METROID: SAMUS RETURNS. El genocidio cuqui.

No sólo es el reencuentro de la saga con las dos dimensiones, también es la actualización a los estándares actuales que hacen que este remake brille con fuerza.

Por Ferran Guillem.

 

Quiero pensar que, entre las características que me definen, no se encuentra el adjetivo nostálgico. El simple hecho de que el gancho de un producto sea el “¿te acuerdas de esa época en que la bollería tenía sabor de verdad y el cielo era más azul? Nosotros también” me suele echar hacia atrás la mayor parte de las veces dando como resultado que me pierda obras como Stranger Things. Todo esto es debido, en parte, a que no soy más que un jovenzuelo que ni tan siquiera llega a los cinco lustros de edad, así que ya hablaremos dentro de otros cinco o diez años cuando saquen el remake de Golden Sun y Kishimoto presente al hijo de Boruto. Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza esa extraña sensación de morriña que me invade al jugar a Metroid: Samus Returns, más inesperada aún, si tenemos en cuenta que ni tan siquiera he jugado al juego original del que proviene.

Tras los hechos ocurridos en la primerísima entrega de la saga y constatado el peligro que entrañan los metroides como armas biológicas, la cazarrecompensas Samus Aran es enviada al planeta natal de estas criaturas con el objetivo de acabar con la especie. Nuestra heroína tendrá que llevar a cabo este genocidio mientras recolecta las diferentes mejoras y nuevas habilidades que le ayudarán a sobrevivir en ese inhóspito lugar.

Mi experiencia con la saga espacial de Nintendo ha sido, como poco, irregular. Dado mi pánico irracional hacia los FPS que me ha impedido completar la saga Prime, me he limitado a gozar como un enano los títulos que salieron para la Game Boy Advance, dejando de lado a Super Metroid puesto que nunca he tenido contacto con la consola de 16 bits y, por algún motivo desconocido, no se hizo port alguno en versión portátil (de hecho, así fue como descubrí la joya que es Zelda: Link to the Past). En cuanto a las dos primeras entregas de la saga, les tengo demasiado respeto como para atreverme a jugar a fondo por el miedo que me causa ser demasiado millenial y no ser capaz de pasar de la primera pantalla sin morir veinte veces. Sin embargo, y a pesar de estas carencias, nada me impiden ver el amor y cariño con el que se ha realizado esta suerte de remake.

Porque, si algo se nota en este juego desarrollado con total nocturnidad y alevosía por el equipo español de MercurySteam, es el respeto que sienten hacia la franquicia a pesar del ninguneo que sufre en ocasiones por parte de la gran N que, entre el chiste de mal gusto que fue Metroid Federation Force y que ni tan siquiera tuvieron la decencia de presentar este inminente retorno de Samus a las portátiles en la presentación principal del E3, me extraña que los fans de la mercenaria aun no hayan quemado sus oficinas. El estudio patrio, que ganó renombre al resucitar a otra mítica saga nipona como Castlevania, ha realizado un lavado de cara espectacular, actualizando el juego en sus mecánicas para que no tenga nada que envidiar a los metroidvania actuales. Gran parte de culpa tiene de esto el MercuryEngine, el motor que utilizaron para crear el Castlevania: Mirror of Fate y del que proviene la principal novedad del juego: el parry (COMO DARK SOULS).

Hasta la fecha, Samus estaba indefensa, al menos todo lo indefensa que puede estar una cazarrecompensas espacial que dispara misiles por el brazo, a distancias cortas. Esto, en los juegos clásicos, se traducía como que cualquier bicharraco que se tirase encima de ti era una seria amenaza, de forma que los que siguen este comportamiento eran un número más bien escaso, siendo en su mayor parte jefes finales y los odiados metroides. La posibilidad de poder contrarrestar la mayor parte de las acometidas cambia las cosas. Lo que en un principio parece un modo rápido para despachar a los enemigos normales sin muchas complicaciones, es en las peleas con las criaturas más poderosas donde se convierte en un aliciente para arriesgarse y mantenerse a corto alcance para tener la oportunidad de quitarle una gran cantidad de vida de una sola vez. Esta novedad junto a la, por fin, adición del modo de disparo libre, crean unas mecánicas de juego muy sólidas. Ahora ya no te mueves por toda la sala como un pollo sin cabeza buscando el lugar idóneo desde donde disparar (aunque reconozco que era esto parte de la gracia en los jefes clásicos), en cambio tienes que controlar la distancia para encontrar el equilibrio entre tener tiempo de reacciones para evitar ataques y poder acercarte para realizar un contrataque.

Sin embargo, todo este placer en lo jugable se ve truncado en parte por la poca variedad de enemigos comunes y la repetición de sus patrones de ataques, que no suponen un gran problema con todo lo que podemos hacer. El hecho de que únicamente haya 4 jefes finales con todas las de la ley no hace más que reforzar esta imagen, dejando casi todo el peso de los combates emocionantes a la caza de metroides que, con hasta 5 formas diferentes y sumando un total de 40 especímenes, son la clave del juego. Pese a que me cuesta tomarlos como unos jefes finales de verdad, estas sanguijuelas con complejo de Pokémon representan el principal reto del juego, aumentando las ganas de acabar con todas ellas.

Técnicamente poco hay que decir, todo está cuidado al milímetro y los escenarios que están a caballo entre las dos y tres dimensiones son una verdadera delicia ofreciendo entornos bastante variados para estar desarrollándose la acción durante todo el juego dentro de una cueva. Aunque han prescindido de los servicios de Óscar Araujo, que tan buen trabajo hizo creando una nueva banda sonora para Castlevania desde cero, en esta ocasión ha sido un equipo de la propia Nintendo los que se han encargado de “remixear” gran parte de los temas clásicos de la saga, transmitiendo una magnífica atmósfera de tensión constante.

Metroid: Samus Returns es un juego directo, cuidado y todo un retorno por la puerta grande a las dos dimensiones que hicieron grande a esta franquicia y que en Mercury Steam han sabido adaptar a los tiempos actuales y, al mismo tiempo, hacer que conserve su esencia.

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