OINK. El carnicero del Cielo.

La obra maestra de John Mueller es uno de los grandes olvidados de la historia comiquera. Y no debería, pues estamos ante una de las grandes joyas que ha dado el noveno arte.

Por Joe Runner.

Renovarse o morir. Esa es una de las primeras leyes en el mundo de la comunicación que en pocas ocasiones se lleva al apartado artístico. Sí que es cierto que en el mundo cinematográfico o en el de los cómics no es algo tan extraño. Constantemente vemos reboots o remakes de infinidad de títulos clásicos que, en manos de otros autores, vuelven a contarnos el origen de ciertos personajes o repiten historia con actores jóvenes y mejores efectos visuales de los que gozaron en su día. No estoy en contra de esta práctica en realidad, pero me mata cuando se borra todo lo acontecido hasta el momento, convirtiendo el tiempo empleado por el fan en un desperdicio. Creo que reinventar una historia ya existente puede llegar a ser un gran acierto, siempre y cuando no se anule todo lo demás. Y sobretodo cuando es el mismo autor que, debido a alguna fecha señalada o porque le ha dado la gana a él, rescata alguna obra suya en pos de hacer justicia con ella y mejorarla en algún aspecto. Y un claro ejemplo de ello sería el cómic de OINK: El Carnicero del Cielo. Un gran olvidado que merece ser recordado.

Antes de que Oink, uno de los grandes enemigos del estado, sea ejecutado, un joven cura y su escribano serán los últimos en conocer la historia de tan famoso personaje. Nacido en una carnicería de la ciudad de Heaven, no tardó en darse cuenta que las cosas no estaban bien. Había sido criado para matar a esos animales que tanto se parecían a él. Pobres cerdos que eran alterados genéticamente y servían como alimento del resto de la población. Además tenían terminantemente prohibido salir de aquel lugar, compartiendo vivienda con las susodichas bestias. El lugar era dirigido por un guardián, el cual contaba con un pequeño ejercito de ángeles que vigilaban a Oink y los suyos constantemente, incluso cuando el amo del lugar se encargaba de darles las misas. Y pobre de aquel que osaba pensar por sí mismo o se salía del redil, ya que, en ese preciso momento, la muerte del hereje era inminente y a manos de uno de sus hermanos. Es por ello que Oink tuvo que huir y destruir todo tras de sí. A partir de ese momento, sabía que jamás iba a dejar de huir y que la venganza sería su único motor. Hasta el fin de sus días…

Obra compleja donde las haya y no porque se trate de una historia difícil o enrevesada, sino porque la profundidad psicológica de todo lo que ocurre alrededor del protagonista es muy intensa. Un guión claramente centrado en las ideologías extremistas, en especial el nazismo, está lleno de crítica durante su primera mitad para sumergirnos en la acción más brutal cuando Oink decide poner punto y final a su situación al meridiano de la obra. Esta distopía clásica también nos muestra el papel de la religión en el adoctrinamiento y control de la población que sufren los habitantes de este colegio reconvertido en matadero de cerdos, en el que sus trabajadores son experimentos genéticos entre esos mismos animales y hombres, haciendo que la gracia divina de la situación sea de lo más bizarra y retorcida. El simbolismo es algo que, evidentemente, también está muy presente, siendo un claro ejemplo el que los sicarios que trabajan para los gerifaltes de Heaven tienen una falsa aureola en su cabeza, pese a ser una panda de asesinos sanguinarios y sin escrúpulos. Un guión que consigue ganar con su relectura y que sus referencias históricas de la Polonia nazi enriquecen todavía más.

La desobediencia se paga con la muerte.

Pero no olvidemos que John Mueller realmente es dibujante. El grueso de sus trabajos han sido portadas para diferentes cómics o revistas, dejando ese mundo para dedicarse al cine y la ilustración digital. Quizás sea por ello que su arte es tan vistoso y realista, con una calidad en sus detalles que choca al tratarse de un mundo lleno de seres antropomorfos e irreales. Es gracias a su arte que el miedo, la claustrofobia y la angustia sean algo tan palpable que hasta el lector se ve impregnado por estos sentimientos. Su estilo tan precioso y detallado contrasta fuertemente con el universo de decadencia y muerte que nos muestra en cada una de sus viñetas. Esta mágica dualidad se ve reforzada gracias a un coloreado atípico, semejante a pinceladas en ocasiones y claramente digital en otras. Otra simbiosis que funciona a las mil maravillas en la obra. También hace un uso de la distribución de viñetas de forma muy personal, consiguiendo ganar fluidez en su narración visual. Y no le viene nada mal, porque debido a su estilo artístico, el movimiento es algo que brilla por su ausencia.

Lo que realmente me llama la atención es que Mueller redibujó toda la obra a razón del vigésimo aniversario de ésta. Si comparamos el apartado artístico de la miniseri que publicó Norma Editorial en los noventa, podemos comprobar la increíble evolución que ha sufrido su dibujo con el paso de los años. Según el autor, tardó casi cinco años en redibujar toda la historia de Oink, añadiendo historia e imágenes extra al inicio y final para darle mayor empaque a la historia. Todo lo que hiciese falta para mejorar la que se presupone la mejor obra del artista.

El salto cualitativo artístico es palpable.

En resumidas cuentas, Oink: El Carnicero del Cielo es una joya del noveno arte que deberían reeditar en nuestro país. Y no deberían tener excusa, pues recientemente ha sido publicado por Dark Horse en una edición muy bonita y perfecta para la estantería de cualquier coleccionista de cómics. A lo mejor Norma se anima y lo reedita en esta nueva versión. Más que nada, por aquello de renovarse o morir.

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Acerca de Joe Runner 15 Articles
Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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