PARASYTE. Pajas extrañas.

Un manga clásico sobre extraterrestres, parásitos, manos y de lo extraño que resulta el ser humano visto desde fuera.

Por Javier Marquina.

Amebas venidas del espacio exterior que se introducen por tu oreja y te devoran el cerebro tomando posesión de tu cuerpo. Una cabeza que se abre como una melón lleno de dientes. Una mano con ojos y boca. La simple visión de algo así debería conseguir que te plantearas el camino que está tomando tu existencia. Tienes cuarenta y un años, peinas más canas de las que te gustaría reconocer y estás leyendo un manga en el que el protagonista tiene una mano con ojos y boca. Es como mirar un injerto de babosa que nace en el antebrazo y trata de contemplar el mundo con la inocente mirada de un extraterrestre asesino con ansias desmedidas de conocimiento. Lo mejor de todo es que a medida que lees, tanto el huésped como el parásito alienígena comienzan a caerte bien. Te despiertan simpatía. A pesar de la innegable marcianada (nunca mejor dicho) que estás contemplando. Es entonces cuando te planteas si Hitoshi Iwaaki es un loco o un genio. Te decantas por las dos cosas. Sin duda. Ese brazo transformado en un pene gigantesco ha acabado por decidirte. Nadie en su sano juicio haría algo así. Nadie.

Y, sin embargo…

Como suele pasar con los clásicos (y un manga que comenzó a publicarse en 1988 de cuya adaptación al anime ya hizo una reseña mi muy querida Teresita Sunday, sin duda, lo es), lo evidente es solo un fachada bajo la que se esconden conceptos mucho más elevados. Oculto tras un gore salvaje solo suavizado por el trazo añejo y tradicional de Iwaaki, hay una reflexión filosófica sobre el fondo moral y ético del ser humano que invita hacerse unas cuantas preguntas. Al principio, uno queda marcado por escenas en las que las cabezas de los infectados se convierten en grandes fauces que devoran a los familiares cercanos, pero el festival de cráneos mutables, cuchillas orgánicas, miembros cercenados y duelos de esgrima ultrasónicos queda pronto en la superficie cuando comprendes la dimensión real de lo narrado.

Parasyte es una pregunta inquietante lanzada al lector. Una idea que se te mete en el cerebro como una silenciosa tenia y va creciendo poco a poco, engordando, ocupando el lugar de todo lo demás. ¿Y si los malos somos nosotros? ¿Y si la chusma que causa el fin del mundo es esta especie de gilipollas egocéntricos que llamamos seres humanos? ¿Y si no necesitamos de una invasión venida de otros mundos para joderlo todo a conciencia? En cualquier otra ocasión, el planteamiento quedaría reducido al conocido paradigma tantas veces enunciado que dice que el verdadero virus letal es el hombre: se implanta, crece sin control y mata a su huésped. Sin embargo, leyendo los periódicos de cada día, la conclusión final es que, visto lo visto, uno preferiría ser poseído por una raza de aliens que devoran carne humana con el gélido condicionante de lo que hay escrito en su genoma a seguir formando parte de esta especie miserable llamada humanidad.

Trata de no quedarte con lo obvio.

Atentados, genocidios, guerras, asesinatos, violaciones, corrupción, odio, xenofobia, fascismo… la lista de virtudes es tan larga que asusta. Como bien recalca Parasyte en esa trama subyacente con la que juega entre mordisco y mordisco del monstruo, somos capaces de corroer cualquier idea brillante para convertirla en un dechado de miedo y asco inexpugnable. Somos adictos al alquitrán que usamos para cubrir las virtudes, y en nuestro decálogo de logros destaca sobre cualquier otro la capacidad innata de violentar sin medida la pureza de una idea maravillosa. De la democracia a Internet, no hay concepto genial que no acabe convertido en un pudridero de caspa en el que medran los deleznables, como ejemplo perfecto de esa parasitosis homínida de la que somos fervientes abanderados.

Hitoshi Iwaaki propone una crítica ácida a un sistema de clases vergonzoso, a una evolución que acabará por involucionarnos y a un progreso que es pura regresión intelectual. Algunos, dando ejemplo, solo se quedarán con el protagonista cuya mano tiene ojos y boca. O con las caras masticadas. Y el planeta seguirá rotando.

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Acerca de Javier Marquina 216 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 comentario en PARASYTE. Pajas extrañas.

  1. Muy buen articulo.
    Tengo que decir que por mucho tiempo evité ver la version anime de este manga ya que lo encontraba demaciado gore, pero a medida que vas avanzando en los capitulos puedes comenzar a ver pinceladas de los temas que mencionaste.
    Super recomendada y espero pronto leer el manga.

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