ORGULLO Y PREJUICIO Y ZOMBIS y la madre que los trajo.

Está claro que todo mejora con zombis  y casi todo con monos, pero, a veces, se nos va de las manos y surgen esperpentos como éstos.

Por Teresa Domingo.

 

Primero fue Orgullo y Prejuicio, la novela de Jane Austen de 1813. Luego llegó Orgullo y Prejuicio y Zombis, la novela de Seth Grahame-Smith de 2009. Tan sólo un año después se colaba en las librerías Orgullo y Prejucio y Zombis (y dibujos), la novela gráfica, con guión de Tony Lee e ilustrada por Cliff Richards. Y ahora aparece la adaptación cinematográfica: Orgullo y Prejucio y Zombis, The Movie (La Movida), de Burr Steers.

No, no os estoy aconsejando que vayáis a verla, pues está basada en la novela del ya conocido como el destroza-clásicos, Seth Grahame-Smith y no es que goce de la mejor crítica. Los aficionados a la literatura clásica huyen espantados de este personaje que se dedica a hacer mash-ups con los títulos de mayor renombre y los seres del inframundo. Bueno vale, Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros le salió bien,  la verdad es que esa combinación sí funciona, y esa peli sí quedó recomendable. Pero con Orgullo y Prejuicio no se puede decir lo mismo.

Por desgracia los zombis se están convirtiendo en una especie cada día más corrompida, que ha perdido toda la frescura y la diversión que suponía esperar la siguiente vuelta de tuerca del género. A base de bombardeos de zombis guapos, disfrazados de amiguetes supercools en la gran pantalla, y zombis rancios, cubiertos de casquería hasta el infinito y más allá en web series que proliferan como setas, nos hemos acostumbrado a ver zombis hasta que han perdido su horror primigenio y han dejado de ser esos seres malolientes que asediaban las ciudades con el único objetivo de comer cerebros, para ser algo más en nuestra parrilla visual. Cuánto  mal ha hecho al inframundo la adaptación de The Walking Dead, de la que me declaro cada día más contraria, por mucha acción que hayan incluido en esta nueva temporada. Claro, la trama avanza porque el cómic avanza, pero no de la misma forma. Aunque, ahora que lo pienso, los que estén disfrutando con esa serie de aventuras familiares con zombis de fondo probablemente también lo hagan con el destrozo de la novela de Austen. Pobrecilla, si levantase la cabeza… sería un zombi que viene a salvar su propia historia de los zombis…

En fin, la historia se desarrolla en la Inglaterra del  S.XVIII, cuando la cómoda vida de la familia Bennet se tambalea tras la muerte del señor de las tierras donde se hospedan. Por ello, se ven con la urgencia de casar a sus cuatro hijas lo mejor y más rápido posible, antes de quedarse sin un lugar donde alojarse. Todo un relato “biográfico” de la sociedad de clase media-alta de la época, en el que se refleja el orgullo de los más poderosos frente a los prejuicios que desatan sus actitudes en público. Debido a que Seth Grahame-Smith ha sitiado los caminos con muertos vivientes, o como él lo llamó, “la extraña plaga”, las hijas de los nobles son instruidas en las artes mortales de Japón y China, para poder defenderse de los innombrables cuando van en carroza, a caballo o a pie, a los bailes, a jugar a las cartas o tomar el té. Porque sí, hay una invasión zombi, pero la gente sigue con sus vidas de alta alcurnia y banquetes de postín. Y chirría porque el mash-up que ha hecho este señor ha sido literal: ha cogido la novela de Jane Austen y le ha incrustado unos zombis con calzador. ¿Dónde metes una plaga zombi en una novela romántica del siglo XVIII? Pues ahí, donde se pueda.

Y es que si la plaga zombi se iniciase de algún modo, o se viera una intención clara de acabar con ella, quizá la mezcla podría llegar a funcionar, y, aun así, permitidme que lo dude. Son dos géneros tan diametralmente opuestos que habría que plantearlo desde otro punto de vista diferente y un poco más trabajado. De hecho, la única subtrama que para mí funciona es la de Charlotte, una amiga de las hijas Bennet que se casa con el primer pagafantas que pilla, a sabiendas de que está infectada, porque es la única manera de que, cuando lo descubra, la decapite y la de la cristiana sepultura que por aquellas el ser humano necesitaba.

Ni la novela  adaptada ni el cómic, con todos sus innombrables arrastrándose a la vez hacia los protagonistas, son capaces de romper el ritmo lento y sutil de la historia romanticona original, pues al final todo trata de eso, de protocolo, modales y discurso moral anticuado. Y como el adaptador se dedica a poner zombis donde el relato se deja, hay una buena parte en la que no es posible que hagan su aparición y la lectura se vuelve tediosa y pesada entre tanto amorío superficial. Y sí es cierto que el cómic resulta más ligero que la novela, por aquello que te dan más de la mitad mascado y no tienes que imaginar a las damiselas entrenando con vestido largo. Además, con la versión ilustrada puedes entretenerte con el siempre bonito trazo de Cliff Richards, quien estuvo al frente de Buffy Cazavampiros durante cinco años, aunque, para mi gusto, en color hubiera sido mejor. Al menos sabes que los pobres zombis van a tener un aspecto digno de su inmundicia. Lo que depara la peli es más de lo mismo: una historia de amor con trajes de época, donde de vez en cuando hay que deshacerse de unos abominables seres sacando dagas de los ligueros.

A mí, personalmente, no me disgusta que haya gente como Grahame-Smith, que destripe literalmente a los personajes de una obra cualquiera y los llene de sangre de arriba abajo, pero si es con un mínimo de criterio, mejor. Una vez más, queda demostrado que los zombis, por suerte y por desgracia, no encajan porque sí en todas partes.

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Acerca de Teresa Domingo 159 Articles

Si es creepy, es para mí.

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