Nosotros no te olvidamos Terry

Recientemente Sir Terry Prachett sufrió un severo empeoramiento en su padecimiento de  Alzheimer. Hoy, las Cabezas Cortadas le rinden homenaje.
Por Cabezas Cortadas

Todo queda en casa, y el Mundodisco, con sus cuatro elefantes y su gran tortuga cósmica, en manos de su hija. Y Sir Terry, debido al estado de su  Alzheimer, va a hacer un mutis por el foro, así como se despiden los grandes maestros, sin hacer demasiado ruido y dejando un gran trabajo tras él para el disfrute de las generaciones futuras*.

Hoy las Cabezas Cortadas hacen memoria y seleccionan sus mejores recuerdos sobre la obra de Pratchett, no sea que también se nos olviden, que esas cosas pasan, que uno se deja por ahí un recuerdo y viene alguien y se lo lleva. Como hace Alemanía con nuestros licenciados, que se los llevan de gorra. Y oye, que nadie te dice que les vayan a tratar mejor que nosotros (a lo recuerdos, me refiero, en Alemania a los licenciados los tratan mejor que nosotros, seguro).

@ChemaMansilla

Mis recuerdos de Pratchett son a la vez humillantes y didácticos. Humillantes porque son un montón de viajes en transporte público riéndome a carcajadas mientras el resto del pasaje me miraba asustado. Didácticos porque aprendí que un hombre siempre puede nadar, al menos, la distancia que separa la superficie del agua del fondo. Por no hablar de la cachipolla efímera o de los orangutanes, que ya le hubiera gustado a David Attenborough ser así de didáctico. Aunque con los Attenborough también aprendí que jugar con la genética de los dinosaurios en una isla secreta está mal. O al menos, que es peligroso. Que para el caso es lo mismo, porque Prachett también me enseñó que lo que es peligroso, por norma general, también tiene muchas posibilidades de terminar mal. Porque si no fuera así lo llamaría suave, dulce, agradable, tierno, bollito… Y no peligroso, que si lo estudias detenidamente, es una palabra formada (en su mayor parte) por las partícula «peli» y «oso». «Peli», es como si alguien hubiera intentado escribir con mucha prisa, «poli», que significa muchos. Y seguramente lo escribiera con prisas porque huyera de los muchos osos que venían a continuación. Así que «Muchos Osos». Nada bueno puede salir de ahí. Ni siquiera para Ricitos de Oro, un mal ejemplo para nuestra juventud, una niña que ha pasado su infancia de cama en cama. Camas ajenas, se entiende.

El caso es que con Terry he aprendido mucho: que no hay que temer a la Muerte, que no es más que un simple funcionario cósmico que trata de hacer bien su trabajo. Pero eso no significa que tenga uno que buscar su compañía con dedicación, si no que es algo que ya llegará. Porque siempre llega. Eso es así. También aprendí que es mucho más divertido reirse de algo que quejarse de algo. Y que los sombreros pueden ser divertidos, pero que nunca se sabe por qué, y que como con todas las cosas que no se saben cómo funcionan, aunque sea mínima y aproximadamente, es mejor no hacer el tonto. Así que no uso sombreros divertidos. También me ha enseñado cosas sobre el poder, la política, el dinero y otras palabrotas.

Y es que la risa es la mejor vaselina para meterle a uno conceptos en la cabeza.
Con Terry Pratchett he aprendido tanto, como poco he aprendido de mis profesores.

Un cita de Terry Pratchett:
“Pero tú lees muchos libros, estoy pensando. Es difícil tener fé, ¿verdad?, cuando se leen demasiados libros”.
— Terry Pratchett, Carpe Jugulum.

@teren25

Ante la pantalla en blanco y rodeado de gente mucho más válida, las palabras no salen fácilmente y mucho menos si estoy aquí para hablar de alguien de la talla de Terry Pratchett, un hombre al que admiro y respeto. Os lo voy a decir claramente: este señor es un genio. Muchas veces se ha relacionado el sentido del humor con la inteligencia, siendo así puedo afirmar que este hombre es muy inteligente. Y digo esto a pesar de que uno de los momentos más divertidos que vienen a mi memoría fue aquel fragmento del Color de la Magia de un arbusto parlante.

Un hombre muy inteligente que hace libros (muchos, muchos libros) que no me canso de leer y releer y a cada lectura me quedo con algo nuevo. Porque al final la historia no es más que una excusa para exponer algunas de las inquietudes del autor, hacer reflexionar al lector, hacerlo reir. Porque a pesar de que vivan en un mundo plano sostenido por elefantes a lomos de una tortuga que navega por el espacio, los personajes son tan (algunos un poco más) humanos como nosotros.

Por cosas tan descacharrantes como ¡Guardias!¿Guardias?, por obras tan afiladas como Dioses Menores o por piezas de arte como Ronda de Noche, por sacarme una sonrisa con chistes de monos simios (Nunca se sabe cuando el Bibliotecario puede andar cerca). Por Samuel Vimes y su lecciones de ética y ser el mejor personaje del Mundodisco, por enseñarme política y conflictos exteriores con el Patricio Vetinari, por conseguir reírse de uno mismo, de la vida y de la Muerte. Por esas clases magistrales de física… Por todo eso yo le doy gracias y muchos ánimos para que siga con nosotros mucho tiempo más.

Una cita de Terry Pratchett:
“Un pie en el cuello es el noventa por ciento de la ley”.

@IronMonIsBack

No debería decir esto. Van a echarme de la isla. Lo sé. Lo merezco. Pero he de hacerlo. Allá va:

Nunca he leído a Terry Pratchett.

Ya está. Lo he confesado. ¿Contentos? Ahora ya puedo ir a comprarme un látigo de nueve colas acabado en pequeñas y puntiagudas bolitas de acero, para acto seguido fustigarme con la mano izquierda mientras con la derecha voy haciendo un pedido de Amazon con todos sus libros en la cesta de la compra. La penitencia es lo que tiene. Podría dar muchas razones que me excusaran de no haber leído ninguno de los libros de Terry Pratchett, pero ninguna sería lo suficientemente sólida o convincente, ni aguantaría mas de dos segundos antes las preguntas insidiosas de los fans de Mundodisco. No tengo perdón. Asumo mi culpa. Ahora que el Alzheimer nos arrebata a uno de los creadores mas prolíficos y geniales del siglo XX, es el momento de enmendar mi error. Es hora de subirme a la espalda de esa tortuga gigante y unirme a legiones de seguidores de un universo inimitable para, en un futuro muy próximo, poder gritar con todos ellos y antes de que esa Muerte funcionarial nos lo arrebate: “Gracias, Maestro”.

Una cita de Terry Pratchett:
Ninguna. Para citarle tendría que tirar de Wikiquote y no me parece justo. Terry merece algo mejor que la fútil artimaña de un hereje como yo.

@PatriTezanos

Mi primer buen recuerdo con Terry Pratchett fue cuando desbloqueé el logro “Primer libro que te prestan” con una amiga que me pasó su ejemplar de Fausto Eric, allá por la ESO. El segundo es tumbada en el césped de una playa portuaria gallega leyendo Brujas de Viaje. Y el tercero es reencontrándome con él en una libería de Barcelona, cuando me crucé con una edición de El Color de la Magia por 1’95€ y me dije “es hora de volver al Mundodisco”. Y la trilogía Rincewind-Dosflores me requeteencantó hasta el nivel de comprarme unos pantalones con estampado floral bastante horteras por pensar “¡Eh! ¡Pantalones de Dosflores!” al verlos.

De Terry Pratchett me quedo ese eterno aroma de sus libros a aventura point-and-click de las clásicas como Simon The Sorcerer o Monkey Island, de esas en donde el humor era fundamental y un arte. Y con el Pensamiento Feliz de que si alguna vez en mi vida se me pasa por la cabeza tener hijos, les daré a leer sus historias y me sentiré una buena madre, tengan 10 años o 16. Se pueden disfrutar a cualquier edad.

Una cita de Terry Pratchett:
“A tomad pod culo” — Cohen El Bárbaro (desdentado) en La Luz Fantástica.

@Solo_en_Saigon

Javier Calvo es uno de los mejores escritores en lengua castellana con los que tenemos la suerte de compartir planeta, país y presente. Javier Calvo también fue (ahora, ya no) el traductor al español de Terry Pratchett. Javier Calvo, que se dedica a explorar en sus obras conceptos como la vida secreta de la literatura y de su sustancia, es un admirador acérrimo de Terry Pratchett, calificándole de “el mejor narrador que he traducido” y de “puto genio”. Con este veredicto debería sobrar. Pero como los argumentos de autoridad dan pereza, proseguimos.

Aunque servidor haya leído a Pratchett muchísimo menos de lo que debiera, le debe por este orden un placer y un escalofrío. El placer, claro, es la risa, mientras que la otra mitad de la deuda llega cuando uno se asoma al abismo y la tortuga Gran A’Tuin le devuelve la mirada. Porque el Mundodisco es un lugar horrible, vertebrado por un caos sediento (como mandan los cánones) de sangre y de almas, y lo pasmoso de sus historias es la habilidad de Sir Terry para remontarse más allá de los placeres que ofrecen la misantropía y el humor de garrotazo y tentetieso. Para convencernos de que, a golpe de tesón y de ideas, incluso ese panorama puede mejorar un poquito, aunque esas mejoras traigan consigo nuevos problemas, y nuevos espantos.

Alguien dijo que los buenos cuentos de hadas no son buenos porque en ellos haya dragones. Lo son porque nos enseñan que los dragones pueden ser vencidos. Y quien dice “dragones” (de los grandes) dice también “los Auditores”, “los sacerdotes de Om”, “las hadas” e incluso “el señor Teatime”. Dadas las últimas noticias sobre el señor Pratchett, sólo cabe desearle un feliz encuentro con ese caballero que HABLA EN MAYÚSCULAS, con el cual a buen seguro tendrá mucho de que hablar. Por lo que toca a nosotros, sólo cabe desearnos un porvenir con tiempo y espacio para releer sus libros. Y para aplicarnos el cuento, también.

Una cita de Terry Pratchett:
“Verás, lo único que hacen bien las personas buenas es librarse de las malas. Eso lo hacéis de maravilla, desde luego. Pero lo malo es que es lo único que hacéis de maravilla. El primer día suenan las campanas porque ha caído el tirano, y al siguiente todo el mundo empieza a quejarse porque, desde que se fue el tirano, no funciona el servicio de recogida de basuras”.  – El patricio Vetinari al capitán Sam Vimes, en ¡Guardias! ¿Guardias?

@JuanmaRuizP

Mi mejor recuerdo de Terry Pratchett es también el más nebuloso. Porque, en tercer lugar, mi mejor y más nebuloso recuerdo de Terry Pratchett fue, además, mi primer contacto con Terry Pratchett. Y esto es probablemente porque cuando me crucé por primera vez con el Mundodisco estaba más cerca de los diez años que de los dieciséis. En realidad no había cumplido los diez, cuando el azar (y la Muerte) me hizo descubrir que la risa también se lee.

El tema es que mi madre era suscriptora del Círculo de Lectores. Ya sabes, te mandan una revista que es como el catálogo de Ikea pero con libros en vez de Mickes y Billys, y te comprometes a comprarles un libro al mes. Suena muy bonito, pero el caso es que muchos meses te encuentras pidiendo libros acerca de los que no tienes ni la más remota idea: ni conoces al autor, ni el argumento que resumen en dos líneas en la revista te dice gran cosa. Pero tienes que encargar algo ese mes. Total, que pides un libro que de otro modo jamás habrías mirado dos veces en la estantería del Pryca. Y lo pides para ti o, como sucedió en esta ocasión, para tu hijo, un mico de nueve años que devora lo que le echen (a esas edades ya habían tenido que arrancar de mis manos, a tirones, El perfume, de Süskind, que no terminé de leer hasta empezada la veintena. Pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión).
Bendito Círculo de Lectores.
Así que allí estaba yo, frente a lo que parecía un libro de aventuras fantásticas más o menos al uso. Ingenuo de mí. Por supuesto, buena parte del humor de Mort (mi primera y, ya por siempre, una de mis favoritas entre las entregas del Mundodisco) pasaba desapercibido para un niño de esa edad, pero desde el primer momento tuve claro que este libro era distinto de todo lo que había leído antes (especialmente, de El perfume). Era un libro divertido, con una aventura tan desquiciadamente original y un mundo tan descaradamente diferente al nuestro (y, a la vez, tan parecido) que acabé leyéndolo aproximadamente una vez cada dos meses, entre tomo y tomo de El pequeño vampiro.
Tuvieron que pasar muchos años para que Plaza&Janés comenzara a publicar la serie de Mundodisco en orden, y para cuando le puse la mano encima a El color de la magia, ya estaba en el instituto. A partir de ahí, regresaría muchas, muchas veces al Mundodisco, como quien hace la visita de rigor a los viejos amigos con los que recuerdas los mejores tiempos. Pero no podré olvidar que mi primer viaje lo hice acompañado de Mort, Ysabell, Buencorte, Albert y la mismísima y maravillosa Muerte.
Mira que es divertida la Muerte.
Una cita de Terry Pratchett: “Una hora antes, Buencorte había reunido cuidadosamente un cierto número de ingredientes caseros y había acercado a ellos una cerilla encendida. Mira que son curiosas las cejas, pensó. Nunca reparas en ellas hasta que te faltan.” – Terry Pratchett, en (por supuesto) Mort.

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*Que son esas generaciones que han de venir, pero que todavía no han llegado, lo que quiere decir que son generación en potencia. Es curioso destacar que la posible existencia de esas generaciones futuras y potenciales dependan también de la potencia, más física, de las generaciones presentes.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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