PLASTIC MEMORIES: algo se muere en el alma cuando un amigo se va.

Sin precuelas, ni mangas que adaptar, ni novelas ligeras. ni nada. Los estudios Dogakobo han creado una historia original, aunque triste, con cierto regusto a las novelas de Asimov, estupenda para pasar un mal rato.

Por Teresa Domingo.


Hoy no vamos a hablar de series bonitas, de alegres fantasías con protagonistas felices que cumplen sus sueños. De vez en cuando aparecen animes como este que te obligan a poner los pies en la tierra, a pesar de los colores y las voces chillonas. Plastic Memories es uno de los estrenos de la temporada de primavera, una serie de doble filo, que te engatusa con su animación de excelente calidad y su mundo ideal de ficción, en el que humanos y robots con inteligencia articial coexisten en perfecta armonía, pero que, desde el minuto uno, te  pega en la cara con un montón de historias terribles sobre despedidas para siempre, con una realización impecable, bonita y elegante, eso sí, pero no por ello menos traumática.

La acción se desarrolla en un futuro que nos acecha, cercano, en el que unos androides con aspecto humano llamados giftia conviven con normalidad con las personas que los adquieren. Creados y distribuidos por la empresa SAI Corps, los giftia poseen cualidades tan humanas que cuando digo que conviven con normalidad me refiero a que aprenden, sienten, piensan, lloran , ríen, y son tratados y educados exactamente igual que si fueran humanos… durante 20.000 horas. Como he dicho, esta no es una bonita historia sobre lo que molaría tener una A.I a tu entera disposición. Apenas nueve años es a lo que se resume la vida útil de los giftia. Una vez pasado ese tiempo “caducan” y comienzan a dar fallos, así que es obligatorio devolverlos antes de que ocurra.

Aquí es donde entran en juego nuestros protagonistas, Tsukasa Mizugaki, el novato, e Isla,una giftia callada y retraída. Juntos forman una extraña pareja humano-giftia, también llamada observador-tirador, de las varias que trabajan en el Servicio de Terminales SAI, una especie de departamento de bajas que  se encarga de hacer un poco más llevadero el trámite de separación y desconexión de cada giftia, conocido como recuperación de unidadaes. Además las parejas observador-tirador deben vivir juntas, en el mismo piso, y la difícil papeleta que tiene Tsukasa con el carácter ausente de Isla hará de hilo conductor entre tragedias y nos dará un leve respiro para poder dsehacer el nudo de la garganta.

A pesar del mal trago que hacen pasar, el verdadero encanto de la serie radica en las recuperaciones de unidades que se realizan puerta a puerta, y que nos cuentan, con mucha ternura, los diferentes sentimientos que provoca la separación. Lo que duele que te arranquen a alguien que forma parte de tu día a día y tener despedirte de él para siempre, sin más, adiós. De este modo, vemos a personas con distintas personalidades y posturas ante la vida, que tienen que afrontar la inminente desaparición de un ser querido. Algunos lo hacen con tranquilidad, asumiendo que es algo “natural” por lo que hay que pasar, agradeciendo cada instante que han pasado junto a ese androide que ahora es uno más de la familia. Otros no son capaces de aceptarlo y montan en cólera contra los recuperadores de terminales, o se consumen en su propia tristeza, o se niegan a entegar a su giftiaHumanos y su horrible sentimiento de apego a todo lo que creen de su propiedad.

Todo un catálogo de reacciones humanas ante el desasosiego que producen las despedidas forzadas, contadas con sencillez y plasmadas en un dibujo de diseño realista, con detalles futuristas, que nos transportan a una nueva era robótica, pero con escenarios creíbles, que te ponen el cerebro a pensar. Mientras imágenes, sentimientos y pensamientos te invaden no puedes evitar  en la constante presencia de la muerte en la vida, vigilando a todos con su guadaña, esperando a que estés despistado para llevarte por delante. Así que, hala, que disfrutéis de la serie y a vivir, que son dos días.

 

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Si es creepy, es para mí.

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