Murderabilia. Costumbrismo y asesinato.

Murderabilia es un término que agrupa a los objetos de colección relacionados con asesinatos, asesinos u otros crímenes violentos.

Por Javier Marquina.

Me gusta todo aquello que parece pero no. Bueno. Casi todo. En lo que respecta a las mujeres, prefiero a aquellas que parecen pero sí. Lo digo por aquello de mantener una heterosexualidad consolidada. En lo demás, adoro esas historias que dan la sensación de apuntar hacia un lugar y acaban disparando al contrario. Esos cuentos llenos de giros, vueltas y golpes de efecto que te dejan con la boca abierta. Me gusta el truco final que no sabes predecir. El prestigio. Es más, suelo admirar a la gente que consigue sorprenderme, sea en el lugar que sea.

En este caso, no voy a decir que la vuelta de tuerca final de Murderabilia sea uno de esos bombazos que no ves venir (más que nada porque algo huele a podrido en Dinamarca en cuanto la historia empieza a hablar de gatos y vísceras), pero está claro que lo que empieza como un libro de angustia existencial y búsqueda del propio yo en un mundo desnaturalizado, acaba por convertirse en un auténtico catálogo del horror brutal que el ser humano es capaz de generar con abulia y normalidad. Y es un catálogo minucioso, preciso y completo.

Álvaro Ortiz ya me sorprendió con su anterior trabajo, Cenizas, uno de esos cómics que compras por pura inercia y te acaba dando mucho más que otros que compras convencido de tu acierto. Uno de esos tebeos que te deja satisfecho, con la sonrisa agridulce del que ha leído algo bueno que le hace reflexionar acerca de sí mismo, que le pone delante un espejo que muestra una imagen poco agradable pero veraz del hombre que en realidad es. Murderabilia era, por tanto, una compra inevitable. Reconozco que lo adquirí con ese miedo que uno tiene a las obras que van después de un enorme acierto. Superarse después de clavar un contenido no está al alcance de cualquiera. A veces, ni siquiera se consigue igualarlo. También he de confesar que lo comencé con cierto escepticismo, sobre todo en las primeras páginas, ya que tuve la impresión de que me encontraba ante un Cenizas 2, una mera continuación de lo ya contado y que tan bien había funcionado antes. Y, la verdad, no podía estar más equivocado.

Álvaro Ortiz no defrauda. Sigue demostrando una impresionantes dotes narrativas que camufla con su estilo naïf y en apariencia simple. Hay un cuidado por el detalle, por la ambientación, por el escenario y por la manera de contar las cosas que demuestra que, al igual que en la historia de existencialismo y vagancia de Mälmo Rodríguez, el protagonista de la obra, hay algo mucho más grande subyaciendo tras la superficie. En el caso del cómic es algo terrible y horrendo. Si hablamos del arte de Álvaro, es esa manera de contar precisa, digna de una película. Eso y el ser capaz de crear personajes reales y cercanos cuyas acciones parecen lógicas y comprensibles. Personajes que pueden ser tú. Un tú que empuña una motosierra en un centro comercial abarrotado. Un tú que rocía de gasolina, mechero en mano, ese bar que tanto odias. Un tú que sube al campanario de la iglesia del pueblo con el rifle de caza de su tío y mucha municón. Gente normal, sonriente, amable y educada. A pesar de todo.

Muerderabilia es miembros en el congelador. Gatos. Apatía y sexo. Mobiliario necrófilo. Armas homicidas. Casas llenas de restos de sangre. Vísceras. Chamanismo. Muerte. El claro ejemplo de que la realidad supera a la ficción, sobre todo cuando es la materia prima de historias increíbles. Y ésta, sin duda, lo es.

Murderabilia publicado por Astiberri.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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