ORGULLO Y SATISFACCIÓN. El duro adiós.

En el peor transcurso de la era moderna de nuestro país, una de las revistas satíricas más importantes detiene sus rotativas (si las tuviera). Hoy toca rendir homenaje a Orgullo y Satisfacción.

Por Joe Runner.

¿Conocéis el chiste en el que una persona va al médico para ver unos resultados y éste le dice que morirá en 24 horas, si hubiese ido el día anterior? Pues con esa sensación de muerte anunciada, pero que, pese a ello, sigue siendo igual de inesperada y dolorosa es con la que nos hemos quedado los seguidores de Orgullo y Satisfacción. Tras lo que sucedió hace más de tres años en El Jueves, en el que varios artistas fueron despedidos (y otros le siguieron por camaradería o apoyo) por realizar un número especial a la abdicación de nuestro Borbón favorito en su vástago, en el que la portada fue censurada por la “democracia” española, se fundó esta revista digital para seguir haciendo lo que mejor saben hacer: criticar la sociedad mediante el humor más directo y claro que un lápiz y un papel pueden aportar.

Despedirse siempre es duro y más cuando la situación es harto injusta. Cerrando con este proyecto en el que se embarcaron personas tan importantes del noveno arte nacional como Manel Fontevila, Albert Monteys, Bernardo Vergara, Manuel Bartual o Guillermo, entre muchas otras personas, los lectores hemos quedado huérfanos de la única vía de escape saludable que nos mantenía informados de la realidad de nuestro país, mientras podíamos reirnos sin temor a represalias de todos los personajes implicados en esas noticias y tiras cómicas. Sobre todo después de que el fascismo esté entonando los ritmos de marcha que deben llevar los medios de comunicación si quieren seguir vendiendo ejemplares o mantenerse en antena sin que les tengan que dar el tijeretazo desde la capital de España. La corrupción campa a sus anchas en un país en el que su pueblo se preocupa más por la proximidad de El Clásico que en la cantidad ingente de triquiñuelas que sus políticos y caciques hacen para seguir estando encima de la pirámide, pese a la crisis mundial que vivimos actualmente. Una limpieza de sangre de cuarenta años y un lavado de cerebro general tras la muerte del Generalísimo, ha funcionado a las mil maravillas para crear este caldo de cultivo perfecto en el que la podredumbre se expande con total impunidad ante los ojos impasivos de un rebaño uniforme de ovejas y ovejos que forman esta gran nación.

Para muchos esta situación carecerá de importancia, siendo para ellos el mero cierre de una revista más de humor que pasará a mejor vida. De lo que no somos realmente conscientes es de la gravedad del asunto en cuanto a las libertades en nuestro país y la manipulación de la información que sufren las noticias que nos llegan de los distintos medios. Y es que todavía no nos hemos dado cuenta de que el periodismo ha muerto. Está finito. Mort. Dead. Kaput. Moñeco… Ya nadie se preocupa por buscar la verdad y llevarla al pueblo, trabajando en algo que era más vocacional que un simple oficio con el que ganarse las lentejas. Ahora premia el  número de visitas, el click rápido, convertirse en los primeros en contar cualquier noticia. La que sea. Lo que nos lleva a no contrastar la información que nos dan. O peor aún, a escribir lo que nos mandan desde puestos más altos de la cadena alimenticia periodística. Porque amigos, por irónico que parezca, la única opción que nos queda de enterarnos de qué narices sucede en nuestro alrededor con noticias sin adulterar es a través de estos medios satíricos como son El Jueves, Mongolia u Orgullo y Satisfacción.

La explicación más lógica que le encuentro a esta situación es que el autor de tiras cómicas que se encarga de mofarse de la actualidad, está más en contacto con la vida real y las personas reales. No vive en una burbuja acomodada ni bajo la incesante supervisión de un jefe caciquero que les fustiga si se salen de la línea de puntos a la hora de dibujar su tira. No necesita ser el primero, aunque sí original, a la hora de narrarnos una situación acaecida en anteriores días. Su contacto con el receptor de su mensaje es mucho más directo, sincero o cercano que cualquier texto impreso en un periódico o trasmitido por radio o televisión. El autor no precisa de tu audiencia, de que le sigas en su red social o salir en las portadas del resto de medios de comunicación. Aunque tampoco estaría mal. Lo que nos daba Orgullo y Satisfacción no nos lo dará jamás otra revista y es por eso que estoy tan dolido. Porque duele despedirte de aquello que quieres. Porque son necesarios. Porque son únicos. Y porque, sobre todas las cosas, han sido lo mejor que le ha sucedido al pueblo español en cuanto a “periodismo” en los años que han estado en activo. Si la vida es una constante batalla contra las distintas caras de la incultura e intolerancia (fascismo, racismo, machismo…), es una lucha que estamos perdiendo con desapariciones como la de esta revista digital. Y es que con el cierre de Orgullo y Satisfacción la risa en España está de luto. Y eso, amigas y amigos, no es nada gracioso. Menuda manera de cerrar el 2017…

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Acerca de Joe Runner 43 Articles
Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Isla. Vivo mejor que quiero.

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