparando este libro con otros suyos publicados anteriormente, sí que resulta llamativa esta pérdida de sustancia. Especialmente en la creación de los personajes, que como antes comentaba, es uno de los fuertes del autor y que aquí parecen no haber sido trabajado lo suficiente. Para viejos conocidos de Abercrombie, diré que la comparación entre “Escalofríos” y “Nada”, dos personajes muy similares de novelas anteriores y de este “Medio Rey”, es como comparar el Joker de Ledger con el de Romero. Exagero, claro, pero no demasiado. Hay personajes de cierta importancia que desaparecen de un modo u otro de la narración sin conseguir que el lector parpadee si quiera. Mucho menos derramar una sentida lagrimita.

El rebaje de intensidad, insistiré por si algún otro fan de Abercrombie quiere saltarme al cuello, no tiene tanto que ver con un rebaje de la violencia que, por otra parte, está ahí de manera puntual. Tiene más que ver con construir unos personajes llenos de dobleces y esquirlas. El único personaje que evoluciona realmente durante las casi 400 páginas del libro es Yarvi, y lo hace casi de buenas a primeras. Los secundarios en apenas un par de párrafos ya huelen a muerto o a “adivina quién es ese personaje que va a solucinar la trama de la manera más evidente y esperable”. Algunos lectores de “Añoranzas y Pesares” reconocerán algún que otro estribillo leyendo este libro… Es curioso que habiendo conseguido construir un mundo que funciona de manera muy sólida como escenario político y religioso, lleno de detalles y buenas ideas, finalmente Abercrombie presente unos personajes  tan planos. Algo que afecta directamente a las acciones narradas, claro…
“Ahora van aquí. Hacen esto. Llegan allí. Les pasa lo otro”. Ahí se ha fundido Abercrombie cuatro capítulos. La trama avanza de una anécdota a otra en lo que parece más una serie de anotaciones del autor para escribir su novela que la novela en sí. Algo que resulta todavía más sospechosamente evidente una vez comenzada la lectura del segundo libro de la saga, “Medio Mundo”, en el que el desarrollo de uno de los protagonistas en tan sólo un capítulo tiene más densidad que el de todo el grupo de secundarios de “Medio Rey”. Dicho esto, parece que el primer libro de “Mar Quebrado” sólo sirve para establecer un escenario en el que comenzará a desarrollarse una acción de los siguientes libros. Algo extraño en Abercrombie, que en pocas páginas te tiene ya metido en harina y chapoteando en sangre. Sólo en las parte final del libro Abercrombie pisa algo el acelerador de las emociones, lástima que los personajes no lleguen lo suficientemente maduros como para que las conclusiones de sus tramas emocionen al lector.

A estas alturas, con “Medio Mundo” recién empezado y completamente satisfecho por haberme reencontrado con el Abercrombie que tanto me gusta leer, considero cada vez más la novela de “Medio Rey” como un “dramatis personae” que como un primer capítulo de la saga. En cualquier caso, confío en Abercrombie. ¿Creo que “Medio Rey” es un pinchazo? Sí, creo que el libro podría haber dado mucho más de sí. Pero no le daré mayor importancia si el bueno del Príncipe Yarvi me guía con su mano deforme a dos nuevos libros gloriosamente intensos. Y tal como empieza “Medio Mundo”, creo que así será.

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