Morning Glories. Un instituto a lo Lost.

No puedo decir que haya sido una sorpresa, teniendo en cuenta todas la críticas positivas, nominaciones y premios que ha ido cosechando esta serie del sello Image, nueva cuna de la calidad en el cómic americano. Quién nos los iba a decir. Señoras y señores, con ustedes, el Instituto Morning Glories.

Por Javier Marquina.

De alguna forma, he recuperado la sensación Perdidos. O la “Lost sensation”, por decirlo de una forma mucho más molona en el idioma del eterno enemigo del Imperio. No es de extrañar que el prefacio de la edición de lujo que recopila los primeros episodios de esta colección los haya escrito Damon Lindelof, insigne perpetrador de guiones tramposos que me mantuvo enganchado a una serie durante 6  temporadas, para acabar dejándome con el culo torcido y una terrible impresión de haber sido estafado que tardaré mucho en olvidar.

Llevo leídos los 20 primeros números de esta serie escrita por Nick Spencer y dibujada por Joe Eisma, y las sensaciones que han logrado transmitirme son casi idénticas a aquellas que nos embargaron con la primera temporada de Perdidos. De ahí lo de “Lost sensation”. Cada vez que pasa algo, lo único que tu mente demasiado ocupada intentando descifrar el acertijo consigue balbucear es…”¿Pero qué cojones…?” O sea: acertijo sobre acertijo sobre acertijo sobre acertijo. 20 números intensos, que siempre te dejan con ganas de saber más, pero que en realidad no te desvelan absolutamente nada. Tan solo te muestran pequeñas dovelas de un  mosaico que se antoja enorme. Misterios varios, viajes temporales, antiguas y arcanas organizaciones, secretos, laboratorios ocultos con máquinas imposibles,  presencias inexplicables, asesinatos, pistas falsas, pasados macabros que se van desvelando poco a poco… Os suena, ¿no? Y todo esto narrado en un ambiente High School que recuerda por momentos a la Escuela Charles Xavier para jóvenes talentos, otras veces a High School Musical y en ocasiones a High School of the Dead. Además, tengo que decir que no soy un fan entusiasta del dibujo de Joe Eisma. No me gustan sus caras clónicas, sus fondos vacíos ni su truculencia plastiquera. Me parece plano, anodino y bastante aburrido. Que lo odio, vamos. 

 

Afortunadamente, las portadas de Rodin Esquejo están ahí para compensarte.

 

Y sin embargo…


Estoy totalmente enganchado a la serie. Cada vez que acabo un número, me asalta la horrenda sensación de saber que por ahora sólo se han publicado 22 episodios en los Estados Unidos, y sé con certeza que no se va a revelar apenas nada de la gran trama que el señor Spencer tiene (o debería tener) en la cabeza. Nada. Acabaré el número 22 y me quedaré colgado de uno de esos finales en todo lo alto que te dejan con ganas de mucho más, rezando para que los autores cumplan fieles la periodicidad mensual del cómic, atento a cualquier giro, novedad o referencia que me dé una pista mínima de la trama y confiando sobre todas las cosas en que al final no estén todos muertos y el Instituto Morning Glories no sea sólo un lugar de reunión para los que partieron.


Los diálogos de Spencer son brillantes, demoledores, llenos de matices. Se adaptan a cada uno de los personajes dotándoles de una voz propia y diferente. Maneja con maestría el arte de narrar sin desvelar nada, creando expectación, sin inventar nada nuevo, pero dejándote con ese regusto agradable que siempre te dejan los retos interesantes. Flashbacks, elipsis, narraciones de una misma escena desde diferentes perspectivas, sorpresas y golpes de efecto. Todos esos ingredientes que tanto nos gusta sufrir y que convierten a una serie en un gran éxito, quizá porque a todos nos gusta la magia por lo que esto tiene de truco, trampa y engaño.

Y sobre todo, Morning Glories me tiene enganchando porque parece una especie de segunda oportunidad; un “merecías algo mejor”; esa moneda que sacabas del fondo de tu bolsillo para darle al continue en un máquina recreativa; un volver a empezar con tropezón de Garci incluido; una nueva ruta que nos deja recuperar la “Lost sensation”, esperando que esta vez, al final, el señor Spencer no nos dé gato por liebre. O humo negro por limbo brillante. A elegir.


(Panini ha editado en España los dos primeros TPB de las serie que contienen los 12 números iniciales de la misma.)

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Acerca de Javier Marquina 210 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en Morning Glories. Un instituto a lo Lost.

  1. Está muy feo no avisar que la serie no es apta para memorias de corto alcance. En 2 tomos hay un torrente de sucesos, fantásticos, geniales (casi) todos, pero no es de recibo que en casi 400 páginas todo sea abrir el abanico de misterios, me siento desbordado por la situación, y para más inri, a saber cuando aparece el siguiente tomo. Joe Eisma debería mejorar.

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