NOCHE EN EL TREN DEL TERROR. El bodrio de mi corazón.

Hay tantas películas cutres, sobre todo del género de terror, que con el paso del tiempo se han convertido en cine de culto, que algunos directores deberían pensarse dos veces si deberían gastarse esos dinerales en sus rodajes o con una super8 y un bote de pintura les valdría para contar lo que cuentan.

Por Teresa Domingo.

 

Agradezcamos todos que Movistar haya tenido la indecencia de incluir este deplorable, a la par que indispensable, título en su catálogo. Los no aficionados a la serie B estarán pensando, “pero ¿qué dice esta loca?”, pero los que disfrutan hasta de la serie Z y saben reconocer la buena basura ochentera, seguro que ya se están frotando las manos pues nos encontramos con una de esas películas que, de lo terribles que son, se ganan un hueco en tu vida.

Comparada en varios círculos con calaña del estilo de Plan 9 From Outer Space, Noche en el tren del terror contiene absolutamente todos los elementos para hacer de ella una de las películas más terroríficas del mundo, cinematográficamente hablando, claro. No llega a repetir planos descaradamente como nuestro querido Ed Wood, pero poco le falta. Actuaciones mediocres, fallos de continuidad constantes y planos inconexos, escenas que se ruedan como sombras chinescas para evitar inconcebibles efectos especiales, diálogos sin sentido, unas pintas, unos pelos… y un narrador que hace lo que puede por hacer avanzar este despropósito, y que, de cualquier manera, une los trozos de este monstruo de Frankenstein del cine, dejando al aire las costuras. Y hablando de al aire, ¿qué sería de una serie Z sin sus tetas gratuitas entre alaridos? Pues que no falten.

¡Dance with me, copón!

Esta obra cumbre del cutrerío fílmico pretende mostrarnos tres “cortos de terror”, por llamarlos algo porque son tres mierdas como tres pinos, hechos con trozos de tres películas terribles, probablemente inacabadas, que no llegaron a estrenarse en ningún sitio de la vergüenza que daban y por supuesto, que no tienen nada que ver entre sí. Para unir estos esperpentos, a alguien se le ocurrió un hilo conductor deplorable: Dios y Satán viajando en un tren, repartiéndose las almas de los protagonistas de estas aberraciones fílmicas y todo ello intercalando, sin criterio alguno, infames imágenes del fiestón de los vecinos de vagón que nos ofrecen unas coreografías, un vestuario y unas letras a cada cual más indigno. ¿Por qué? Porque los ‘80. ¡Dance with me, dance with me!

No podemos señalar a nadie en concreto, cinco directores son los culpables de la creación. Los señores John Carr, Phillip Marshak, Tom McGowan, Jay Schlossberg-Cohen y Gregg C.Tallas se quedaron a gusto. Que una película de estas características haya necesitado de hasta cinco directores distintos para ser rodada ya dice bastante de ella. Y cuando la ves lo entiendes todo: tres cortos, la pretenciosa conversación entre el bien y el mal y los bailes del increíble vagón que cambia de tamaño según la necesidad del plano. Cinco fragmentos independientes unidos por el desastre narrativo y un doblaje horripilante.

Hola soy Maripili, encantada.

Todas estas maravillas y algunas más han hecho que este título sea de lo más recurrente en festivales y dobles/triples sesiones temáticas, lugares donde la experiencia se vuelve inolvidable. Y lo digo con conocimiento de causa. Esta fue una de las proyecciones estrella de la tercera edición de la CutreCon de Madrid, el festival de cine de serie B que organiza cada año la web cinecutre.com y, para esta ocasión la organización deleitó a los asistentes con unos bailes maravillosamente ejecutados en el escenario por unos bailarines tan en forma como los cerebros de los directores de la peli, que acompañaban y daban más credibilidad a la misma. En realidad, no, pero y lo bien que te se lo pasa uno con estas mierdas, ¿qué?

En palabras del organizador, Carlos Palencia: “Proyectamos unas películas que, de tan malas, son buenas”. Al menos el auténtico espíritu de la serie B hace que lo parezcan. Porque el cine malo tiene algo que te hacer caer siempre en sus redes.

Anda mira, aquí pone mi nombre.

Existe un abismo entre este tipo de cine que llegó a algo cuando no aspiraba a nada y la nueva oleada de cine-sharknado que gasta cantidades indecentes de dinero en realizar productos para que parezcan mal hechos. Esta gente, a pesar de presentar un bodrio, lo hace creyendo en él y usando técnicas, muy cutres sí, pero técnicas al fin y al cabo, que sirven perfectamente para suplir lo que haga falta y como haga falta. Incluso hay algunos atisbos de intención con un guiño al Jovencito Frankenstein en el primer relato y, en el tercero, unas peleas con plastilina (no se nota nada el corte) épicas. Pasen y desfasen.

 

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Acerca de Teresa Domingo 174 Articles
Si es creepy, es para mí.

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