NO ME GUSTAN LOS LEGACY

Una breve explicación de por qué huyo de los denominados juegos ‘Legacy’ como si persiguiera las mismísima peste bubónica.

Por Javier Marquina.

Lo primero, una concesión a los neófitos. Es cierto que aunque lo que escribes suele ir dirigido a un perfil de público muy determinado que va a saber de lo que hablas, a menudo nos olvidamos de que hay mucha gente ahí fuera que, ni tiene nuestros gustos, ni es como nosotros. Utilizamos lenguajes específico como si el grueso de la humanidad debiera conocerlo, y la verdad es que muchas veces no somos más que tipos raros utilizando un léxico todavía más raro.

Un juego LEGACY podría definirse de manera muy general como un juego de mesa de un solo uso (la mayoría de las veces). Una historia con un fuerte componente narrativo que, a medida que la desentrañas, implica cierta interacción con los propios elementos de juego variándolos de manera irreversible y transformando el propio juego en sí. Pegatinas, cartas que debes romper, modificaciones en el tablero… Cuando acabas de jugar a un  LEGACY, nada permanece como al principio. La temática del juego suele basarse en historias con misterios y acertijos que hacen que sea imposible rejugarlo, ya que, además de haber perdido el factor sorpresa, muchos de los componentes básicos han acabado rotos o llenos de pegatinas. Tus decisiones y acciones determinan el aspecto físico final del propio juego. No hay vuelta atrás. Lo que haces condiciona de manera definitiva el devenir de tu partida. No puedes desandar tu camino como si nada hubiera pasado. No hay segunda oportunidad. Son una especie de emulación definitiva de vida de un solo uso. No se puede viajar atrás en el tiempo. (Al menos no sin gastarte pasta en reponer algunos de los componentes usados para tener tantas vidas extra como pasta estés dispuesto a chafar).

LEGACY
Exit. Usar y tirar.

Podría decir que yo no los juego porque me niego a gastarme dinero en un juego de mesa de un solo uso, pero teniendo en cuenta la cantidad de juegos presentes en mi estantería a los que he jugado solo una vez o a los que directamente no he jugado, sería bastante falso por mi parte argumentar mi odio a los Legacy en base a un tema meramente económico y de rentabilidad. No, señores, yo no juego a los LEGACY porque sufro de un profundo TOC que me lleva a completar de manera digna de manicomio todo juego que cae en mis manos. Siento un vacío frío y letal si no poseo cada una de las expansiones, accesorios y chuminadas varias con las que las compañías se hacen ricas a mi costa. Necesito tener un control completo y absoluto del producto, víctima de un afán completista que nace de un gen dominante transmitido por mi padre y que me condena al coleccionismo. Por este motivo, me saca de quicio saber que después de tomar una decisión, no voy a poder volver sobres mis pasos a explorar todas las posibles alternativas. Odio que mis decisiones en el ocio sean tan definitivas como en la vida, ya que si juego es, precisamente, para escapar de esa rutina diaria en la que la máquina del tiempo es solo un recurso divertido de la ciencia ficción. Necesito saber que mis errores son subsanables, y por eso evito a toda costa cualquier tipo de juego que en su planteamiento incluya la palabra LEGACY. Nada de sobres que permanecen cerrados y no puedo mirar. Nada de cartas que se rompen para que no podamos rectificar. Nada de pegatinas que fijan en el tablero una imagen que no voy a poder cambiar bajo ningún concepto, dejándome con la duda del ¿y si..?

Charterstone se puede convertir en la excepción de la regla. Un LEGACY con rejugabilidad infinita.

Soy consciente de que dado el volumen lúdico editorial actual y la imposibilidad de aumentar nuestro tiempo de ocio sin hacernos adictos a estimulantes o perdiendo cualquier tipo de vínculo afectivo o social que no esté relacionado con el juego, los LEGACY son una alternativa en creciente expansión dentro de la oferta presente y futura. Juegos diferentes ante los que reunirse, pasárselo bien y archivar después de haber finalizado su cometido, ya que hay que ir dejando sitio para la ingente cantidad de novedades del mes. Sé que la tendencia es la de utilizar al jugador en juegos de usar y “tirar”, y que la cultura de la obsolescencia programada se acabará imponiendo por su aplastante eficacia a la hora de crear consumistas simples y puros. No tengo duda de que, además, los juegos LEGACY son cada vez más depurados, apasionantes y divertidos, lo que los hace perfectos para compartir unas cuantas horas y risas entre amigos y pasárselo bien, cosa que, no nos engañemos, es el verdadero objetivo de todo esto.

Sin embargo, conmigo que no cuenten. No es nada racional. Es un sentimiento subjetivo y arbitrario. Sé que soy un enfermo, pero no voy a cambiar de opinión. Lo siento. No me gustan los juegos LEGACY.

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Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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