Para terminar con el juicio de ‘Mondo Brutto’

«Ha llegado el momento de cuestionar su papel como referente.»

Por Pickman

El fanzine más venenoso e insobornable, camino de los 20 años, anuncia la preparación de un libro antológico. Ha llegado el momento de cuestionar su papel como referente.

Mondo_Brutto_17Hacer inventario de una biblioteca familiar suele ser algo muy triste. No sólo porque dicha tarea tenga lugar a raíz de circunstancias fúnebres, sino también por lo conscientes que nos hace de lo perecedero del gusto. Puede que, en Francia, incluso los anaqueles más modestos del Mediodía o Ille De France rebosen con ediciones primorosas de los Premios Goncourt, pero, en la Península, es acercarse a esos volúmenes atesorados por el difunto abuelo, o el difunto padre, y echarse las manos a la cabeza. Ristras sin fin de Premios Planeta, ensayos obsoletos horas después de su fecha de publicación, autores en cuyas producciones no se salva un mísero párrafo, son algunas delicias que habremos de tragar.

 

Servidor, recién salido de una ordalía por el estilo, sabe que está preparando una experiencia similar para sus herederos en forma de colección de fanzines. Y, dentro de esa colección, probablemente haya un apartado al cual los descendientes de turno se enfrenten con una actitud ambivalente, entre la pura admiración y la vergüenza ajena, salteada con encogimientos de hombros y preguntas de “¿Pero esto qué es lo que es?”. Estoy hablando de una baqueteada, maltratada, superviviente de al menos cinco mudanzas, aglomeración de ejemplares de Mondo Brutto.

 

Con motivo del vigésimo aniversario de su andadura, y estimulados por una oferta popular de crowfunding, la autodenominada ‘Mesa Nacional’ de dicha publicación prepara una enciclopedia (lo dicen ellos, no yo) sobre su historia y sus quisicosas. Una noticia que ha de ser bienvenida por todo castellanoparlante con gusto por la letra impresa. Pero que también da mucho que pensar, o que al menos le ha dado mucho que pensar al que suscribe, porque la prosa de Mondo Brutto nos ha marcado a todos los que empezamos a escribir en España de los 90 en adelante. Y la revista más longeva, venenosa, insobornable y cruel de nuestro panorama nos ha contagiado, también, con hábitos muy dañinos que habrán de pasar factura.
Dentro de la comunidad de lectores de MB, domina la creencia de que el fanzine “ya no mola tanto” porque en sus páginas se encuentra cada vez más erudición y menos agresividad gratuita. A poco que se observen dichos contenidos, se comprueba que la afirmación no es cierta, pero desde aquí preferimos enfocar la controversia desde otro ángulo. Elaborada por estudiosos de la Magia Ceremonial, la revista atraviesa un periplo de purificación durante el cual se despoja de escorias y purulencias que, en otros tiempos, abundaron muchísimo.

 

El nigredo (la fase putrefacta) de Mondo Brutto tuvo lugar a mediados-finales de los 90, llegando a su cénit con el ‘legendario’ número 17. Seguro que los más veteranos recuerdan aquella portada, con el propietario de una discográfica por entonces en la cresta de la ola, y aquel artículo, tan certero como venal, en el cual un ex redactor del fanzine ponía en solfa a dicha empresa. Que la disquera (Subterfuge) haya acabado balanceándose en la segunda división es algo que dice mucho sobre la raquítica cultura popular de estos pagos, y sobre sus arquitectos. Que el redactor (Dildo de Congost, alias Luigi Landeira) haya acabado escribiendo sobre hamburgueserías guays en revistas de tendencias, también. Y todo ello, tras un culebrón judicial que estuvo a punto de costarle al fanzine una suma con muchas cifras, gracias a la socorrida figura legal de la difamación.

 

El remate a lo dicho deberá llegar cuando, repasando esos números, comprobemos algo: la época de mayor popularidad e influencia de Mondo Brutto tuvo lugar precisamente gracias a textos perecederos, de esos que provocarán muecas entre quienes rescaten sus ejemplares hoy. Hablo de esas alternancias entre el servilismo y la dentellada, según el colegueo otorgado por la celebrity de turno (el dúo Astrud, sin ir más lejos). De una actitud hacia el mundillo musical (¡qué alivio cuando MB dejó de publicar artículos sobre pop!) basada en denigrar a las bandas, mejores o peores, que cometían el imperdonable pecado de grabar discos siendo de Jaén, de Murcia u otros lugares poco aparentes. Más el hábito de considerar como gays o lesbianas, lo fueran o no, a figuras despreciadas por la revista, a semejanza de ese niño que persigue por el patio al compañero de clase mientras grita: “¡Maricón! ¡Maricóoooon!”.

 

Aparte del bochorno que provoque recordar el match “Mondo Brutto versus Fangoria”, los artículos firmados por el mismísimo Mario Vaquerizo (sí, ese) o al enjambre de grupos del llamado tontipop que, pese a los palos, lo veneraban (“Abrirás el Mondo Brutto y me encontrarás allí”, cantaban las muy circunstanciales Ochiqueochenta), cabe sentenciar algo aún más triste. Si los rasgos peores del bruttopensar son los que más han calado entre nosotros es, sencillamente, porque nosotros hemos querido: la bilis de moderno de barrio, el pesimismo ontológico, la intransigencia que inmoviliza, son materiales con los cuales se han erigido muchas construcciones desechables, y también muchísimos artículos de costumbres que harían llorar de orgullo a Larra y a Carandell. Cuando dichos materiales caen en manos ajenas y se reutilizan, el resultado podría hacer llorar, por lo grotesco, a los proyectistas del aeropuerto de Castellón.

 

Llega el momento, pues, de poner las cosas en su justo término. Levantar una publicación amateur durante dos décadas es una proeza. Escribir como escriben los componentes de MB es algo que sólo se obtiene a fuerza de talento, combatividad y cultura. Elogiemos todo ello. Pero admitamos también que Otra dimensión, la novela de la brutta Grace Morales, es un trabajo de calidad mediana y que los arrebatos de la autora contra sus críticos le hacen un flaco favor. No tan flaco, eso sí, como el espectáculo de dicha autora (toda ella, en sus artículos, azufre y condenación) departiendo amigablemente con ese virtuoso del mamoneo llamado Popy Blasco.

 

Por seguir con la retahíla, consideremos que entre los actuales redactores del fanzine se hallan individuos cuyo talento es cuestionable, por mucho que les hayan dado el Lengua de Trapo (sí, hablamos de Jimina Sabadú). Que algunas de sus páginas más o menos recientes, como esa ¿entrevista? con Dan Treacy convertida en showroom para figurones, indignan por lo malas y lo frívolas. Y que MB nunca ha dejado de ser una urdimbre de textos hilvanados por un grupo de amigos que ya no cumplen, creemos, los 40, más esas plumas invitadas que suelen acabar abandonando su entorno, escaldadas y espantadas por las collejas de los fundadores.

 

Acabado el desahogo, reconozcamos que Mondo Brutto gana la partida. Si alguien lo duda le reto a que localice todas las figuras literarias, todas las construcciones verbales, todas las ironías empleadas en este artículo que provienen directamente de la ‘escuela MB’. Esa escuela tan despreciada por sus inspiradores, y que lleva (o debería llevar) su afinidad por Mondo Brutto, no como una delicia, sino como un pecado original.

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