ONIHEI. El James Bond samurái.

Las novelas de Shotaro Ikenami hechas anime. Recomendable hasta para los que no ven anime.

Por Teresa Domingo.

 

Con Onihei cierro (espero) el ciclo obsesivo compulsivo de samuráis en el que me he visto envuelta en los últimos meses. Es como cuando tienes perro y te vas de viaje sin él, que ves perros por todas partes, pues igual pero con samuráis del periodo Edo.

Como cada inicio de temporada de anime, suelo dar una vuelta por los estrenos, veo algunos capitulillos de los que más me llaman la atención y para mi desgracia me quedo enganchada a más de los que debería. No sé si es que ya he llegado a un punto en el que no filtro nada que no contenga un aviso para padres bien grande o que la mayoría de estrenos de invierno han resultado de un estilo extremadamente amoroso-colegial para mi gusto, pero Onihei me ha parecido una propuesta diferente y más que recomendable, como decía, incluso para aquellos que no gozan habitualmente de los placeres que nos ofrece el anime japonés.

Allá por el año 1967 Shotaro Ikenami comenzó a publicar Onihei Hankachô en la revista All Yomimono, a modo de serial, cuya premisa es tan buena que dio para serie de televisión y varias películas (y aunque la premisa no fuera tan buena, los japoneses habrían sacado hasta una adaptación para teatro callejero, no nos engañemos). Este invierno, Studio M2 con Shigeyuki Miya encargado de la dirección y los diseños, ha llevado al terreno animado las aventuras de Heizo Hasegawa, el terror de los ladrones de Arson.

Onihei es la historia de un detective samurái en el periodo Edo japonés. El “demonio Heizo” es el encargado del Control de Robos de Arson, quien, valiéndose de los ladrones de poca monta que capturan a los que usa como espías y topos en bandas de ladrones y violadores, consigue irrumpir en los antros donde se reúnen o truncar los planes de su próximo asalto. Cada detención supone un despliegue de acción, kimonos, katanas, jazz y artes marciales tan disfrutables como bien diseñados.

La verdad es que sólo encuentro cosas buenas en esta serie. Desde la intro, que no es el típico opening con música techno-metal japonesa sino un temazo de jazz que apetece escuchar en cada capítulo, hasta el final, que además es autoconclusivo, lo que lo hace más atractivo de ver. O al menos más cómodo. Cada caso se resuelve en un episodio, ofreciendo la dosis justa de intriga y acción y logrando mantener la atención del espectador sin agotarnos en tramas y subtramas detectivescas difíciles de seguir semanalmente.

El arranque es una escena lo suficientemente violenta como para ser mencionada, recreando las torturas del periodo Edo sin censura, una práctica habitual de la época como método interrogatorio, algo que ya pudimos ver en Silencio. Bueno, aclaremos, sin la censura loca japonesa. Esa que permite ver cómo le sacan los higadillos a alguien o le insertan cualquier cosa por cualquier orificio pero que no te permite ver un pezón.

A pesar de contar con poco presupuesto, Onihei sabe aprovechar los recursos con los que cuenta, tanto narrativos como de diseño. El primer episodio es el mejor ejemplo: una presentación por todo lo alto, que, tras una buena dosis de sangre y violencia, resulta ser una metáfora de El Último Vigía, representada por Kumehachi, un prisionero que se nos presenta como un héroe desgraciado que, del mismo modo que los soldados en la retaguardia no conocen el final de la guerra y mantienen su posición, olvidados, él mantiene los valores de su primer maestro en el arte de robar, a pesar de que él mismo le repudió. Este y otros personajes serán los que ayudarán a Heizo a mantener el orden entre los ladrones.

En cuanto al dibujo, al ser un anime dirigido a un público adulto, presume de rasgos únicos para cada personaje. Aunque sí es cierto que los protagonistas están más europeizados, el resto de elenco secundario goza de ojos rasgados y cortes de cara más orientales que, a veces, se echan tanto de menos en este tipo de narraciones. El diseño de vestuario y los estampados tradicionales de los kimonos también resultan impecables, así como la arquitectura clásica japonesa y sus jardines, que están perfectamente representados. No porque sea una serie que recrea una fantasía se debe caer en el descuido de este tipo de detalles, que en el fondo son los que hacen que te impliques en la historia.

Seguramente no estemos ante el anime del año pero sí con uno que cumple con creces las expectativas que ofrecen  las novelas de Ikenami y al que se le pueden poner pocas pegas. Bien planteado y ejecutado, sin personajes ni tramas complejos, pero con una premisa y una estructura narrativa muy potentes que satisfacen visualmente. Para mí es el mejor estreno de la temporada de invierno, dentro de lo complicado que suele resultar el comienzo de año para las series.

Tengo samuráis para rato.

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Acerca de Teresa Domingo 153 Articles
Si es creepy, es para mí.

1 comentario en ONIHEI. El James Bond samurái.

  1. Pues no estoy de acuerdo contigo en una cosa. Es cierto que no poseen un respaldo económico considerable y que, por ello, tienen que aprovechar al máximo lo que tienen, pero sí me parece uno de los mejores animes que he visto (y he visto viejunos, pero he visto). Quizás no en calidad visual, pero en historias es la hostia. Ojalá editaran aquí los libros (no sé si lo hacen, ni lo he mirado). Larga vida a Hasegawa Heizo.

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