PABLO ARKADA. Vamos a reírnos de esta sociedad de mierda.

Ediciones La Cúpula nos presenta este tomo protagonizado por Pablo Arkada, personaje de la revista El Jueves que es todo un exponente de lo peligrosa que resulta la conciencia social cuando estás siempre drogado e inconsciente.

Por Javier Marquina.

Las lupas son instrumentos peligrosos. Como los microscopios. Armas de destrucción masiva sensorial. Exponen los pequeños detalles a la luz y los convierten en versiones monstruosas de algo diminuto que nos suele pasar inadvertido. Hacen que un insecto parezca un primigenio lovecraftiano, que nuestro colchón se asemeje al hogar de un enjambre de alienígenas sedientos de sangre o que un grano tenga el tamaño de un cráter lunar. Nos descubren un mundo secreto de horror oculto con el que convivimos, se desarrolla a nuestro lado y forma parte de nuestro día a día.

Los cómics, en su faceta cultural de denuncia, consiguen algo parecido. No importa que lo hagan desde la seriedad, el desgarro, la tragedia o, como en el caso de Pablo Arkada, desde la parodia más bestia y ácida.  El efecto conseguido es el mismo. Al final, lo que queda es esa sensación de haber contemplado al monstruo, de haber visto los entresijos llenos de erratas de lo que muchos nos intentan vender como idílico. Tomando el estereotipo más compacto como mecanismo de conducción perfecto, es tan sencillo encontrar los defectos del facha apolillado que dirige una multinacional enterrado en putas, travestis, cocaína y polos de Fred Perry, como los del anarquista de escaparate cuya sólida ideología se fundamenta en el consumo masivo de tranquilizantes para animales, la quema aleatoria de mobiliario público y el sexo sin protección con parejas de dudosa higiene inguinal.

La radiografía presentada por Oriol Jardí y Raul Ariño disecciona sin piedad a todos aquellos que llevan a los extremos más absurdos sus inclinaciones, pretendiendo ser más papistas que el Papa mientras se declaran ateos. Azota sin contemplaciones al rebaño del pijerío capitalista que vive por y para la apariencia, a los ricos que fundamentan su fortuna en la desgracia de los niños del tercer mundo, a los que se quedan atascados en su pasado de adolescencia drogadicta y alcohólica, y acaba convertidos en trapos mugrientos cubiertos de vómito sobre los bancos de cualquier parque. No hay compasión para las góticas piradas enamoradas de la muerte y del rimmel negro azabache, ni para las hippies flipadas y fundamentalistas del veganismo que cultivan toda una jungla fúngica en su frondoso vello púbico. Aquí no se salva nadie. Todos pasan por la piedra. No se respeta nada. Y menos mal.

El humor es ese mecanismo que debe carecer de respeto, de corrección y de contención. Debe manifestarse sin barreras y censuras, porque su principal virtud consiste en soliviantar al idiota y dejarlo desnudo ante los ojos de los demás. Sacarlo de su cueva de falsa educación y de la política correcta en la que cree vivir mediante ironía o humor negro y bestia, demostrando así que el fondo de la idea en la que se basa la broma, es real como la vida misma. Construir una trampa llena de ajos para todo aquel que decida picarse, quizá porque se ve reflejado en las humillantes, vergonzosas e hilarantes prácticas del lumpen moral que transita por estas páginas. Porque de eso se trata. De actuar de lupa. De exponer a la luz. De denunciar. De dejar claro que aunque lo que se lee es una exageración descabellada que puede parecer pura ciencia ficción a fuerza de exceso, el fondo del asunto no está demasiado lejos de la realidad. Una triste realidad en la que radicales de camisa azul casposa y militantes trasnochados del comunismo autoritario se dan la mano en los extremos, porque al forzar tanto la línea, la acaban transformando en un círculo. Un lamentable día a día en el que enanos ideológicos carentes de ética social viven envueltos en la capa de invisibilidad que les confiere un mundo ciego a todo lo que no suene a dinero, autosatisfacción y egoísmo.

Pablo Arkada. Ediciones La Cúpula.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*