POLAR. Sin piedad para la hermana María.

En Polar nos encontramos ante el cómic perfecto de espionaje y acción. Olvidad todo lo que habéis leído antes, porque no hay nada igual.

Por Joe Runner.

¿Qué está sucediendo con el cómic español? Y sí, me refiero a aquel que está hecho por españoles allende los mares o dentro de las fronteras de nuestro país. Me realizo esta pregunta como lector de cómics habitual y amante del noveno arte. No se oye prácticamente nada o muy poco sobre las obras que nuestros compatriotas realizan, ya sea guión, el apartado artístico o todo a la vez. Creo que la culpa es un poco de todos. Hablo desde la experiencia cuando digo que siempre se valora mucho más lo que viene desde fuera a lo que se realiza aquí. Me da igual de la disciplina, artística o no, que hablemos. Como si es jugando al tenis de mesa. Pues eso mismo nos pasa con el cómic. Hay páginas que nos centramos más en dar publicidad a estos artistas del medio, que realizan un trabajo igual o mejor que todo el material que importamos desde el resto de naciones. Y no digo que esté mal importar obras de autores extranjeros, simplemente que dejamos a los nuestros de lado en muchas ocasiones. Por no decir en la mayoría.

Portada de esta última entrega.

Uno de los artistas que padecen esta situación sería Víctor Santos. Seguramente no de la manera tan trágica como he expuesto, pero es cierto que entre la masa lectora neófita (y no tan novata) es un artista que ha pasado muy desapercibido, cuando es, de hecho, uno de los grandes dibujantes del noveno arte actual. Es cierto que gozamos de una cantera bastante nutrida con gente como Larraz, Jiménez, Bayarri, Roca, Rubín y un largo etcétera, pero si me tengo que quedar con uno es con Santos y su obra Polar. Es mi debilidad. Lo que inicialmente comenzó como una serie digital en la que su personaje Black Káiser continuaba sus aventuras, como si de una película clásica de espionaje muda se tratara, terminó convirtiéndose en un título que merece un puesto privilegiado entre las grandes obras del género. Y no lo digo yo porque sea una fan loca del artista, sino que su cómic da las suficientes razones para convencer al público.

Nos encontramos ante la tercera entrega de la serie, en la que el elemento principal es la familia Cagliostro y el retorno de la esposa del mafioso a casa, dejando atrás su retiro religioso como monja en un lugar perdido de Europa. Esta vez las presentaciones se harán a la velocidad de la luz, pues el millonario marido ha puesto una jugosa recompensa para aquel que se haga con la monja y la devuelva a casa con vida… Aparentemente. Mentiras, engaños, mafias, asesinos y mucha sangre son la baza principal de este tomo en el que volvemos a encontrarnos con nuestro protagonista, esta vez con un papel algo más secundario, y su aprendiz más aventajada, Christy White. Una historia plagada de acción sin freno que hará los placeres de los que gusten este tipo de cómics.

No puede faltar el respetado Black Káiser…

Y no es para menos, pues el entramado que se genera en este número es digno de un guión de Guy Ritchie. Si hasta ahora Santos nos había acostumbrado a que en cada tomo de Polar se centraba en un sólo personaje dinámico, aquí prefiere apostar por el único que no ejerce ningún tipo de efecto directo a la historia, siendo la “presa” el foco alrededor del que suceden todos los acontecimientos. Me encanta la idea de que todos estén reunidos en el mismo pub, haciéndose revista entre ellos para ver quiénes han venido a tal cacería. Un momento de tensión palpable que sabes que en cualquier momento explotará, de una u otra manera. En una historia en el que la traición es más fuerte que el compañerismo, puede pasar prácticamente de todo, dejando de lado los personajes intocables, cosa que le da todavía más aliciente al cómic. Una historia sencilla y manida que consigue estar a un nivel altísimo que muy pocos logran. Y es que hay que ser bueno para conseguirlo.

Claramente el arte es un punto a favor de la obra. Polar no sería ni la mitad que es sin esos dibujos tan característicos del artista, que nos recuerda a los mejores Oeming, Miller o Tartakovsky en cada una de sus viñetas. Encima creo que el formato apaisado del cómic ayuda a este tipo de narración visual, convirtiéndolo en una auténtica maravilla. Ese trazo duro y expresivo, con la capacidad de ser altamente detallista o minimalista según sea lo conveniente en cada viñeta, es el sello de identidad de Santos, que se ha convertido en el faro de un tipo de arte en peligro de extinción. Además de que el coloreado es sublime, recordándonos lo bien que queda el estilo monocromático añadiendo detalles con color, muy alejado de lo típico y que nos trae a la mente la mítica saga de Sin City. Poco se habla de él y su estilo de dibujo, ya que nos encontramos ante, quizás, el gran referente gráfico del cómic en la actualidad. Me da igual si americano, europeo o asiático. Su arte vale para absolutamente todo tipo de sellos o definiciones que queramos ponerle al noveno arte. El límite sólo se lo pondrá él mismo.

Ni su aprendiz Christy White.

En teoría se anunció hace unos tres años que habría adaptación cinematográfica del primer tomo, centrado en Black Káiser, un personaje que nos recuerda a Nick Fury y James Bond, con un perfil mucho más oscuro que estos dos. Me atrevería a decir que el grupo de música Slayer o los encargados de hacer los videoclips de su disco Repentless, se ha inspirado fuertemente en su personaje, tanto física como psicológicamente. Sea como sea, lo importante es que en España podemos gozar de estas joyas, incluida la tercera entrega que Norma Editorial publicó hace un par de semanas. No hace falta que os inste para que vayáis a comprar este cómic, sobretodo después de deciros todo lo que opino. Es por sagas como Polar que me llena de rabia ver la poca visibilidad que tienen nuestros artistas en su propia casa…

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Acerca de Joe Runner 30 Articles

Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas…

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