Nick Furia, el otro supersoldado.

Yo no quería. Había perdido la fe. Pero el dibujo de un señor croata con talento me empujo a hojear el tomo, y caí enamorado otra vez hasta las trancas. Soy debil. Soy blando. Soy idiota. Doy gracias al cielo todos los días por serlo si al final lo que queda son cómics como este.

Por Javier Marquina.

 

Garth Ennis pertenece a esa casta de guionistas británicos que revolucionó el mundo del comic a finales del siglo XX y comienzos de XXI. Uno de esos cafres que junto con Warren Ellis, entre otros, llenaron de ácido, mala baba y leche agria un mundo que necesitaba un par de bofetadas y salir de un aturdimiento letal que casi acabó con la industria.

Mis primeros recuerdos de Ennis son de aquellos números de Hellblazer en el que vendía su alma a todos los demonios para intentar curar su cáncer. Quede atrapado por el lenguaje soez, la socarronería que destilaba John Constantine y la violencia nada camuflada que se respiraba en cada una de sus páginas. Por aquel entonces y para un veinteañero algo perdido y borracho como yo, aquellos tomos de Zinco fueron toda una declaración de intenciones.

Después de aquella primera toma de contacto, la línea Vértigo de DC sacó Predicador, y puedo decir con seguridad que mi percepción del mundo en general cambió para siempre. Todo lo que yo tenía más o menos claro se vino abajo y me encontré de repente desnudo ante un tebeo que me daba todo lo que le pedía y a veces cosas que no me había ni atrevido a soñar. Es gracias a esta labor de iluminación que este cómic tuvo en mi persona que lo que siento hacia Ennis es una mezcla amarga de decepción e idolatría, una especie de “te quiero pero jamás podremos estar juntos”. Y es que Predicador acabó por decepcionarme de manera total, como una de esas novias de instituto que a final acaba siendo algo casquivana y se lía con toda tu pandilla de ex-amigos al completo. Un inicio insuperable que acabó siendo un más de lo mismo bañado de pastel rosa, amor verdadero y chorradas por el estilo. Una verdadera pena.

Lo que me pasó con The Boys es mejor no contarlo, ya que reproduce de manera exacta el modelo Predicador y no quiero aburriros con mis desamores ‘tebeíles’ particulares. Mismo esquema. Mismo problema. Algo que empieza muy bien, pero acaba muy mal. Esta vez de forma casi ridícula. Y eso que abandoné la colección desesperado bastante antes de su final. La blandura de Ennis era casi ridícula en un tebeo que al inicio era un ejemplo de salvajada, transgresión y animalismo. Otra pena profunda, otra llaga, otra fisura.

Tengo la desquiciada teoría de que Ennis no sabe mantener el ritmo, y al final, las colecciones de larga duración se le acaban comiendo por los pies. Sabe muy bien como empezar a contar, pero se desinfla cuando la serie pasa de los 20 números y se acaba rindiendo a convencionalismos románticos mas bien noños y a estereotipos muy manidos que acaban siempre en un final feliz. Feliz a la manera de Ennis, pero feliz al fin y al cabo.

Sin embargo, es un guionista que da el do de pecho en las distancias cortas. Alguien que maneja como nadie los golpes de efecto, los personajes rocambolescos y las historias breves pero intensas. Todas sus colecciones brillan con luz propia en los primeros números y se van apagando lentamente, como una cerilla. Punisher, Hitman, el patrón ser repite infalible en todas las obras largas del autor norirlandés.

Cuando vi que Panini editaba el primer tomo de la nueva colección en la línea MAX de Marvel dedicada a Nick Furia, decidí darle a Ennis una nueva oportunidad. Hacía tiempo que no leía nada suyo y mi amor doloroso e infausto por él reclamaba una quinta o sexta oportunidad. El proverbial rescoldo, el manido “donde hubo fuego…”,  cientos de estereotipos para un autor que siempre se ve atrapado por ellos. Pero el amor es lo que tiene y uno siempre acaba tropezando de manera indefinida con la piedra que ya es como de la familia. No importa el tamaño de la piedra. Así que cuando salió el primer tomo de esta serie de Furia allí estaba yo. Y cuánto me alegro de haberlo hecho.

He olvidado mencionar que Ennis, además de en las distancias cortas, da lo mejor de sí cuando maneja un género que se nota que le apasiona: el bélico. Sus mejores y/o más serias obras se enmarcan dentro de esta vertiente y se nota que es un terreno en el que se desenvuelve sin complejos, contando las historias que quiere contar. Este Furia no es una excepción. Aprovechando al personaje que ya apareciera en su Punisher Max mucho más militar y menos superespía, Ennis hace una reinterpretación del supersoldado muy apartada del colorista e inocente modelo patentado por el Capitán América, alejándolo del estilo superheroico que tan poco le gusta al británico, para narrar de forma precisa y acertada esa otra historia de guerras secretas que se pergeñan en despachos y se ganan y se pierden en agencias de inteligencia. Furia es un peón que envejece lentamente, un héroe de guerra al que no le permiten el agotamiento y que observa con desencanto como se repiten los mismo errores. Esa guerra que sigue consumiendo su combustible preferido, un gasoil que siempre resulta ser carne de cañón. En el primer tomo que aquí comentamos, Ennis escribe un cómic amargo en el que no hay grandes héroes, pero tampoco hay grandes villanos. Tan solo personas que intentan adaptarse a las circunstancias y hacen lo que creen más apropiado dependiendo de hacia dónde sople el viento, ya sea en su propio interés o por intereses más elevados, aunque nunca mejores. 6 números dividios en dos ciclos de 3 en el que se repasa la historia del siglo XX a través de la perdida de la Indochina francesa y la catástrofe cubana de Bahía de Cochinos. Un cómic lleno de color y crepuscular al mismo tiempo. Un cómic acerca de un viejo coronel por cuya sangre fluye un suero que lo convierte en testigo de todo un siglo. Un cómic de guerra y de personas. Un grandísimo cómic.

Todo esto acompañado por los soberbios dibujos de un Goran Parlov en estado de gracia, que retrata con maestría a todos los personajes, mezclando un estilo que recuerda a maestros como Joe Kubert en sus mejores momentos bélicos y al mejor Jordi Bernet de Torpedo.  Un dibujo de fuerza y detalle que cuenta de manera magistral una historia estupenda. Un tomo magnífico en el que Ennis se redime como guionista de talento para un pobre aficionado como yo. Una absoluta delicia que espero que  se cierre en no más de 12 números, para así no tener la tentación de caer en errores pasados y huir de fiascos que me empujaron a amar y odiar a Garth Ennis al mismo tiempo.

100% Max Furia 1. Mis guerras perdidas. Un tomo que seguro tenéis ya. O eso o estáis corriendo como auténticos posesos a comprarlo.

Sigue a Javier Marquina en Twitter: @Iron__Mon

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en Nick Furia, el otro supersoldado.

  1. Que bien le sienta a Furia el dibujo de Goran Parlov. Clint Eastwood total. Hasta puedo oírle hablar con la voz de Constantino Romero.

    Si esta serie dura más de 12 números aún puedes tener esperanza. Ennis en Punisher MAX sacó bastantes números por lo que sufrió algún altibajo, pero por lo general mantuvo un buen ritmo, sobretodo por -el abuso de- unos personajes secundarios que suplían el hermetismo de Frank.

    • Con 12 me vale. 3 números para Vietnam y 3 para Yugoslavia en honor al dibujante. Prefiero no arriesgarme, que luego nos pasa como con The Boys y nos tenemos que ir a emborrachar para ahogar nuestras penas.

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