MICROMEGAS: El origen de la Ciencia-Ficción

¿Sabías que la Ciencia-Ficción y el frikismo tienen sus raíces en la Ilustración? ¿Lo sabías? ¿Eh? ¿Eh?

Por Patri Tezanos

Voltaire
Foto Tuenti de Voltaire

¿Qué co*o hacemos hablando en esta web de Voltaire?, te preguntarás. Aquí lo más parecido a la Ilustración que hemos tratado han sido las bondades de este o aquel dibujante de cómic, o sea, de esas cosas que se tratan quitándole la mayúscula I al título de la época; o el culto a la Razón del que hacemos gala cuando queremos convencerte de que veas, leas, oigas, chupes tal o cual cosa, pero nuestra Razón es más bien friki y poco tiene que ver con Academias. ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos hemos vuelto tontos? ¿Nos terminó por convencer la moda de las camisas con chorreras, encaje y chaquetas de terciopelo? No, no y no. Si traemos al señor Voltaire, a su pelo digno de Boham-Carter y a su mandíbula cuadrangular a este cachito de red es porque Voltaire también era friki. A su manera, pero friki.

No podríamos llamar de otra forma a alguien que escribió Micromegas, el que se considera uno de los primeros relatos de Ciencia-Ficción escrito por el ser humano. Lo sé, peligroso es hacer esta clase de afirmaciones: poca seguridad podemos tener al llamar a algo lo primero de algo. Pero lo dice la Wikipedia (¡algo sagrado!).

Blog-T-VoltaireMicromegas es un breve cuentecillo de unas 20 páginas que escribió este frikilustre como parte de su sarta de cuentecillos filosóficos con los que criticaba la moral, el pensamiento, la sociedad, la política y todo lo criticable por una persona culta de la época. Esta historia, concretamente, está dedicada a minar el ego de la humanidad, a criticar esas ideas grandilocuentes de nosotros como centro del universo y de la vida que muchos compartían entonces (y que todavía mantenemos, aunque sea sin querer). Unas breves páginas cuya intención lejos estaba de crear un nuevo género o de darle importancia a los elementos que contiene que la hacen germen de la Ciencia-Ficción, pero helos ahí, como células madre de todo lo que vino después.

Estas células madre son escasas. Pocas caben en 20 páginas. Pero se ven. Micromegas se muestra inspirado por los conocimientos que se adquirieron en ese Siglo de las Luces en áreas como la astronomía y la mecánica.  Apenas son adornos para la historia: visitantes de allende la galaxia y anécdotas de la ciencia que les permite viajar a través del espacio. Menciona estrellas, meteoritos y planetas. Referencias que Voltaire describe muy someramente, pero ahí estaba nuestro intelectual integrando esos conceptos novedosos, imaginando a partir de la ciencia de su tiempo, aunque no fuese necesario para la historia. Podría haber contado la misma historia con personajes que fuesen pastorcillos, monjes, zorras o cuervos, pero no; eligió hacerlo imaginando a partir de la ciencia, es decir, escribiendo Ciencia-Ficción

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Resultan también curiosas y ciertamente cienciaficcionosas un par de anécdotas que rodean a Micromegas, el hecho de su escritura y los detalles de  astronomía, anécdotas que hacen crecer el mito de este relato y hará las delicias de los seguidores de teorías como la de los Aliens Ancestrales.

La primera: En Micromegas (publicada en 1752 por primera vez), Voltaire habla de dos lunas del planeta Marte. Por aquel entonces no se sabía si Marte tenía o no satélites como nuestro planeta, pero posteriormente, en 1877, en efecto dos lunas fueron descubiertas orbitando ese planeta, Fobos y Deimos. Cabe decir que Jonathan Swift en Los Viajes de Gulliver (publicada en 1726) también habló de dos lunas de Marte, pero fue el francés el que se llevó los honores de esta serendipia y su nombre ahora bautiza un cráter de Deimos.

La segunda: Micromegas, el gigante protagonista de este cuento, procede de Sirio. El primer visitante extraterrestre de la humanidad, imagina Voltaire, viene de Sirio, la estrella más brillante de nuestros cielos. Según las leyendas de los dogones, un pueblo centroafricano rodeado de mística y misterio, en épocas muy pasadas vinieron visitantes de Sirio a enseñarnos cosas a los humanos. Curiosamente, no había habido contacto entre la civilización occidental y los dogones hasta que el antropólogo Marcel Griaule en 1931  se preocupara por conocer su cultura, religión e historia.

Léase con voz dramática: ¿ERA VOLTAIRE UN VISITADO? Seguramente no (o sí), pero nos quedamos con la intriga. Resulta llamativa esta coincidencia imaginativa de uno de los exponentes de nuestra cultura y los mitos de un pueblo salvaje, y la exactitud cuantitativa con que acertó el número de satélites de Marte. Pero era un listillo de la época. Y, visto lo visto, un friki. Uno de los nuestros.

Y Micromegas, una entrañable y curiosa anécdota para tu estantería.

 Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

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