MUSEUM: the serial killer is laughing in the rain

Un manga recién salido de imprenta que hará las delicias de los fans de los thrillers de asesinos en serie, de la violencia macabra y explícita y de las ranas.

Por Teresa Domingo.

Museum: the serial killer is laughing in the rain es una de las novedades que Norma Editorial nos tenía preparadas para este mes de Abril que ha resultado ser La Novedad y la serie que, si consigue mantener el ritmo de este primer número, será un imprescindible en las estanterías de los aficionados a la novela negra y el terror.

Ryosuke Tomoe creó este manga para la revista Weekley Young Magazine y se estuvo publicando con éxito desde 2010 hasta 2013, año en el que salió a la venta en tres tomos recopilatorios, el mismo formato en el que ha llegado a nuestro país. Tres tomitos que se presentan vestidos de potente thriller psicológico y gore de calidad, ilustrados con estupendos dibujos a los que no les falta detalle.

Todo gira en torno a un antiguo asesinato, resuelto hace unos años, en el que se detuvo, juzgó y condenó a un joven con problemas mentales por asesinar a una niña y conservar su cadáver en resina. Lo que parece ser una venganza por esta condena resulta ser una serie de macabros asesinatos, perpetrados en días lluviosos por un hombre con chubasquero y máscara de rana. Este cruel y misterioso asesino juzga y castiga a sus víctimas por actos que han cometido, pero nadie sabe quién será el próximo ni el castigo que le tocará. Así que comienza una trepidante persecución a ciegas y a contrarreloj, pues la mujer del policía al mando de la investigación se convierte en uno de los objetivos del asesino. Pero, ¿y si no se trata de una venganza? ¿Y si todo esto fuera una reclamación de la autoría de un asesinato que sólo era el principio del museo de los horrores de un tarado?

Tengo que reconocer que las historias de asesinos en serie que dejan su firma siempre me han atraído. Artistas frustrados y desequilibrados que quieren dejar recuerdo de su obra expresando un sentimiento y canalizándolo a través de actos atroces, y que, como todo artista, quieren ser reconocidos por su creación. Asesinos que juegan con la policía (y con las decrecientes uñas del lector), arriesgando al límite sus acercamientos, llegando incluso a interactuar con ellos y dejar pistas que suponen el desquiciamiento total de las fuerzas de la autoridad. Creo que una de las mejores historias de este tipo es El Silencio de los Corderos, novelaza de Thomas Harris, que tuve la suerte de leer antes de ver la tremenda adaptación cinematográfica que protagonizaron Anthony Hopkins y Jodie Foster, y creo que la escena en la que Lecter escapa del psiquiátrico con la cara de un policía puesta sobre la suya mientras deja el cuerpo colgado y despellejado semejando una mariposa, es el claro ejemplo de la huella que estos perturbados pretenden dejar con cada uno de sus crímenes.

Comer chinchetas no asegura asimilar el hierro.

En esta ocasión la brutalidad de la expresión artística del batracio psicópata va desde gente devorada por una jauría de perros hambrientos hasta partes del cadáver de un juez enviadas por correo a su familia a lo Seven. Otra película ejemplo de un guión muy pro en esto de los artistas de la muerte que juegan con la policía y sus familias (y las uñas del espectador).

Ryosuke Tomoe ha resultado ser un mangaka muy completo, capaz de construir una historia enrevesada pero de cimientos sólidos que se apoya en un dibujo atractivo, cuidado y equilibrado. La crudeza de las imágenes que recrean las torturas y crímenes supone uno de los puntos fuertes de este cómic, pero también lo son el realismo de los escenarios y el diseño de los personajes. Por mucho que nos guste, tenemos que reconocer que al producto japonés le suelen fallar los rostros de los personajes y, a menudo, todos tienen el mismo corte y expresión facial. En esta ocasión los retratos están muy conseguidos y se agradece que cada personaje tenga su propia cara.

Cucú, cantaba la rana.

El otro punto fuerte es la propia historia que nos plantea Tomoe, que mantiene la acción y el suspense, sin dejar que decaiga en ningún momento, mientras combina la ardua, y a veces histérica, investigación de la policía con las maldades del hombre rana. Además introduce flashbacks, reconocibles por el fondo de página negro y que nos ayudan a entender algunas actuaciones de los personajes, y algunas escenas realizadas mediante una sucesión de viñetas simulando planos a cámara lenta. Un buen método narrativo, casi cinematográfico, que ha conseguido Warner Bros haya adaptado la primera obra reconocida del mangaka al cine y haya presentado el pasado 18 de marzo el primer teaser de la película de acción real. Para los interesados, se estrenará el próximo otoño y estará dirigida por Keishi Otomo, también responsable de la más que digna adaptación de Rurouni Kenshin.

Esperemos que el nudo y desenlace del relato de Ryosuke Tomoe estén a la altura de su presentación y que estas líneas no sean lo único que tengamos que comentar de este prometedor artista. Habrá que estar atentos a próximos trabajos.

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Si es creepy, es para mí.

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