OBLIVION SONG: Kirkman golpea de nuevo

El estreno mundial de Oblivion Song es un buen motivo para hablar de uno de los creadores de cómic más mediáticos de los último años, y de saber si con su nueva obra me rescata del tedio creciente que me producen Los Muertos Vivientes.

Por Javier Marquina

La fe mueve montañas. No sé hacia dónde, pero lo hace. Eso es precisamente lo que la convierte en algo mágico y misterioso. La fe. La creencia en lo etéreo. Mediante la fe uno es capaz de realizar actos incomprensibles, traumáticos, portentosos, terribles, dignos de un desequilibrado. Uno se inmola, asesina y comulga con credos que incluyen sentencias dignas de la Edad Media. La fe también te ayuda a seguir. A levantarte cada día. A digerir un mundo insoportable en el que muchas veces el único asidero es la posibilidad de lo imposible, de lo incierto, de aquello que no puedes demostrar.

Fe.

La razón por la que sigo leyendo algunos de los cómics de Robert Kirkman. Una fe casi ciega sustentada por muchos momentos brillantes de gozo; momentos que recuerdo como si fueran ayer. Fe en el futuro próximo. En que dejaré de dormirme con cada página. En que en algún momento no todos tendrán las mismas caras y lograré recordar de entrega en entrega quién es quién. En que por fin sucederá algo. Fe en que los personajes de esa saga eterna de apocalipsis y zombies volverán a importarme como antaño. Fe en que volveré a sentir sus muertes y en que no me aburriré como la proverbial ostra con cada nuevo episodio de la historieta. Una fe que me impulsa a seguir comprando con esperanza y me hace olvidar el “este es el último” que entono cuando la cierro la última página del soporífero volumen de turno. Fe como idea de redención, de apoyo, de confianza.

Reconozco que, en parte, soy también un poco hereje. No he leído otras obras del amigo Kirkman como Ladrón de Ladrones o Outcast por pura pereza, quizá demasiado implicado en las mastodónticas Invencible y la citada (implícitamente) Los Muertos Vivientes como para embarcarme en una nueva odisea en apariencia interminable que no sé cuándo acabará. Es en parte miedo, en parte hastío. Una grieta que hace tambalearse esa fe que en ocasiones parece rocosa e indestructible. Sin embargo, el inminente final de las aventuras de nuestro viltrumita favorito y la sensación insalvable de que las aventuras de Rick Grimes hace tiempo que me importan un carajo, han conseguido que me embarque en su nuevo cómic, Oblivion Song, porque uno se sabe débil y la droga es la droga. Eso es evidente. Kirkman como adicción. Como necesidad. Como dosis anual obligatoria.

Muchos son los puntos a favor que uno puede encontrarse en esta primera entrega. Una premisa interesante, un giro de tuerca a una idea manida muy inteligente y el arte de Lorenzo de Felici. El italiano me sumerge en un estado que podríamos llamar “Ciencia Oscura“, ya que he disfrutado tanto con sus páginas como con las de su compatriota Matteo Scalera, no solo por su gran parecido gráfico, sino por el ambiente y el dinamismo que confiere a sus viñetas. Algo que casi podríamos empezar a llamar escuela italiana, llena de rostros angulosos, monstruos curvilíneos y mujeres reales en un mundo fantástico. Todo ello aderezado con los ajustados colores de una Annalisa Leoni que da el do de pecho en las páginas enmarcadas en la dimensión alternativa. Un auténtico acierto que justifica casi por si solo la compra del cómic. Casi.

Es cierto que hay un regusto inevitable en lo que sucede que recuerda en muchas ocasiones a la serie de ciencia ficción de Remender y Scalera: el científico, el mundo paralelo, la familia y el remordimiento como motor de la acción… pero como soy un defensor ferviente de la idea de que todo está inventado, no me molestan especialmente estos déjà vu con los que Kirkman va construyendo el camino. También hay mucho de Los Muertos Vivientes aquí. No podía ser de otra manera. Mucho de esas historias centradas en los personajes, con olor a culebrón, en las que lo psicológico y el retrato de caracteres cobran una vital importancia y en las que Kirkman demuestra que sabe manejarse a la perfección. “Escribe sobre lo que conoces”, suelen decirte cuando empiezas a crear, y el guionista americano se aplica con meticulosidad estricta a contar una y otra vez una historia coral en la que ha demostrado su maestría. Sabe lo que se hace, y no arriesga porque no necesita hacerlo.

¿Ventajas? Es Kirkman haciendo lo que mejor sabe hacer. Y, además, con nuevos personajes, nuevos ambientes y nuevos giros. Un soplo de aire fresco necesario para todos los mártires de la causa zombie que, sin inventar la pólvora y siguiendo paso a paso las directrices ya sabidas, nos proporciona un arranque de los que enganchan y que invita a comprar sin dilación el segundo tomo.

¿Inconvenientes? Todos aquellos que derivan de sus ventajas. La adicción, la duración incierta de la serie, la posibilidad de eternizarse y ese regusto cada vez más amargo que te deja lo inconcluso, lo que se estira como un chicle por razones más comerciales que creativas y va perdiendo fuelle por la propia imposibilidad de mantener el interés hacia algo de manera indefinida. Algo así como la muerte de la ilusión. Esa sensación de angustia, congoja y morriña que te invade cuando cosas que has amado tanto te acaban dejando vacío.

Oblivion Song es un tebeo que merece la pena empezar, y solo el tiempo dirá si debemos huir de él a los primeros signos de agotamiento. Esta vez prometo no esperar al tomo 28 para abandonar, de una vez por todas, el sufrimiento y la tortura.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en OBLIVION SONG: Kirkman golpea de nuevo

  1. Estaba dudando si hacerme con él o no por exactamente eso: la duración. Pero dado que su comienzo es prometedor y yo aún disfruto de Los Muertos Vivientes (y acabo de empezar Invencible) creo que probaré a ver por dónde sale. Como siempre, da gusto leerle, Sir.

    • Siempre nos queda la opción de abandonar la serie. Aunque esto lo dice alguien que lleva comprados los últimos 4 tomos de Los Muertos Vivientes por pura inercia…

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