PETER PANK, historia cafre del cómic.

Nunca es tarde para visitar, revisitar, descubrir o lo que más rabia les de a ustedes una de las obras clásicas del tebeo español. De esos de cuando la movida, las hombreras y las tribus urbanas. Y el ácido, claro. De eso también había. En grandes cantidades.

Por Javier Marquina.

Peter Pank integral-alta (2)

Cuando el primer álbum del Peter Pank de Max salió a la calle allá por los lejanos y brumosos años 80, yo, que apenas tenía 9 años y era todo candor e inocencia, estaba mucho más interesado en encontrar el último número de Spiderman, Los 4 fantásticos o el Capitán América que en aquellas revistas de aroma Underground que parecían enloquecer a mis hermanas mayores y a sus novios de entonces. Reconozco que cuando iba al kiosco, uno de mis ojos siempre intentaba escapar y echar un vistazo a las míticas portadas de la no menos mítica revista El Víbora, pero para alguien como yo, educado en una estricta moralidad cristiana, alumno de los salesianos y temeroso aun de las llamas del infierno, aquellos cómics eran el fruto prohibido. Mi ración de pecado se limitaba a las Interviús que mi tío soltero guardaba en casa de mis abuelos y que hojeábamos a escondidas con mis primos, más excitados por lo prohibido y suicida de tan temerario acto que por los pechos de las señoritas que salían en la revista en sí.

Cuando La Cúpula (no menos histórica editorial) anunció que reeditaba el volumen que incluía los tres tomos de los que se compone Peter Pank (Peter Pank, El Licantropunk y Pankdinista) en rústica y a un precio menor que su anterior versión en cartoné, supe que había llegado el momento de cubrir una de esas numerosas lagunas que alguien que ha entregado su vida al mundo de los superhéroes tiene la obligación de ir solventando cuando va alcanzando una edad senecta. Ya que he decidido no tener hijos, que mejor sustituto que ir completando una aceptable colección de tebeos. Así pues una vez con el ejemplar de dicho tomo en mis manos y tras la primera lectura, la reseña de este clásico del cómic español era obligatoria.

Lo primero que uno piensa al cerrar la última página de Peter Pank es que el cómic es, sin duda, un hijo de su tiempo. Y que conste que no estoy diciendo esto de manera peyorativa, máxime cuando esta impresión inicial se ve pronto sustituida por el aroma de las continuas referencias de las que se nutre este cómic. Está claro que la influencia de los tiempos que le tocaron vivir al autor es clara y fundamenta el proceso creativo, ya que el propio personaje y cuantos secundarios salen en el cómic reflejan aquella España de tribus urbanas, libertad sexual y drogas que nos convirtió en el sitio más divertido en el que estar en los ochenta. Sin embargo, una vez superada o asumida esta primera impresión, lo que trasciende de verdad al leer este cómic, es el amor de Max por la mal llamada contracultura, en todas sus formas y aspectos. Cómics de todo tipo. Películas de terror. Dibujos animados. Imaginario político y social. Todo es válido en este comic que funciona como una batidora de cuanto cae en sus manos, amalgamándolo de manera perfecta en una historia sin pies ni cabeza, porque ¿quién coño necesita pies o cabeza pudiendo volar? Nunca se tiene demasiado pegamento.

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A mí es que esta portada me tiene alucinado.

Y es que Peter Pank es deudor del Peter Pan de la Disney, del Pájaro Loco de Walter Lantz y de los dibujos de Tex Avery. Sin duda mucho más que de la historia original de J.M. Barrie. En sus páginas los homenajes van ligando la trama en una suerte de hechizo que nos va conduciendo al final, aunque para mí esta historia nunca necesitó contar con un final. Es cierto que las páginas de Peter Pank están llenas de sexo explícito y violencia y son un ejemplo clarísimo del ‘underground’ español, si es que alguna vez existió tal cosa, pero no es menos cierto que uno puede darse el gustazo de disfrutar al mismo tiempo de una versión rocker y delirante del Capitán Garfio; un homenaje a los páramos escoceses de Un Hombre Lobo Americano en Londres transitados por skins de Glasgow; un épico combate a navaja automática en plan La Espada Salvaje de Conan; la Galia ocupada de Asterix o incluso un par de páginas sacadas directamente de los míticos Hazañas Bélicas. Historia pura del cómic y del cine de terror. Mención especial merece la segunda historia que compone el volumen, El Licantropunk, ejemplo del arte de línea estilizada y color brillante que le valió a Max el premio a la mejor obra de autor español en el Salón del Cómic de Barcelona de 1988, primer año en que se entregó dicho premio.

Peter Pank es sin duda una de esas lecturas inexcusables, obligatorias, como una asignatura pendiente para todos aquellos a los que nos gusta el cómic. Más allá de sus desfases casi lisérgicos, su ácrata concepción del mundo y su despreciable carácter, Peter Pank es historia de los cómics españoles editada de nuevo por la histórica editorial que les dio una oportunidad en el principio. Un tebeo plagado de detalles y de momentos desquiciados e hilarantes. Una aventura como las de antaño.

Sigue a Javier Marquina en Twitter: @IronMonIsBack

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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