NARCOS: Plata o plomo

Dos palabras que consiguieron tener aterrorizado un país durante toda una década, y un sólo hombre al mando, Pablo Escobar, una de las personas con menos escrúpulos del siglo veinte.

Por Teresa Domingo.


Soy una de esas personas que ha crecido escuchando en cada telediario “cosas” sobre el cártel de Medellín. Teniendo en cuenta que el cártel de Medellín y yo vimos la luz el mismo año, no me enteré que estaba relacionado con la droga hasta que prácticamente lo disolvieron y liquidaron a su líder. Gracias a Narcos, Neftlix, ha acercado al público más joven y ha recordado a los que ya les pilló con una edad, la historia de todo un ejército de personas que, por convicción propia o convencidos a la fuerza, ayudaron a crear una red de grandes capos que provocó auténtico terror en medio mundo en nombre de un solo hombre.

Todo comienza con Cucaracha, un narcotraficante chileno que, tras el azote dado por Pinochet al tráfico de drogas, ve como única vía de escape a su negocio que alguien distribuya, en Colombia lo que se produce en Chile, desde Medellín, y, desde ahí, a Miami, lugar de fiesta y desenfreno de ricos y famosos, donde, hasta entonces, los hippies eran los que movían el drug-business abasteciendo a todo el mundo de marihuana. Con la llegada de la cocaína el drogadicto adinerado pudo distinguirse del yonki popular. El hombre perfecto para dirigir el tráfico era Pablo Escobar. De quien se dice que su negocio siempre fue la muerte: empezó robando y revendiendo lápidas, luego electrodomésticos, tabaco y marihuana. Hasta que supo lo que era ganar dinero de verdad, convirtiéndose en el narco más famoso de la historia por matar sin piedad a cualquiera que se interpusiera en su camino.

Cifras estratosféricas copan los, llamémoslos, logros en su carrera laboral: Más de 5000 muertos a sus espaldas, 1000 de ellos policías, por los que pagaba recompensas de medio millón de dólares por cabeza. Cuando tu negocio genera seis millones de dólares al día, y en un mundo tan corrompido por el dinero, absolutamente todo y todos son accesibles. Da lo mismo que fuera un juez, un candidato a presidente haciendo campaña delante de miles de personas, prensa y demás parafernalia que hay en un mitin, un avión de Avianca con cientos de pasajeros a bordo, un señor que pasaba por ahí… Escobar primero te intentaba comprar, y le sentaba muy mal que dijeran que no. Para él era todo tan fácil que estaba convencido de que iba a llegar a ser presidente de la República de Colombia, y la verdad es que llegó a ser congresista, pero fue expulsado del congreso por tener relaciones en negocios turbios. No fue presidente, pero acabó siendo el rey del cotarro.

El problema que ocasionó la explosión de la burbuja de polvo blanco no fue la demanda (200 toneladas al año, de las que más de la mitad salían a la venta en Estados Unidos, donde se hacía el verdadero negocio) sino la oferta, se producían más de 10.000 kilos de cocaína a la semana, cuyos beneficios eran imposibles de blanquear a través de la empresa de taxis más rentable del mundo, que poseía la extraordinaria cantidad de dos vehículos en su flota. ¿Qué por qué el fisco no hacía nada? Porque estaba cobrando un dineral por hacer la vista gorda y evitar más de una tragedia familiar.

La serie está narrada a través de dos historias paralelas que se van aproximando, sin saberlo, hasta convertirse en la misma. Una es la del poli que encabeza la investigación, Steve Murphy (Boyd Holbrook) y su compañero Javier Peña (Pedro Pascal), agentes de la DEA, que además es la voz en Off que narra toda la temporada, y la otra es la del caco, Pablo Escobar y su círculo más cercano, reflejando hasta donde sabía y tenía controlado a todo el país.

Este tipo de montaje lineal paralelo es un acierto total. Los guionistas saben desde qué punto de vista contar cada parte de la historia para crear más suspense, escondiendo información al espectador, acelerando o ralentizando el ritmo narrativo según conviene en cada momento. Juegan con nosotros y, como si fuéramos auténticos yonkis de la cocaína, cada final de capítulo nos deja ansiosos por querer ver otro en ese mismo momento, dejando que la adicción se adueñe de nosotros, obligándonos a consumir los diez capítulos de la temporada en el menor tiempo posible. Y ahora estamos todos mordiéndonos las uñas hasta que llegue el siguiente cargamento de episodios.

A pesar de estar contada desde una estructura clásica de buenos contra malos, realmente lanza una crítica hacia ambos mundos, pintando como buenas algunas estrategias y actitudes. Pudiendo hacer una historia de héroes y antihéroes de libro (y ahora matizo lo de antihéroe*) se realiza una gran crítica política y social al sistema corrupto que pretende detener el flujo de cocaína mediante campañas anticomunistas y haciendo anuncios contra la droga en la tele. Hipocresía, hola. Se nos ofrece una exposición completa de la situación desde todos los puntos implicados en la trama: la DEA, la policía Colombiana, el entorno “laboral” y familiar de Escobar, el propio Escobar, los presidentes de Colombia y de Estados Unidos y sus posturas ante el consumo y tráfico de drogas…

Aprovechando todos estos personajes, conversaciones y asuntos de estado reales, se produce otro gran acierto, que es la mezcla imágenes de archivo con las de ficción rodadas, aportando más realismo y sensación de documental casi biográfico. El gran trabajo de vestuario, atrezzo y ambientación para que casi parezca que ambos formatos se funden es extraordinario.

Una historia en la que realidad supera la ficción, y eso que (procedo a matizar lo del antihéroe*) aquí se muestra un retrato flojo del terrorífico narcotraficante, a pesar de estar interpretado de una manera salvaje por Wagner Moura, nada más y nada menos que un brasileño (que sí, que las erres las pronuncia raras, pero arrastra las palabras como Escobar lo hacía y yo no pongo ese acento a pesar que el castellano es mi primera lengua, amén del aspecto, que está fetén). Esta interpretación no muestra realmente la crudeza del personaje: lo carnicero, asesino, putero y pederasta que era, aspectos que se pueden apreciar mejor en el El Patrón del Mal, otra serie del rey de los narcos en la que, a pesar de estar rodada más rollo culebrón, se refleja más la crueldad y dureza de este personaje malo, corrupto, cruel, sanguinario, pero tremendamente carismático, como son los grandes dictadores. Un personaje excéntrico y adicto a la marihuana, que manejaba más dinero que algunos países y que solía decir “No soy rico, soy un pobre con dinero” una frase que resume a la perfección las contradicciones del personaje. Aquí tiene bastante más peso el lado familiar del que llegó a ser aclamado como Robin Hood por construir escuelas hospitales y centros sociales, y hasta su propia cárcel controlada por sus propios guardias y bajo sus propias condiciones. Porque todo es posible si eres el hombre más rico del mundo. Porque cuando ya no tienes manera de blanquear el dinero y tienes los campos sembrados de fardos escondidos en un hoyo, lo mejor que puedes hacer es invertirlo en ayuda social y Bonos del Estado, de este modo el gobierno hace la vista gorda porque parte de ese dinero se ve revertido en sus arcas y te dejan hacer y deshacer a tu antojo. Y claro, se les fue de las manos.

Narcos tira de buena materia prima basada en hechos reales y una buena dosis de Uno de los Nuestros: presume tanto del mismo tipo de narración cinematográfica como del hecho de estar contada por la voz en off de uno de los protagonistas. Añádele un guión inteligente y bien construido, buenas actuaciones por parte de actores bien elegidos en el casting y una técnica de rodaje impecable y tienes una serie muy, muy recomendable.

La única pega es que resulta insuficiente la dosis de violencia y la decisión de dar más importancia a elementos absurdos que hagan más creíble y accesible para el público medio el entramado de corrupción que abarcaba la mano de Escobar. Pobre gato de la DEA, Cthulhu lo tenga en su gloria.

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Si es creepy, es para mí.

2 comentarios en NARCOS: Plata o plomo

  1. Soy colombiano y traté de verla. Pero aunque en casi todo es una producción óptima, los acentos me sacaron corriendo. Creo que no me va la veré nunca.

    • Pues agradezco mucho la información de primera mano y que me saques de dudas, porque había leído que en Colombia estaban muy contentos con el resultado del personaje y que la crítica era buena, pero claro, yo no soy capaz de apreciar el matiz del acento. Aún así, siendo el prota brasileño algo de mérito tengo que reconocerle.
      Gracias por comentar :)

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