MESMO DELIVERY. La estética de la carnicería.

Vamos a hablar de masturbación. De lo de darle al manubrio. De la manola. De la gayola. Del placer fácil como la bolsa de patatas de una máquina expendedora. De esos momentos de intimidad en los que te alías con tu mano y le das cera a las gónadas.

Por Javier Marquina

En realidad, vamos a hablar de disfrutar. Porque hay tebeos que cuando los coges, son como uno de esos grandes polvos veloces. Te dan todo con rapidez, sin esfuerzo, te colocan en el orgasmo con apenas cuatro sacudidas. Son rápidos. Son eficaces. Son perfectos para su cometido. No buscan trascendencia, revolución o ese esfuerzo desmesurado y estéril por epatar que a menudo sufren los autores. No necesitan un argumento elaborado para dispararnos a bocajarro en nuestro núcleo accumbens, dejándonos con esa sonrisa bobalicona que se nos queda cada vez que practicamos sexo. Son un producto creado para demostrar lo sencillo que es entretener y asombrar, y lo complicado que es hacerlo con la naturalidad asombrosa que tienen todos los cabrones tocados por la varita de las musas.

Rafael Grampá es un brasileño nacido para dibujar. No solo eso. Este señor fue concebido para hacer las cosas de una manera diferente y que, además, para conseguir que todo lo que saliera de la magia de su lápiz se convirtiera en algo molón a rabiar. Grampá ha nacido para proporcionarnos orgasmos sin tocarnos, armado tan solo con una narrativa cinematográfica alucinante y unas buenas dosis de espectacularidad, violencia e iconos reconocibles.

Mesmo Delivery es la historia de un camionero que lleva una carga desconocida y tiene por copiloto a un imitador casposo de Elvis, tan ridículo como letal. Es un tebeo que narra una pelea, una secuencia única de una road movie infernal. Un cortometraje casi perfecto que podría haber rodado Tarantino. Situado en esa América abisal llena de paletos y pistolas, las coreografías de combate, que chorrean un gore rojo y viscoso, son el sueño de cualquier aficionado a Bruce Lee. Una parodia perfecta y casi superheroica de los fornidos kamikazes de la MMA. Mesmo Delivery es intrascendente y directo, con ese punto desagradable que te hace torcer el gesto,  pero que acaba convirtiendo tu malestar en una sonrisa. Es una chorrada afortunada. Un pasatiempo. Uno de esos momentos rápidos de disfrute que te recargan las pilas. En efecto, Mesmo Delivery es una buena paja.

Muchas veces nos esforzamos en romper todos los moldes a base de volvernos rebuscados y complicados, esgrimiendo estructuras amaneradas que convierten la supuesta seriedad en una payasada que hiede a fracaso. Nos dejamos los cuernos en el proceso creativo forzando la máquina de la constancia, y nos negamos a aceptar que es un engranaje cuyo gasoleo es el talento. Grampá lo tiene. A toneladas. Solo hay que ver la calidad de sus ilustraciones, llenas de ese punto diferente que las convierte en asombrosas. Poder disfrutar de una obra completa de este autor es una gozada ante la que hay que rendirse y dejarse llevar, como si fuéramos adolescentes cubiertos de hormonas y poros volcánicos que se abandonan al arte del onanismo acompañados de porno en streaming y de un calcetín.

Para terminar, solo incidir en la mayúscula sorpresa que supone que un cómic de semejante calidad todavía no haya sido publicado en España, hecho incompresible dado el talento que desprenden las viñetas y la situación de avalancha de títulos lanzados a las librerías de forma mensual que vivimos en nuestro país. No puedo entender cómo se editan trabajos que van desde la calidad más que discutible hasta la mierda más nauseabunda, y sin embargo pequeñas joyas como esta permanecen en las estanterías digitales esperando a que Tío Amazon nos las ponga en la puerta de casa.

Ver para creer.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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