PANORAMA. Un vistazo a lo que debería ser y será.

La antología que recoge una nutrida selección de autores españoles escogida por Santiago García y publicada por Astiberri, asalta las tiendas con la esperanza de ser un muestrario de lo que el medio en España es y, sobre todo, lo que podría llegar a ser alimentado de forma adecuada. Obligatorio e imprescindible no solo por la calidad de los autores, sino por lo que representa la compilación en sí.

Por Javier Marquina.

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Lo confieso.

No me he leído Panorama, la novela gráfica española hoy.

Y voy a hacer su reseña.

Matadme.

He cumplido, eso sí, con mi obligación moral de comprarlo y lo he hojeado por encima, pero no, no lo he leído. Bueno, para ser totalmente franco hay algo que sí he hecho. He leído la última historia de esta recopilación, pero porque es de David Rubín y todos sabéis que soy un ‘fanboy’ impenitente y no lo puedo resistir.  A riesgo de parecer que siempre digo lo mismo, confirmo que el señor Rubín, además de ser más chulo que un ocho (la historia se llama “La Demolición, una patada en la entrepierna del mainstream”), es un chulo con motivos, porque a mi parecer, ahora mismo es el mejor autor español de cómic. Sin más.

Pero no dejéis que me distraiga. Aquí el meollo de la cuestión es que voy a imitar a varios medios infames y voy a hacer una reseña de un cómic que ni siquiera me he leído. Alguno estaría orgulloso de mí. No vayáis a pensar que lo hago por pereza o porque la lectura de este tomo no me motiva. Todo lo contrario. Pero tengo mis motivos para reseñar sin haber leído. Y son estos.

El primero es que hacer una reseña que recopila la obra de tantos autores me parece injusto y sobre todo, complicado. Es más un problema de incapacidad personal de valoración global y de carecer de talento para hacer un buen resumen sin dejarse a nada ni a nadie, que de cualquier otra excusa. Aquí autores hay muchos y todos muy buenos. Hay quienes nos gustarán más y otros que nos gustarán menos, pero creo que hay de todos y para todos. Esa es al menos la sensación que yo recibo al ojear la lista de participantes. Hacer una reseña habiéndolo leído todo me llevaría a inclinarme por algunas de las historias en concreto y no me parece justo. Tampoco me apetece hacerlo, para qué nos vamos a engañar. Prefiero que seáis vosotros mismos los que juzguéis después de comprar y leerlas.

La segunda razón por la que no he leído Panorama antes de hacer la reseña, la principal además, es porque creo que de lo que de verdad debemos hablar en los medios es de ese subtítulo que acompaña como coletilla a la portada. Ese “La novela gráfica española hoy”. Porque ahí está el tema. Eso es lo que de verdad importa. Y para decir que ese subtítulo, además de acertado, es una declaración de intenciones  muy necesaria, no hace falta más que haber acariciado la portada y lanzarse. En mi caso a repetir una vez más una cantinela que no me voy a cansar jamás de machacar.

Después de esa tormenta perfecta del cómic vaticinada en muchos medios especializados y que uno espera con pavor pero con resignación dada la actual situación económica, la aparición de un tomo recopilatorio como este y del anteriormente editado por Norma “Historias desde el fin del mundo” hace que se me remuevan las tripas. Y no de asco. Sino de furia. Creo sinceramente que vivimos una época dorada en cuanto a creatividad y talento, cosa bastante común en épocas de crisis moral, social y económica como las que nos está tocando vivir y se me abren las carnes al pensar que muchos de esos autores llenos de fuerza y de cosas que ofrecer puedan acabar engrosando la cola del paro o sirviendo cafés en un bar de carretera. Y me niego. Me niego, de verdad. Llevo meses negándome y llenándome de indignación y gritando desde mis limitados medios cosas que todo el mundo debería oír. Y no porque las diga yo, sino porque son necesarias y lo único que hago es intentar darles eco y que resuenen. Escupo contra cancelaciones, me cago en la bazofia con la que llenan nuestros medios de comunicación, juro y perjuro que haré arder hasta los cimientos los edificios en los que viven aquellos que nos condenan a la mediocridad con su criterio de mejor cuanto peor, mas grande cuanto peor huela. Si al final la tormenta perfecta arrasa con todo porque no hemos movido ni un dedo para evitarla, será porque eso es lo merecemos como comunidad, como grupo de aficionados, como gente que lee. Como lo que ustedes quieran. Si una muestra tan completa de buen hacer y de gente que merece la pena como la aquí mostrada es la que nos ha de llevar al desastre, entonces es que, por inacción, merecemos desastre.  Y eso yo me niego a asumirlo. Me niego a resignarme. Y reclamo mi derecho y el derecho de todos a patalear, a gritar y a luchar por las cosas que merecen la pena. Y esa lucha empieza por apoyar estas iniciativas como Panorama, por comprarlas, por hablar de ellas, por hacer que se propaguen como un virus, como una plaga. Por recomendarlas antes incluso de haberlas leído, con el convencimiento de que lo que necesitamos es genio para enterrar tanta mediocridad y tanta ponzoña y conseguir que con el apoyo suficiente de gente suficiente, este medio siempre raquítico en España acabe siendo lo que debe ser por derecho propio.

Sé que puedo parecer un iluso pero, a pesar de ese desastre que se cierne en el horizonte cual novela de Dan Brown, creo de verdad que estamos viviendo una época espléndida de creatividad y de creativos, y que debemos aprovechar este momento para darle la vuelta a las cosas y escupir en todo aquello que nos quieren imponer, a base de lanzarles a la cara obras de calidad previamente pagadas con el sudor de nuestra frente. Del mundo perfecto en el que el dinero no existe ya hablaremos en otro momento.

Sigue a Javier Marquina en Twitter: @IronMonIsBack

 

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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